Cuando hablo de estudiar la Biblia intencionalmente, me refiero la hecho de que hay algo en el estudio concienzudo de las Escrituras que no lo provee su mera lectura. Escudriñar y reflexionar con detenimiento nos provee frutos abundantes y duraderos.  Para esto necesitamos apartar tiempo significativo, acudir a herramientas de estudio y escoger el lugar apropiado para evitar al máximo las distracciones. No menos necesarias son la disciplina y la diligencia (2 Tim. 2:15).

“Ningún versículo de la Escritura le dará su significado a los perezosos” (A. W. Pink).

La salvación es por gracia, pero el conocimiento bíblico es por las obras. La Biblia es alimento para el alma, pero hay que llevarlo de la mente al corazón. No hay tiempo predeterminado que debemos dedicar al estudio de la Palabra de Dios, pero éste sí nos dice que debemos desearla como los niños recién nacidos desean la leche materna (1 Ped. 2:1-2). ¿Cómo está tu apetito espiritual? El apetito es un indicativo del estado de salud de los individuos, y lo mismo podemos decir con respecto al alma.

“Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien” (Josué 1:8).

¿Cuándo será la próxima vez que vas a estudiar tu Biblia? Espero que sea pronto.

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Salvador Gomez Dickson

Autor: Salvador Gomez Dickson

Pastor en la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo y profesor de la Academia Ministerial Logos.



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