La Biblia dice: si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas (2ª de Cor 5:17). Así que, cuando vinimos a Cristo, experimentamos rápidos cambios en nuestra conducta. La gente nos decía, “Has cambiado, eres diferente.” Diferente, sí: pero no nos volvimos perfectos, aún no. Es por esto que la Biblia nos dice que debemos batallar contra el pecado, todos los días, cada hora y minuto.

Cada rato, celebramos la Cena del Señor. Conforme nos preparamos a nosotros mismos, nos dijeron que revisáramos nuestros corazones y confesáramos cualquier pecado para que no tomáramos parte “de manera indigna” (1 Cor 11:27 NVI). Por favor, en este momento piense la última vez que participó en la Cena, y en lo que le dijo al Señor en ese momento.

Algunos de nosotros dijimos, “Señor, perdóname: Yo he cometido un poco del pecado A, un poco del pecado B, mucho del pecado C, nada del pecado D, pero algo del pecado E. Por favor límpiame.”

Algunos otros dijimos algo como esto: “Señor, he cometido pecado A, y otras cosas, pero más que todo, este pecado A. Y el otro mes, cuando celebramos la Cena del Señor, yo también confesé que había caído en ese pecado particular. Y el mes anterior. Y yendo tan atrás como puedo recordar.” Y ahora, mientras lee esto, estás pensando, “Sí, y he caído en ese mismo pecado, justo como siempre, desde la semana pasada.” Sus oraciones suenan parecido, “Aquí estamos, Señor, es la misma cosa otra vez.”

Entonces, algunos de nosotros pecamos “al azar” – algo de esto, algo de aquello, la siguiente vez será algo diferente. Otros, tal vez la gran mayoría de nosotros, lucha contra cierto hábito o hábitos pecaminosos. Pecado es pecado, y todo pecado es una ofensa a Dios. Sin embargo, el pecado habitual es particularmente ofensivo, porque servimos a dos señores, tenemos una vida con Dios y otra vida que hemos construido con algún otro señor. Como dice Santiago 1:8, “La persona de doble ánimo es inestable en todos sus caminos.”

Aquí hay un ejemplo: Cuando yo estaba en el seminario, mi mejor amigo y yo estábamos estudiando para ser pastores. Él no se hizo pastor, y yo siempre me pregunté por qué. Yo me encontré con él hace unos años y él me dijo la razón: “Gary, por más de 25 años yo fui completamente adicto a la pornografía. Era lo único en que podía pensar. Tú no sabías esto, pero cuando éramos estudiantes, yo me escabullía e iba a funciones de sexo. Algunos veces paraba, por un tiempo, pero siempre volvía a caer. Finalmente mi esposa me dejó. Y cuando el Señor hizo un milagro en mi vida, y yo me arrepentí, tuve que alquilar un remolque, y nos tomó horas a mí y a mi familia traer de mi estudio, cajas y cajas de revistas, software, DVDs para botarlo todo.” Hoy en día, gloria a Dios, mi amigo dirige un grupo para otros como él.

La pornografía por Internet es un importante pecado habitual, entre los hombres y mujeres, pero hay mucho otros más: por supuesto, drogas, abuso de alcohol, la adicción al juego. Robo. Enojo. Orgullo. Vida de fantasía – fingir hacer cosas malas, solo en su mente. Falta de amor. Amargura contra las personas que te hacen daño. Obsesión por obtener cada vez más dinero. Chisme. Malas palabras. Actitud sarcástica. Juntarse con unos cuantos amigos y burlarse de los extraños. No se toma la molestia de ayudar a otros en necesidad. Temor, este es uno también. No compartir a Cristo con los demás. Rehusar tomar la responsabilidad por sus propias acciones. Juzgar. Ingratitud.

El cristiano desesperado

Podríamos hacer una larga lista, pero si hay algo de esto en su vida, usted ya sabe de lo que estamos hablando. Este es un gran tema, uno que no podemos explorar en una sola entrada. Lo que yo quiero que hagamos es subrayar una verdad específica del evangelio, para poder darle dirección fresca y la esperanza de que Dios puede transformarle.

Pensamos acerca de esta verdad del evangelio, el Nuevo Pacto. Escuchamos la frase por aquí y por allá, pero necesitamos detenernos y pensar lo que significa. Ustedes recuerdan que Israel vivió bajo el Antiguo Pacto. Dios les dio la Ley de Moisés, y le dijo que la obedeciera. ¿Israel obedeció la Ley? Ellos no lo hicieron. Ellos sabían que Dios les había dado la Ley, ellos sabían que Dios los castigaría si no la obedecían, pero ellos siguieron adelante e hicieron lo que quisieron. ¿Cuál fue el problema? “La Ley del Señor es perfecta. Por [los mandamientos] queda advertido tu siervo; quien las obedece recibe una gran recompensa.” Pero, de Génesis a Malaquías el pueblo de Dios no obedeció al Señor, porque no podían hacerlo y porque no quisieron hacerlo.

Pero Dios no permitió que terminara ahí. El prometió un Nuevo Pacto, uno que no dependía del esfuerzo y fuerza de voluntad humana.

Jer 31:31-33 – »Vienen días – afirma el Señor – en que haré un nuevo pacto con el pueblo de Israel y con la tribu de Judá. No será un pacto como el que hice con sus antepasados el día en que los tomé de la mano y los saqué de Egipto, ya que ellos lo quebrantaron a pesar de que yo era su esposo – afirma el Señor – . »Éste es el pacto que después de aquel tiempo haré con el pueblo de Israel – afirma el Señor – : Pondré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.

Esto es, Dios no solamente les diría lo que era correcto, y luego les diría, “Okay, ahora vayan y hagan lo correcto.” Mas bien, él dijo que el transformaría a las personas de adentro hacia afuera. Él nos haría personas transformadas espiritual, psicológica, y emocionalmente.

Ezeq 36:25-27 – Los rociaré con agua pura, y quedarán purificados. Los limpiaré de todas sus impurezas e idolatrías. Les daré un nuevo corazón, y les infundiré un espíritu nuevo; les quitaré ese corazón de piedra que ahora tienen, y les pondré un corazón de carne. Infundiré mi Espíritu en ustedes, y haré que sigan mis preceptos y obedezcan mis leyes.

Aquí tenemos una referencia al Espíritu Santo. No dice Pablo, “su cuerpo es el templo del Espiritu Santo”? En el Antiguo Pacto, la gloria de Dios vivía en el tabernáculo o templo. En el Nuevo Pacto, no necesitamos ir a Jerusalén para estar cerca del Espíritu – él vive en nosotros, y él nos entrena para obedecer a Dios. (Por cierto: el Espíritu Santo no es una fuerza como la electricidad, él no es una batería; él es Dios el Espíritu, la tercera persona de la trinidad).

¿Usted aprecia lo que Dios dice a través de Jeremías y Ezequiel, y otros pasajes? Significa que como cristianos, las personas del Nuevo Pacto, tenemos el Espíritu Santo en nosotros. Algunos de nosotros tenemos más de su plenitud que otros, sin embargo si somos el pueblo de Dios somos por definición pueblo del Espíritu.

Busque alguna información sobre lo que la gente hace cuando tiene problemas con un mal hábito. Un método se llama “terapia de aversión”. Por ejemplo, la gente que pierde el control de su temperamento va a un laboratorio, y se les dice que piensen acerca de estar enojados, y cuando lo hacen, el científico libera un mal olor, o incluso le da a la persona un choque eléctrico leve. La idea es que, ellos van a asociar el enojo con algo desagradable y ellos dejarán de estar tan enojados. ¿Sabe qué descubrieron? Que no funciona. Parece que cuando usted le da un choque a una persona enojada, se pone aún más enojada. “Ya, basta!”

Estoy decepcionado que aún los cristianos se pierden de la verdad del Espíritu y del Nuevo Pacto. Un maestro cristiano en otro blog habla de los cigarrillos: “La persona que quiere dejar de fumar debe tirar todos sus cigarrillos y no comprar más. Evite la compañía de aquellos que tienen el mismo problema, y evite los lugares y circunstancias que le tentarían.” Supongo que esto es consejo bueno y práctico, pero es el consejo exacto que un no-creyente podría ofrecer. Me pregunto a mí mismo, pero donde está el milagroso poder del Nuevo Pacto, Pondré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón? ¿Dónde está el hecho de que en Cristo somos tipos diferentes de personas, que nosotros tenemos el poder sobrenatural del Espíritu Santo para vivir vidas santas?

Otro maestro cristiano escribe que debemos “resistir y vencer”, pero ¡él no dice cómo hacerlo!

Jeremías y Ezequiel escribieron en su día, Israel no dejaba ni quería dejar de pecar! Pero vendría un día, dijeron ellos, cuando Dios daría a su pueblo un Nuevo Pacto, y puso su espíritu en ellos. ENTONCES ellos querrán vivir en santidad, ENTONCES ellos serán capaces de vencer al pecado. Y no importa si es pecado en general, o pecado habitual o incluso una adicción. Somos un tipo de ser humano que ni siquiera existía en esta tierra antes de Cristo. Pero desde el día original de Pentecostés, hace casi 2000 años, nosotros y el resto del pueblo de Dios hemos estado viviendo bajo el Nuevo Pacto y su poder.

Cristo mismo dijo, en la noche que fue traicionado:

Lucas 22:20 – De la misma manera tomó la copa después de la cena, y dijo: «Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que es derramada por ustedes.»

Pablo repite las mismas palabras, alrededor de 25 años después de que Jesús murió por nuestros pecados:

1 Cor 11:25 – De la misma manera, después de cenar, tomó la copa y dijo: «Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; hagan esto, cada vez que beban de ella, en memoria de mí.»

Lo que los profetas predijeron, y lo que Jesús dijo es ahora un hecho, ya ha sucedido. Pablo también dijo:

2 Cor 3:6 – Él nos ha capacitado para ser servidores de un nuevo pacto, no el de la letra sino el del Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu da vida.

Podemos desempacar el versículo así:

Él nos ha capacitado para ser servidores de un Nuevo Pacto, no el de la letra del Antiguo Pacto sino el del Espíritu Santo, el Nuevo Pacto; porque la letra del Antiguo Pacto mata, pero el Espíritu da vida por medio del Nuevo Pacto.

Y más adelante en 2 Cor 5:17 –

Si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas.

Y en Gálatas 5, Pablo habla del “fruto del Espíritu Santo”, actitudes y conductas que podemos experimentar sólo a través de un milagro. No fruto de mis esfuerzos, sino fruto del Espíritu.

El Nuevo Pacto nos da salvación; también continúa transformándonos diariamente en nuestro caminar con el Señor.

Algunos de nosotros hacemos resoluciones de año nuevo – por ejemplo, alguien diría, Este año yo quiero perder peso, tratare de ser más amable con mi familia, ser menos crítico con las demás personas; ser más sabio con el dinero; y la broma cada año es, “Bueno, duré hasta Enero 15, y luego rompí la resolución y dije, olvídalo.”

¿Puedo decirle algo personal? Este último año yo hice una resolución, y todavía la estoy manteniendo. El enero anterior, en 2011, yo hice una resolución y aun la estoy manteniendo. 2010, lo mismo. Y yo puedo decirle, Yo no tengo la fuerza de voluntad, no más que la persona promedio. Así que no me estoy jactando de mi auto-disciplina. Entonces, ¿cómo es que yo he seguido adelante con estas resoluciones mientras que otros no lo han hecho? Precisamente porque yo no dependí en mi fuerza de voluntad, o esfuerzo, o reglas que yo haya creado, o algún programa al cual me inscribí. Yo no dije, “Dios, ¡yo prometo, esta vez será diferente!” No, yo le pedí a Dios, “¿Me enseñarías a obedecerte en X área de mi vida? ¿Me transformarías para serte más agradable?” Yo le pedí una vez, y otra vez, y muchas veces. Y él contestó mi oración – mi pensamiento cambió, y de ahí en adelante mis acciones cambiaron.

El Antiguo Pacto, la letra, tenía todas las reglas correctas, pero no creaba el deseo de hacerlas o el poder para llevarlas a cabo. “La letra mata” – si yo solo trato de seguir las reglas, o ser disciplinado, o usar mas fuerza de voluntad, o tener un programa – esto es todo la “letra”. No solo no ayuda, sino que incluso me daña espiritualmente, “mata”. Pero “el Espíritu Santo da vida”. En el Nuevo Pacto el Espíritu me cambia. Yo puedo pedirle al Espíritu, ¿Cambiarías mi mente? ¿Mis motivaciones? ¿Mi conducta? ¿Mis actitudes? ¿Me reprogramarías?

Si usted tiene pecado habitual, sus instintos pueden ser tratar con más fuerza; hacer promesas a Dios; hacer una resolución. Ese camino es “la letra”, la forma vieja, y no ayudara. Termina en culpa y desesperación.

Pero como cristiano usted tiene otro camino. En el Nuevo Pacto usted tiene el derecho de pedirle a Dios que lo transforme.

Cuando hablamos del pecado, nosotros a veces vamos al Salmo 51, que es una buena opción. Pero creo que a veces dejamos de lado un punto importante. Empieza así –

Ten compasión de mí, oh Dios, conforme a tu gran amor;
conforme a tu inmensa bondad, borra mis transgresiones.
Lávame de toda mi maldad y límpiame de mi pecado.
Yo reconozco mis transgresiones;
siempre tengo presente mi pecado…

En los versiculos 1-3 David confiesa su gran pecado de adulterio y asesinato. Pero mire lo que el dice en el v. 10 –

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio,
y renueva la firmeza de mi espíritu.

David no solamente pide perdón; pide que el Señor lo transforme. Cámbiame, Señor. David, siendo el amado de Dios y el ungido rey de Israel recibe favores especiales de Dios. Fue un favor especialísimo de parte de Dios para David. Los cristianos, cada uno de nosotros, tenemos ese mismo regalo como una promesa: en Cristo, podemos pedir que Dios cambie nuestra mente; que Dios nos haga odiar el pecado; que Dios nos regale una motivación santa. Yo quiero que esta noche usted haga esa conexión: entre sus acciones y actitudes pecaminosas; y el Nuevo Pacto. Oremos acerca de esto:

Dios de eterna gracia,
Jesús, mediador del Nuevo Pacto,
Espíritu Santo de ilimitado poder:
No te hago ninguna promesa,
No pongo ninguna regla,
Digo no a mis propios planes y esfuerzos.
En lugar de esto, te pido por un corazón renovado sobrenaturalmente.
Reescribe mi voluntad con la tuya.
Rediseña mis motivaciones.
Oro por nuevas actitudes.
Oro por una transformación milagrosa.
Pido que me renueves, hoy
Y mañana en la mañana y la mañana después de esa.
Que toda victoria traiga gloria a ti, Padre,
En el nombre de Cristo Jesús,
a través del poderoso Espíritu Santo. Amén.

“¡Auxilio! Tengo pecado recurrente,” por Gary Shogren, PhD, Profesor de Nuevo Testamento, Seminario ESEPA, San José, Costa Rica

Gary Shogren

Autor: Gary Shogren

ha sido profesor de Nuevo Testamento por 26 años. Escritor de varios artículos y libros. Actualmente es profesor en el Seminario ESEPA en San José, Costa Rica.


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