Reflexionar es el sistema digestivo del alma. Es la capacidad dada por Dios al hombre de rumiar lo conocido con el propósito de hacerlo llegar al corazón. No debemos anhelar ampliar nuestro almacén de conocimientos por la mera acumulación en sí. Nuestro gran interés es ser sabios a la manera de Dios. La lectura que no va acompañada de meditación difícilmente tenga un impacto duradero. Es mejor leer un versículo con meditación, que capítulos enteros de manera irreflexiva.

  • “En tus mandamientos meditaré; Consideraré tus caminos.” (Psalm 119:15, RVR60)
  • “Se enardeció mi corazón dentro de mí; En mi meditación se encendió fuego, Y así proferí con mi lengua:” (Psalm 39:3, RVR60)
  • “Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos.” (Jeremiah 15:16, RVR60)
  • “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.” (Joshua 1:8, RVR60)

Comentando sobre las palabras del Salmo 119:15: “En tus mandamientos meditaré”, Charles Bridges expresa que el salmista había hecho una resolución de meditar que vino a ser un hábito en su mente. ¿Desarrollaremos nosotros el mismo hábito?

Salvador Gomez Dickson

Autor: Salvador Gomez Dickson

Pastor en la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo y profesor de la Academia Ministerial Logos.



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