Jesucristo es Dios. No hay nada en la definición de deidad que le falte a nuestro Señor. Sin embargo, también podemos afirmar con toda fortaleza que no hay nada en la definición de humanidad que a él le falte, excepto el pecado. Hablando con toda precisión, aunque el pecado es una característica distintiva del hombre caído, no es un elemento del diseño original de Dios. El hombre fue creado sin pecado. En ese sentido, Jesús llena todos los requisitos que un hombre necesita para ser hombre, pero más como éste es descrito en los primeros dos capítulos del libro de Génesis.

Dios creó al hombre con intelecto, voluntad y emociones, y cada uno de estos aspectos se encuentra en la persona de Jesucristo como hombre. Una persona con dos naturalezas. En otras palabras, la persona de Jesús posee al mismo tiempo una mente divina y una mente humana, una voluntad divina y una voluntad humana, emociones divinas y emociones humanas. Esto no es más que un reflejo del hecho de que el hombre está hecho a imagen de Dios.

UNA MENTE HUMANA
El texto clave y típico para hablar de esto es Mateo 24:36. “Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre.” No olvidamos todos aquellos otros textos que afirman y demuestran la omnisciencia del Hijo de Dios. Jesús conocía los pensamientos y las intenciones de los hombres antes de que los expresaran en palabras. Vio a Natanael aun antes de encontrarse con él. ¿Cómo es posible, entonces, que no supiera una información tan importante del plan de la redención? La respuesta más plausible y adecuada es reconocer que Jesús es una persona única; es el único Dios-hombre del universo. Como Dios sabe todas las cosas (Juan 21:17), pero como hombre, su mente es limitada y finita.
Es muy importante entender que en Jesús las dos naturalezas no se mezclan. Es decir, su deidad no deifica su humanidad, ni su humanidad humaniza su deidad. Por el hecho de ser Dios, no posee una mente humana infinita (en tal caso su mente dejaría de tener características humanas). Su persona lo sabe todo y no lo sabe todo a la vez. Como Dios lo sabe todo; como hombre no.
Dios no tiene necesidad de aprender. Conoce el pasado, el presente, el futuro y lo que pudo haber sido. Como hombre aprendió las Escrituras como un ser humana común y corriente, y creció en sabiduría (Luc. 2:52), algo que es imposible afirmar con respecto a Dios. La humanidad de Jesús fue tan humana que cuando los hombres le escucharon afirmar que era el Mesías, expresaron: “¿No es éste el hijo de José?” (Luc. 4:22) y “¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido?” (Juan 6:42); y también: “¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón?” (Mr. 6:3).
La mente humana de Jesús no es omnisciente, como tampoco es humanamente omnipotente ni omnipresente.
“Como hombre, Cristo sabía tanto de Dios (o de su propia deidad) como a Dios le plugo revelarle: por medio de la revelación general dada en la obra de creación y providencia, por medio de la revelación especial dada en las Escrituras del AT y por medio de la revelación profética dada a él en su capacidad como Mediador… La paradoja es, desde luego, que la deidad que le asombra es la suya propia. Lo que Él vino a ser se queda maravillado ante lo que ya era” (Donald Macleod, From Glory to Golgotha, pp. 18-19).

UNA VOLUNTAD HUMANA
Ejerció su voluntad divina cuando se encarnó. “He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad…” (Heb. 10:7); “se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres” (Fil. 2:7). Pero estando ya encarnado, tomó la decisión de hacerse obediente hasta la muerte (2:8).
Sin embargo, cuando le vemos en el momento de su agonía, en Getsemaní, las dos voluntades se encuentran. Humanamente hablando no quería beber la copa, pero expresó: “Pero no sea como yo quiero, sino como tú” (Mateo 26:39). Evidentemente, la voluntad divina era que fuera a la cruz, y eso hizo en gozosa obediencia.

EMOCIONES HUMANAS
¿Qué de sus emociones? Tuvo emociones humanas comunes. No fue un ser extraño que huyó de todo contacto social. Por el contrario, se rodeó de un grupo de hombres débiles pero cuya compañía disfrutaba (Mr. 3:14). Tuvo cerca de sí a tres hombres: Pedro, Jacobo y Juan, y de éste último se dice de manera particular que era el “discípulo a quien él amaba” (Juan 19:26). Los relatos evangélicos también nos muestran a un Jesús que se identificó con los hombres con su misericordia y compasión (algo que Hebreos 2 nos ofrece como un requisito de su obra sacerdotal intercesora). Él es mostrado lleno de gozo o lleno de tristeza, enojado de indignación y frustrado con la incredulidad a su alrededor (Mat. 17:17).

Es precisamente porque es hombre que pudo morir en nuestro lugar, ¡nuestro lugar! Nos entiende porque es Dios, pero también porque es hombre. ¿No es eso más para nuestro ánimo y aliento? Como Dios lo sabe todo. Conoce nuestras experiencias y cómo nos sentimos. Pero también nos dice que lo sabe como hombre. Fue tentado en todo según nuestra semejanza. ¡Un gran Salvador es Jesús el Señor!

Algunos materiales recomendados de estudio sobre este tema: – Teología Sistemática (Millard Erickson)Teología Sistemática (Wayne Grudem) From Glory to Golgotha (Donald Macleod) Jesus if Lord: Christology Yesterday and Today (Donald Macleod)The Person of Christ (Donald Macleod)  – The Christian Faith (Michael Horton) Publicado por en sábado, junio 09, 2012

Salvador Gomez Dickson

Autor: Salvador Gomez Dickson

Pastor en la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo y profesor de la Academia Ministerial Logos.


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