Unidad, Comunión y Solidaridad entre las Iglesias Locales a nivel Global

«Doy gracias a mi Dios cada vez que me acuerdo de ustedes. En todas mis oraciones por todos ustedes, siempre oro con  alegría, porque han participado en el evangelio desde el primer día hasta ahora» Filipenses 1:3-5

La relación entre las iglesias locales a nivel global y los misioneros debe ser de Koinonia. La pasión por el evangelio nos debe llevar a participar, cooperar, compartir (Filipenses 1:5) y no a competir. Se puede hablar de «comunión». Koinonia es la palabra neotestamentaria traducida como comunión, solidaridad, compartir, contribución. Lo que queda muy claro es la idea de compartir algo, una empresa, un propósito, una experiencia, el dinero, lo que sea, debe ser compartido. La fe común debe tener una salida a la participación práctica y esta participación en la práctica tiene consecuencias concretas.

-Un modelo a seguir

El apóstol Pablo dice: «Hermanos, sigan todos mi ejemplo, y fíjense en los que se comportan conforme al modelo que les hemos dado» Filipenses 3.17

Somos llamados a servirnos unos a otros por la pasión que tenemos por el evangelio. Nos necesitamos (1 Corintios 12.21-22). Somos miembros los unos de los otros. Nadie le puede decir al otro: «no te necesito» (2 Corintios 10.12, 17-18). Esto es pecado y debemos arrepentirnos. Nuestro problema, muchas veces, está en pensar que no necesitamos de nadie y que no hace falta compartir con otros.

El desafío es trabajar en unidad, comunión y solidaridad porque Cristo es la verdadera señal de unidad y desde su principio, el Señor nos ha desafiado al trabajo en equipo. Jose Miguez Bonino nos habla que «la misión puede ser el principio material de nuestra unidad». La cooperación en la tarea práctica de la misión es el primer paso hacia una unidad más profunda.

-Unidad y Misión

La misión en unidad y la unidad en la misión implica aceptarnos unos a otros a pesar de nuestras diferencias. «El  paradigma moderno, sugería que la alternativa era entre diversidad sin unidad o unidad sin diversidad; el paradigma posmoderno se manifiesta como una unidad que preserva la diversidad y una diversidad que se esfuerza para lograr la unidad. Las divergencias no son motivo de remordimiento sino parte del esfuerzo dentro de la Iglesia por llegar a ser lo que Dios quiere que sea… En medio de toda la diversidad, sin embargo, hay un eje: Cristo Jesús…  escuchar la palabra de Dios y escucharnos los unos a los otros van juntos; sólo podemos tener lo primero si estamos igualmente preparados para tener lo segundo»[1].

Para que exista la cooperación, comunión y solidaridad se necesita haber cumplido con un nivel de confianza que es muy difícil de edificar cuando alguien se muestra autosuficiente. La belleza de la encarnación es que Jesucristo siendo por naturaleza Dios se «rebajó» voluntariamente para estar entre nosotros.

Debemos tener unanimidad con los planes del Padre (Lucas 6.27-31). Esta unanimidad con Él nos habla de un mismo sentir y parecer (Filipenses 2.1-11). Nos habla de perdonarnos, de humillarnos, de entender y comprender nuestras diferentes culturas y ayudarnos mutuamente. No hay nadie superior, ni nadie inferior. Significa también que debemos construir mejor nuestro puente de comunicación. Una relación cara a cara. Nuestro problema es que muchas veces despreciamos la relación cara a cara y decimos: ¿Para qué voy a ir a verlo? ¿Para qué voy a perder el tiempo?

Como siervos, nuestra presencia, nuestro compromiso, nuestra flexibilidad y cooperación son indispensables. Junto a esto, debemos enriquecer el diálogo entre todo el cuerpo de Cristo: la iglesia global. No hay Norte o Sur, Este u Oeste, lo que hay es «un solo cuerpo». Cuando servimos en medio de la cooperación, comunión y solidaridad podemos decir como el apóstol dijo de Epafrodito: «mi hermano, colaborador y compañero de lucha» «Es una ofrenda fragante, un sacrificio que Dios acepta con agrado» (Filipenses 2.25 y 4.18).

-Alcance del desafío

“El hecho que podamos decidir juntos hacer la misión será una señal de la derrota de Satanás, evidencia de la unidad y de la cooperación global. El hecho de que lo hagamos juntos con nuestras diferencias de culturas, de riqueza, de trasfondo; requerirá la ayuda del Espíritu Santo y una disponibilidad de sacrificar lo nuestro para el bien de su misión. Somos de diferentes países desafiados a ser ciudadanos del cielo (Filipenses 3.20); se nos recuerda que tenemos un futuro en común y una misma identidad”. [2]

Esta identidad en común se debe manifestar por medio de la solidaridad, la comunión, la unidad, el perdón, la aceptación, reconciliación, la responsabilidad mutua, rendirnos cuenta los unos a los otros y la interdependencia.

«Finalmente, tenemos que confesar que la pérdida de la unidad eclesial no es sólo una molestia sino un pecado. La unidad no es una opción superflua. Es, en Cristo, ya un hecho, algo dado. Al mismo tiempo es un mandamiento: «¡Sean uno!» Estamos llamados a ser uno como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son uno y nunca debemos cansarnos de esforzarnos hasta el día cuando los cristianos en todo lugar puedan juntarse para compartir el solo Pan y la sola Copa»[3]

La presente condición del mundo está marcada por el sufrimiento (Romanos 8.18-22). Nosotros estamos siendo llamados a participar de sus padecimientos (Filipenses 1.29, Filipenses 3.10, Colosenses 1.24, 1 Pedro 4.13, 16), a favor de su cuerpo, que es la iglesia, llegando a ser semejante a él en su muerte.

«Hermanos, no piensen que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús». (Filipenses 3.13-14).

Que toda la iglesia en unidad, comunión y solidaridad lleve todo el evangelio a todo el mundo hasta que el Señor vuelva.

Preguntas para la reflexión

¿Cómo podemos construir mejor el puente misionero de cooperación, comunión y solidaridad en la iglesia global?

¿Nos ayudaremos mutuamente siendo de diferentes latitudes y culturas?

¿Las iglesias, agencias, seminarios o centros de entrenamiento tienen que replantear su entendimiento misional para mejorar nuestro diálogo misionero?

¿Cuál será la participación de la iglesia en el envío de misioneros a otras partes?

¿Las estructuras de misiones pueden mejorarse, cambiarse, o anularse?

Carlos Scott

Misión Local y Global (GloCal)

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[1]Bosch, David Jacobus: Misión En Transformación: Cambios De Paradigma En La Teología De La Misión. Grand Rapids, Mich. : Libros Desafío, 2000, pp 566-567

[2]Davies, Pablo: Ponencia sobre Partnership y el Dinero, 2001, Buenos Aires, Argentina.

[3]Bosch, David Jacobus: Misión En Transformación: Cambios De Paradigma En La Teología De La Misión. Grand Rapids, Mich. : Libros Desafío, 2000, P. 569

Carlos Scott

Autor: Carlos Scott

Carlos es miembro del comité ejecutivo y del consejo de liderazgo global de la Comisión de Misiones de la Alianza Evangélica Mundial (WEA), Reside en Buenos Aires.


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