Ser líder cristiano no es nada; hay que ser el líder que Dios quiere. Es preciso mencionar que existen personas que “sirven” para obtener ganancia, fama, sexo o poder. La Biblia dice:

Esos hombres, hablando mal de cosas que no entienden, como animales irracionales nacidos para presa y destrucción, perecerán en su propia perdición, recibiendo la recompensa de su injusticia, ya que tienen por delicia el gozar de deleites cada día. Estos son inmundicias y manchas, quienes aun mientras comen con vosotros se recrean en sus errores. Tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar, seducen a las almas inconstantes, tienen el corazón habituado a la codicia y son hijos de maldición. Han dejado el camino recto y se han extraviado siguiendo el camino de Balaam hijo de Beor, el cual amó el premio de la maldad… 2 Pedro 2:12-15.

Pero, tales malvados son los de afuera, ¿verdad? ¡Ay, no! Mire 2:1 – “como habrá entre vosotros falsos maestros.” Quiere decir, no son se trata de musulmanes ni de ateos – habrá entre congregaciones cristianas; son quienes predican en el nombre del Señor, quienes vienen como cristianos y hermanos. Hablan de Jesús, pero buscan otros placeres, los cuales incluyen plata, poder, reconocimiento y sexo.

1. Plata

Con respecto a los salarios para los pastores, en América Latina, hay dos líos: el líder abusado y el líder abusivo. La mayoría de nuestros pastores sufre de privación; una minoría vive de manera favorable pero justa; y otra minoría vive de manera aprovechable e injusta. Mi consejo es, por un lado, no resentirse por un salario justo para un pastor, ni por otro lado, abusar del rebaño para enriquecerse.

Pero, para nosotros quizás esto sea casi una broma, porque el servicio aquí en nuestras iglesias es gratis; además, ¡se supone que va a diezmar también! ¡Más contribuir a la plomería! Por eso, permítame subrayar, que es posible robar dinero aun cuando uno no reciba salario, pues hay maneras de canalizar fondos indebidamente hacia su bolsillo o al de sus amigos. Y si alguien trata de justificarse por decir, bueno, quiero servir al Señor y por ello merezco un poco de plata, señores esta mezcla es pecaminosa también.

2. Poder e influencia

Para muchos de nosotros aquí, quizá la plata no sea una atracción, ni mucha tentación. Sin embargo, existe otra forma de moneda corriente que sí tienta las monedas de poder e influencia. He conocido a mucha gente sin el menor interés en la plata, pero quieren mandar y dominar; es su adicción. 3 Juan 9 dice de tal persona, ya en el primer siglo:

Yo he escrito a la iglesia; pero Diótrefes, al cual le gusta tener el primer lugar entre ellos, no nos recibe.

En los días de los apóstoles, la cultura romana se basaba en reputación e influencia.

De hecho, lo que experimentamos hoy en día en América Latina nos llega del imperio romano por medio de España y Portugal – la idea de que existe una jerarquía entre varones, que debe ser así, que la única lucha que importa es la lucha por el poder, y la lucha por disminuir la reputación de los demás. Uno podría concluir que esta cultura es la cultura de América Latina, con otros ingredientes más. En la iglesia también sucede así, aunque lo hacemos en el nombre de Jesús (lo cual lo convierte en un pecado aun peor). El servicio tiene demasiado que ver con la familia a la cual usted pertenece, o con cualquiera sea su red de influencia. Ese tipo de servicio se vuelve un concurso, un concurso de celos, no de servicio, ni de amor.

3. Reconocimiento

El Señor dijo:

En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; pero no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, pero no hacen. Atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas. Antes bien, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres, pues ensanchan sus filacterias y extienden los flecos de sus mantos; aman los primeros asientos en las cenas, las primeras sillas en las sinagogas, las salutaciones en las plazas y que los hombres los llamen: “Rabí, Rabí.” Mateo 23:2-7

Qué tentación de oír las palabras: “¡Ay, aquí está el hermano! ¡Solo usted puede ayudarnos! ¡Profesor, dénos su opinión!” Puede imaginar esto – ¿un ser humano, débil, ignorante frente a Dios, pero que se jacta de sus talentos teológicos?

En la carrera de Maestría de ESEPA tenemos una lista de metas; la última es: Comunicarse y trabajar con sus compañeros en actitud cristiana. Es decir, lograr un ambiente de edificación donde los principios bíblicos se mantengan y se fomenten las relaciones respetuosas, humildes, benignas, valiosas y trascendentales. En síntesis: humildad.

4. Sexo

En varios países hoy en día, hay un escándalo por la cantidad de sacerdotes católicos que han pecado en actividades homosexuales o heterosexuales con menores de edad. No es seguro si habían entrado al sacerdocio para poder pecar, o si es que habían enfrentado tentaciones en ese ministerio.

¡Que maldad! Pero mire; espero que ustedes no se regocijen cuando un sacerdote católico cae por su pecado. Sea lo que sea, una caída romana difama el nombre de Cristo.

Gracias a Dios, una motivación sexual nunca nos sorprende a nosotros los evangélicos. Ay, pero, un momento – ¡sí sucede aquí entre nosotros también! Unos líderes usan su poder para buscar satisfacción sexual.

Además, no necesariamente hablamos de relaciones físicas. Hombres y mujeres sienten la necesidad de recibir aprobación de parte del sexo opuesto. Especialmente cuando es un ministerio de plataforma o de influencia manifiesta, es una tentación hacerlo para recibir la mirada de los demás. Quizás un hombre quiera ser el varón poderoso (¡fuerte en el Señor, por supuesto!) a quien las mujeres contemplan. Quizás una mujer quiera sentir la admiración de los muchachos mientras, digamos, ella canta. Quiere cantar para el Señor, pero si al mismo tiempo notan que ella es preciosa, mejor. Es posible malinterpretar tales sentimientos de bienestar como una motivación santa.

Todas de estas trampas justifican su existencia, claman que no son pecados como tales. El líder con el lujo de una gran reputación e influencia siempre sigue uno de dos caminos: (1) niegue que su pecado existe: “Parece que soy codicioso o lujurioso, pero en realidad no soy”, o (2) racionaliza sus pecados con un lenguaje más aceptable: “No soy deseoso de influencia; es solo que quiero que el evangelio tenga influencia.” Por lo tanto, el pastor cacique maneja su carro nuevo, no para causar cierta impresión, dice él, sino para fortalecer el evangelio. Es gracias a la manifestación de la fe y al poder del evangelio que uno posee tal máquina.

Gary Shogren, Profesor de Nuevo Testamento, Seminario ESEPA, San Jose, Costa Rica

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Editorial Vida debuta su segunda colección para las bibliotecas de Logos, la Colección VIDA que reune un elenco de libros idoneos para todo pastor y líder con un con cargo por el bienestar espiritual de la iglesia local.

Gary Shogren

Autor: Gary Shogren

ha sido profesor de Nuevo Testamento por 26 años. Escritor de varios artículos y libros. Actualmente es profesor en el Seminario ESEPA en San José, Costa Rica.


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