En una sección del conocido Sermón del Monte, Jesús introduce seis temas de su enseñanza con la expresión: “Ustedes han oído que se dijo a sus antepasados” (o “ustedes han oído” o “se ha dicho”). Y en seguida añade “Pero yo les digo”. En dos de los seis casos Jesús cita uno de los Diez Mandamientos; en los otros cuatro cita otros mandamientos de la Torá. Después de cada uno añade algo suyo (Mt 5:21–48). En esta ocasión nos ocuparemos del primero de estos “pero yo les digo”.

La fórmula sugiere que Jesús se refiere a lo que la gente había escuchado en la lectura pública de las Escrituras. En otras palabras, lo que Dios ha dicho. Pero esa lectura iba acompañada de las enseñanzas de los escribas y fariseos, los maestros. Si hubiera sido las Escrituras solamente, Jesús quizá habría dicho “está escrito”, como se acostumbraba.[1] Se trata entonces de controvertir la interpretación de los maestros, no de contradecir la Escrituras. Ya veremos si es igual con todos estos peros.

Visto así, lo que Jesús se propone hacer es una interpretación de algunos mandamientos. No es que el mandamiento decía “no matarás” y Jesús ahora lo va a cambiar por “sí matarás.” Más bien, la intención de Jesús es explicar en términos concretos qué significa superar la justicia de los maestros de la ley (Mt 5:20). Esta superación es fundamental porque sin ella sus discípulos no verán el reino de los cielos; cosa grave.

Muchos comentaristas han observado los paralelos entre Moisés y Jesús en el evangelio de Mateo: la matanza de niños, el llamado de Egipto, el ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, la proclamación desde un monte, la provisión de alimento, la gloria divina, y el fin de su misión en un monte. Así, Jesús claramente se presenta como “un segundo Moisés”.[2]

Un asunto intrigante del primer “pero yo les digo” (Mt 5:21–26) es que Jesús elige una fórmula retórica beligerante para hablar de reconciliación. Al desautorizar la interpretación oficial de la sinagoga, que es la que su auditorio ha oído, Jesús automáticamente se echa de enemigo al sindicato de los maestros (de la Ley). ¿Cómo puede uno hablar de la reconciliación con un método que produce enemigos? ¿Para que tengan con quien practicar?

La otra cuestión que causa curiosidad es que la forma sugerida de practicar el “no matarás” no es sencillamente no matando, sino yendo a reconciliarse con la persona que tiene algo contra uno. Eso parece al revés. ¿No debería el otro venir donde uno? Además, si uno va a reconciliarse con alguien que uno supone que tiene algo contra uno, es difícil hacerlo sin acusar a la otra persona. Qué tal esto: “Sé que me odias y me tienes envidia, pero vengo a decirte que te perdono”. ¿No empeoraría eso las cosas y aplazaría la reconciliación indefinidamente? ©2012Milton Acosta

CONTINUARÁ… … …

[1]Luis Sánchez Navarro, La enseñanza de la montaña: comentario contextual a Mateo 5-7 (Estella: Verbo Divino, 2005), 65–68.
[2]Salvador Carrillo Alday, El evangelio de Mateo (Estella: Verbo Divino, 2010), 65–72. Se debate si la estructura de todo el evangelio de Mateo sigue un patrón que imita la Torá. Para esto último véase Miguel Ángel Roig Cervera, “La estructura literaria del Evangelio de San Mateo” (PhD, Madrid: Universidad Complutense, 1995).

Milton Acosta

Autor: Milton Acosta

Profesor de Antiguo Testamento en la Fundación Universitaria Seminario Bíblico de Colombia (www.unisbc.edu.co); Editor de Antiguo Testamento para el Comentario Bíblico Contemporáneo; M.A. Wheaton College Graduate School– Ph.D. Trinity Evangelical Divinity School (Antiguo Testamento).



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