Respuestas de diversos pastores y líderes:

David Ford

¿Existe la verdad de la membrecía bíblica en la iglesia local?  ¿Qué principios y verdades deben de considerarse para una doctrina balanceada de dicha membrecía?

El Nuevo Testamento no nos proporciona información sobre prácticas detalladas de la iglesia.  No sabemos la hora del culto, la forma de los servicios, ni tampoco si existían reglas para la membrecía. Y esta es la razón por la que debemos ajustar este tipo de cosas según nuestro contexto local.  Pero hay unos principios evidentes para la membrecía de la iglesia:

·         Emplea un sistema para reconocer miembros de la iglesia. Pasajes que tratan sobre la cuestión de disciplina (Mat.  18:17, 3 Jn. 1:10) indican que había un cuerpo de personas como iglesia.  También hay 75 referencias a la palabra “iglesia” en el Nuevo Testamento, la mayoría a una iglesia local con gente reconocida como miembros.

·        Hay un nivel básico de conocimiento de Cristo para ser un miembro. Por ejemplo, el carcelero en Filipo (Hch. 16:32) recibió instrucción fundamental de Pablo antes de su bautismo. No era un curso avanzado, pero con la información suficiente para ser un cristiano y estar reconocido como miembro de la iglesia.  Véase Mat.  16: 16-18, 1 Jn. 4:2.

·        La fe en Cristo es esencial para la membrecía. Pablo dice que es necesario confesar con la boca y creer en el corazón para ser salvo (Rom.  10:9).    Es decir, saber datos acerca de Cristo no es suficiente,   la persona debe experimentar una confianza en él como su salvador.  Véase Jn.  20:31, Heb. 11:6.

·         La conducta cristiana muestra la validez de fe en Cristo. Una persona puede decir que es cristiano.   ¿Pero cómo se sabe si es verdad?   Cristo dijo que por el fruto, o la conducta, el cristiano verdadero es conocido   Mat 7:19-21.   Los que son aptos para ser miembros lo muestran en su manera de vivir.  Véase 1 Cor.  1:2; Jn.  15:1-5.


Edwin Gonzales

Existe la verdad de la membresía bíblica en la iglesia local?  2. Que principios y verdades deben considerarse para una doctrina balanceada de dicha membresía?

  1. La membresía a la iglesia local es una verdad bíblica: Israel en la teocracia estaba registrado por nombre, familia y tribu. En Mateo 18 Jesús asume una iglesia que podía “remover” miembros no arrepentidos de pecados públicos.  En Hechos 2:42-ff “tres mil personas fueron añadidas a ellos”.  Esos “ellos” eran los discípulos ya existentes.  En 4:14 se añadieron “cuatro mil” más.  En 5:13 luego del juicio sobre Ananías y Safira los de afuera “no osaban juntarse con ellos”.  En 9:19 Pablo quería “asociarse” a los discípulos en Jerusalén, pero ellos le temían.  En I Co 5:9-12 Pablo distingue entre “los de afuera” y los que pertenecían a la iglesia, y ordena “remover” a uno acusado de inmoralidad. En 2 Co 7:1-7 ordenó recibir de vuelta a alguien previamente excluido de la membresía. La doctrina de los dones espirituales en I Co 12 y Romanos 12:5-13 no tendría mucho sentido sin la membresía.  Tampoco la elección de ancianos y diáconos I Tim 3:1-13, Tit :1;5-8. Muchas cartas del NT fueron dirigidas a “iglesias” con pastores y diáconos.  Aun Cristo se dirigió a siete Iglesias en Apocalipsis constituidas por personas que pertenecían a ellas.  I Tim 5 indica que las iglesias tenían “listas de viudas” que pertenecían a la iglesia

  1. Por lo expresado en 1:

a) la membresía a la iglesia es un acto de obediencia

b) La membresía es un compromiso voluntario de pacto, identificación y comunión con el pueblo de Dios

c) La membresía a una iglesia local puede terminarse sin prejuicio o disciplina por razones de conciencia o doctrina

d) La membresía a la iglesia implica fidelidad a Cristo y a una comunidad, no a un grupo de pastores

e) Los pastores están sujetos a las mismas normas, disciplina y mayordomía que los miembros de la iglesia

Referencia: http://www.9marks.org/what-are-the-9marks/ Mark 6


Sugel Michelén

Mt. 18:15 es uno de los textos clave del NT con respecto a la disciplina en la iglesia; pero debemos notar también la enseñanza que este texto da por sentado en lo tocante a la iglesia. Dice el Señor en el vers. 15: “Si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tu y el solos; si te oyere has ganado a tu hermano”. Hay una relación filial entre los creyentes que no permite la indiferencia cuando vemos que uno de los nuestros no está andando bien. Pero ahora, noten: Mas si no te oyere,  toma aún contigo a uno o dos,  para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano”. En otras palabras, exclúyanlo de la comunidad de la iglesia como si fuera un inconverso.

Obviamente, el Señor está presuponiendo aquí que todos aquellos que profesen ser cristianos, todos aquellos que profesen pertenecer a la familia de la fe, deben ser miembros de una iglesia local específica, con sus miembros y líderes particulares; porque nadie puede ser excluido si no ha sido previamente incluido. La iglesia de la Cristo habla aquí debe ser un grupo concreto de personas, personas que pueden escuchar un reporte y que puede involucrarse en la acción disciplinaria que se describe en el texto con el fin de rescatar a un miembro que no anda bien.

De manera que la membrecía de la iglesia no es opcional para el cristiano. La iglesia ocupa un lugar central en el propósito redentor de Dios y debe ocupar un lugar central en la vida de todo creyente. En ella será pastoreado, cuidado y nutrido; podrá poner sus dones en operación y llevar a cumplimiento todos los deberes mutuos que encontramos en el NT (“unos a otros”); en ella se beneficiará de una interacción vital con el resto de los miembros del cuerpo.

Nadie podrá desarrollar y mantener una vida espiritual saludable y balanceada sin ser parte activa de una iglesia local. Sin embargo, debemos tomar en cuenta que de este lado de la eternidad la iglesia está muy lejos de ser una comunidad perfecta, como es evidenciado en este mismo pasaje de Mt. 18. Los miembros que componen la iglesia no son perfectos; cada uno de ellos se encuentra en un proceso de madurez y crecimiento que no siempre será indoloro. Con la agravante de que nos encontramos en medio de un campo de batalla, luchando contra un enemigo astuto y cruel, que no tendrá reparos en hacer todo lo que esté a su alcance para dividirnos, estorbar nuestro crecimiento e inutilizar nuestro testimonio en el mundo.

Pero es en el contexto de esa realidad que Cristo continuará haciendo Su obra en el mundo; podemos estar completamente seguros de que El cumplirá Su promesa: “Yo edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”. Problemas vendrán, algunos quedarán postrados en el camino sirviendo de escarnio al evangelio y a la iglesia; pero Cristo seguirá usando hombres y mujeres débiles para hacer Su obra, y todos nosotros podemos tener el privilegio de ser parte de esa empresa, para la gloria de Dios y la expansión de Su reino.


Horacio Pastor

¿Existe la verdad de la membrecía bíblica en la iglesia local?

La presencia de hermanos que en forma constante y permanente formaban parte de una congregación es visible en muchos de los escritos del Nuevo Testamento; y aún cuando el término “membrecía” pudiera haber sido acuñado posteriormente, es aceptable y comprensible aceptar que existía, lo que se puede afirmar cuando leemos en diferentes textos de creyentes que de manera estable formaban parte de una congregación local.

Lo que no se puede probar es que, como sucede en muchos lugares hoy, la membresía de una iglesia local se encontrara registrada en libros como si de una pertenencia se tratara.

Creo que se debiera mirar con mucho cuidado antes de decidir si realmente se debe llevar “Registro de Miembros” en las iglesias locales de nuestros días. En mi opinión no debiera ocurrir.

Textos tales como los siguientes nos hablan de la existencia en la práctica de una membresía estable y permanente en la iglesia o congregación local:

1) Hechos 2: 40 – 47. Tal vez sea este el primer esbozo de lo que podemos definir como membresía de una iglesia local que encontramos y que se inicia escalonadamente: Vemos en el Vers. 40 la predicación del Evangelio. En el Vers. 41 el bautismo en agua. En el Vers. 42, 44 – 47 la congregación de los creyentes para culto al Señor, enseñanza bíblica, permanencia juntos y participación en la Santa Cena e incorporación de nuevos convertidos.

2) Hechos 6: 1 – 7. Aquí vemos en el Vers. 1 la manifestación del problema. En los Vers. 2 al 4 observamos: A) La acción de las autoridades. B) La propuesta de solución. C) La finalización del problema con la elección y designación de los siete diáconos, quienes eran conocidos, aceptados y amados por los miembros de la iglesia local, fueran de origen judío o gentil. Creo que es fácil inclinarse por el hecho que “la membresía bíblica” es una verdad que existía de hecho a partir de los primeros días.

3) Hechos 21: 1 – 6. Años después de los primeros días de nacida la Iglesia, vemos cómo “la membresía” de la iglesia local en la ciudad de Tiro despide al Apóstol Pablo y habla en el Vers. 5 de hermanos con “sus mujeres e hijos” que, evidentemente eran miembros o discípulos en esa iglesia.

4) 1ra. Cor. 3: 1 – 4. También aquí se entiende claramente que en el Vers. 1, cuando el Apóstol Pablo utiliza la palabra “hermanos” lo hace refiriéndose a hombres y mujeres que se congregaban regularmente en la iglesia local y por ello podemos reconocerlos como “la membresía”.

¿Qué principios y verdades deben de considerarse para una doctrina balanceada de dicha membrecía?

Para que transmitirse una doctrina balanceada a la membresía de una iglesia local debiera mirarse con atención lo siguiente:

1) Que los integrantes de la iglesia local  hayan tenido verdaderamente la experiencia de la salvación antes de ser bautizados. Hechos 2: 41.

2) Que en ellos se vea la voluntad de perseverar en lo que podemos denominar “los cuatros pilares de la iglesia”: 1) La doctrina de los apóstoles. 2) La comunión unos con otros. 3) La Santa Cena. 4) Las oraciones.

3)      A partir de allí y comenzando desde las doctrinas básicas, “la leche espiritual no adulterada” (1ra. Cor. 3: 2; Hebreos 5: 13), avanzar hasta poder anunciarles todo el consejo de Dios (Hechos 20: 27), pues así se podrá presentar el  alimento sólido para los que alcanzan la madurez (Hebreos 5: 14).

4) El “plan de trabajo” para una doctrina balanceada de la membresía en la iglesia local, parece estar registrado en Hebreos 6: 1 – 3. A) Qué hacer: Llevar a los miembros de la iglesia desde las doctrinas básicas a la madurez espiritual, reconociéndose como básicas las doctrinas fundamentales y como madurez espiritual, la aplicación de dichas doctrinas en la vida personal y eclesial. B) Por qué hacerlo: a causa de una necesidad imperiosa. Debemos tener hermanos que sean instrumentos útiles y con capacidad de vivir no según el sistema del conocimiento del bien y del mal, sino con la capacidad de discernir uno del otro. C) Para qué hacerlo: para que lleven a cabo la obra del ministerio, la edificación del cuerpo de Cristo (Efesios 4: 13).

Horacio Pastor


Guillermo Powell

¿Existe la verdad de la membrecía bíblica en la iglesia local? ¿Qué principios y verdades deben de considerarse para una doctrina balanceada de dicha membrecía?

No todas las prácticas de la iglesia local tienen su fundamento en un versículo bíblico  específico. Excepto algunas que son fundacionales, como la oración, la enseñanza de la Palabra, el bautismo, la cena del Señor, la comunión hermanable, el desarrollo de los dones espirituales; muchas otras prácticas se derivan de la aplicación cultural de verdades bíblicas que por ser principios divinos son atemporales.

Los principios que menciono seguidamente, no necesariamente demandan un papel que diga que uno es miembro de cierta iglesia local o denominación. Sin embargo debido a la tendencia actual de cambiar de iglesia cuando algo no nos gusta o sentimos que deja de ‘suplir nuestra necesidad’, o cuando un hermano/a en pecado no arrepentido no quiere someterse a la disciplina bíblica, es que ha sido necesario implementar  el proceso de membresía formal. En muchos lugares alrededor del mundo, donde hay solo una iglesia cristiana en el pueblo, el concepto de membresía formal es irrelevante, pues todos aquellos a quienes el Señor ha añadido a la iglesia se consideran miembros de la misma y se someten a sus principios y prácticas.

Los principios  a considerar son:

  1. Pertenencia al cuerpo de Cristo. “Cada miembro está unido a todos los demás”(NVI) (Rom 12.4–5; 1 Co. 12.12).
  2. Ser enseñados por los pastores para que como congregación realicen la obra del ministerio (Efe 4:12).
  3. Desarrollo de los dones espirituales como representación de la ayuda mutua como miembros  (Rom 12:6-8; 1 Cor 12:7-11, 14-30; 1 Pe 4:10-11).
  4. Práctica de los “uno a otros” del NT (1 Tes 5:11; Col 3:16 y muchos otros)
  5. Sometimiento al cuidado de los líderes de la iglesia, como representantes de la cabeza que es Cristo. (1 Cor 16:15-16; Heb 13:17; Hec 20:28).

Tony Segar

La membrecía es una realidad espiritual reconocida en las escrituras

Cuando la palabra miembro  “mélo”en el original se utiliza en relación a la iglesia denota la unión espiritual que existe entre los creyentes y el Señor y entre los creyentes mismos por el Espíritu. Este término da por sentado la conversión de cada integrante del cuerpo y la unión resultante al cuerpo de Cristo Rom 12.5; Efesios 4:25; 5.30.

La membrecía en la iglesia Local esta basada en el reconocimiento de esta realidad espiritual

La dimensión local de esta membrecía se da cuando una persona responde al evangelio. Los líderes de la iglesia y la iglesia misma como cuerpo deben de reconocer el fruto de la conversión de dicha persona en base no solo a una profesión sino a fruto que autentise su salvación.  Mat. 7:17 Autoriza a los creyentes a ser inspectores de fruto, no como jueces infalibles, pero no obstante capaces de reconocer el fruto de las personas y formar juicios acerca de ello. Esto significa que la membrecía de la iglesia local no es simultanea a la membrecía espiritual efectuada por el Espíritu Santo, sino requiere una profesión que no sea hecha con ligereza pues si bien ninguna iglesia podrá evitar la presencia de la cizaña espiritual, no obstante debe tener cuidado de no abrir la puerta a quien Cristo se la ha cerrado ni cerrársela a quien Cristo se la abrió. Aquellos que con ligereza reciben cabritos se veran afectados en las desiciones y en el liderato que se elija pues entre los ciegos el tuerto es rey.

Las escrituras reconocen en diversos casos de disciplina el sentir que algunos son de adentro y otros de afuera

Mat. 8:15 como en otros versículos como Icor. 5:5 que la iglesia tiene dos lados, los de adentro y los de afuera. Esto corrobora la necesidad de definir quienes sean los integrantes en la iglesia local. Tal como en los casos de exclusión se disciernen por frutos de pecado, así los casos de admisión deben de discernirse por fruto.

El bautismo debe acompañar la admisión a la iglesia no como rito mecánico sino como la ordenanza inseparable de la profesión de fe

Dado a que el bautismo no solo simboliza la unión del creyente en la muerte y resurrección de Cristo Rom. 6:3 sino además la unión espiritual del creyene al cuerpo de Cristo ICor. 12:13 aquellos que han de ser admitidos a la membrecía de la iglesia local deben exhibir fruto de conversión y obediencia al bautismo.


Autor: Various


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