Marcos 15:16-39

El Apóstol Pablo dice en su primera carta a los corintios: Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.
Cuando recordamos la muerte del Señor, es probable que recordemos más el “cómo”. Pero en esta breve meditación nos concentraremos en el “quién” y el “por qué” de la muerte del Salvador. A quien crucificaron y por qué murió crucificado.
El evangelio según Marcos da muy pocos detalles sobre cómo fue la crucifixión. En cuanto a su crucifixión en sí sólo encontramos una breve frase en el verso 24: Cuando le hubieron crucificado.
Los primeros lectores conocían bien lo que eso implicaba. Con el solo hecho de mencionar que le crucificaron, ellos sabían muy bien lo que significaba. Historiadores de la época dijeron que era uno de los castigos más crueles, la peor forma de morir.
No obstante, el énfasis del pasaje es quien murió y por qué murió.
En nuestro texto encontramos voces procediendo de tres personas diferentes y cada una de las declaraciones habla directamente sobre quien y por qué estaba siendo crucificado.
Las voces que escuchamos nos dicen quien murió y por qué.
I. Verdades expresadas inadvertidamente por los burladores
El evangelista utiliza el lenguaje de la ironía, pues los burladores, queriendo injuriar al Salvador, de manera inadvertida revelan profundas verdades sobre el Salvador. En su burla están proclamando la verdad.
Un comentarista le llama a esta porción del evangelio de Marcos, “El evangelio según los burladores de Cristo.”
Al acercarnos a estudiar las declaraciones de estos burladores queremos evitar acercarnos con actitud de superioridad moral. Si hubiésemos estado presentes y sin la gracia de Dios hubiésemos dicho lo mismo. Podemos tratar de lavarnos las manos como Pilato, pero nuestras manos no son sin culpa.
Antes de ver la cruz como algo hecho a favor nuestro, llevándonos a fe y adoración, debemos verla como algo hecho por nosotros, llevándonos al arrepentimiento. Solo el que está preparado a ser parte de la culpa de la cruz puede ser parte de la gracia de la cruz. El pecado que requirió la muerte del Hijo de Dios no fue el pecado ajeno, sino mi pecado.
Los burladores del Salvador pronuncian 3 frases:
1. REY DE LOS JUDIOS (vs. 18, 26)
En el verso 18 leemos que los soldados romanos comenzaron luego a saludarle: ¡Salve, Rey de los judíos!
En el verso 26 leemos: Y el título escrito de su causa era: EL REY DE LOS JUDÍOS.
Ciertamente para ellos no les parecía rey. Tanto las declaraciones de los soldados como el letrero que le pusieron fueron burlas. Lo último que veían en el Salvador era un rey. Los reyes son poderosos y tienen personas que le defiendan, pero Jesús no tenía quien le defendiera y se veía totalmente indefenso.
Pero al observar detenidamente notamos que la burla de los romanos, inadvertidamente era una declaración veraz. Este Jesús crucificado, ciertamente es Rey y triunfaría en la humildad y reinaría por medio de una cruz. Sin ellos percatarse, este evento era la gran victoria del rey y pocos días después, este Jesús reinaría a la diestra del Padre. Y un día toda rodilla, incluyendo la de esos burladores se doblará ante este gran rey, del cual las Escrituras dicen:
Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo;
Cetro de equidad es el cetro de tu reino.
Los burladores inadvertidamente declaran la gran realidad que Jesús es Rey.

2. TEMPLO DE DIOS (vs. 29)
Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza y diciendo: ¡Bah! tú que derribas el templo de Dios, y en tres días lo reedificas, 30sálvate a ti mismo, y desciende de la cruz.
En Juan 2 encontramos un pasaje donde Jesús revela que él es el verdadero templo. Los judíos no le entendieron. Ya se ha predicado, en ocasiones anteriores, en nuestra iglesia sobre este tema con más detalle. Pero en forma de resumen,
• El templo era el lugar donde Dios revelaba su santidad.
• El templo era la morada de Dios.
• El templo era el punto de encuentro entre Dios y los pecadores.
• El templo era el lugar donde se hacía expiación por el pecado por medio de sacrificios de sangre.
El Señor Jesucristo es el verdadero templo, el templo del Antiguo Testamento fue solo una sombra. El Señor Jesucristo es la manifestación completa de todo lo que el templo representaba.
• El lugar donde Dios revela su santidad
• La habitación de Dios
• El punto de encuentro entre Dios y los pecadores
• Donde se hace real y completa expiación por el pecado.
En su burla, declaran una gran verdad. Por medio de su muerte, el Salvador está derribando, eliminando la necesidad de un edificio llamado templo y en tres días resucitaría el templo perfecto de Dios. ¡Cuán irónico! Tenían razón.
3. EL MESIAS DE DIOS (vs. 31-32)
De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciendo, se decían unos a otros, con los escribas: A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar. 32El Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, para que veamos y creamos. También los que estaban crucificados con él le injuriaban.
Estas palabras burlonas revelan otra profunda verdad. Si el habría de salvar a otros no podía salvarse así mismo de sufrir el castigo divino por el pecado. Ese es el medio establecido para que el salvara a los otros, muriendo por ellos. Precisamente porque estuvo dispuesto a no salvarse a sí mismo, que pudo salvar a otros.
Comentarista:
– Ellos dicen que le hubieran creído si descendía de la cruz. Nosotros le creemos precisamente, porque permaneció en ella.
Permaneciendo en la cruz, colgado ahí prueba que vino a salvar. ¿Qué lo mantuvo en la cruz? No fueron los clavos que lo mantuvieron allí. Lo que lo mantuvo allí fue su pasión por hacer la voluntad del Padre y su amor por pecadores como tú y yo.
El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. (Marcos 10:45)
¿No celebramos hoy que él permaneció en la cruz? Tenían toda la razón. Para salvar a otros no se salvó a sí mismo. ¡Qué bueno que se quedó en la cruz! ¡Qué bueno que no bajó!
Este es el corazón del evangelio revelado por medio de sus burladores. Sin darse cuenta, sus burladores revelan la profunda realidad que aquel que colgó en la cruz es el REY, EL TEMPLO DE DIOS y el SALVADOR.
Luego, a partir del verso 33 se callan los enemigos y escuchamos la voz del Salvador.
II. Las Palabras del Salvador (vs. 33-34)
Cuando vino la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. 34Y a la hora novena Jesús clamó a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?

Sus palabras revelan claramente quien el es y por qué murió. Hubo gran oscuridad al medio día durante 3 horas. Nos parece que estas tres horas de oscuridad son una representación de la ira de Dios descargada sobre Jesucristo.
Don Carson: La oscuridad por 3 horas nos indica el juicio de Dios sobre el Mesías.
Es probable que durante las 3 horas de oscuridad fuera la descarga de la ira de Dios sobre su Hijo como castigo por nuestros pecados. Aunque prefiero decir, por mis pecados. Por tus pecados. No los de otros, lo míos.
Fue durante estas horas de tinieblas que se cumplió la profecía:
Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. (Isaias 53:5)
El no resistió ni protestó cuando fue arrestado.
No se resistió ni protestó cuando fue sentenciado injustamente.
No se resistió ni protestó cuando fue azotado y golpeado.
No se resistió ni protestó cuando fue crucificado.
Pero en este momento no se mantiene en silencio. En este momento su sufrimiento fue único, horrible, inimaginable e indescriptible. Lo anterior fue nada. Ser sentenciado injustamente, azotado y golpeado y crucificado fue nada comparándolo con lo que el sufrió al cargar con el castigo que merecían mis pecados.
En medio de esta oscuridad el clama: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? En estas palabras nos encontramos en terreno santísimo.
Richard Allan Bowdy: La Biblia contiene muchos rincones misterios y secretos, pero ninguna parte de la Biblia muestra un misterio más profundo que este clamor de nuestro Salvador. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Esta protesta solemne nos lleva al corazón de la expiación. He aquí la crucifixión dentro de la crucifixión.
Wayne Grudem: El cargar con el pecado de millones de personas por un segundo causaría el más profundo dolor del alma. El soportar la descarga de toda la ira de Dios por un instante causaría el más profundo temor. El sufrimiento de Jesús no fue por un minuto o 10 minutos. Hora tras hora estuvo sobre él el oscuro peso del pecado.
Al final de la descarga el clama: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Cuándo terminará este sufrimiento? Horas de sufrimiento infinito. El infierno de todos los suyos, los millones, concentrado en horas.
R.C. SPROUL: Este clamor representa la protesta más agonizante. Es el clamor de los condenados por mí.
Si el sufrimiento de la cruz para ti se limita a clavos, azotes y burlas, solo haz visto la superficie. Solo él ha sufrido tal dolor y él es el único que no merecía tal dolor. Miles han experimentado el dolor físico de la crucifixión, pero esta fue diferente. El SANTO fue hecho pecado con mi pecado y cargó la pura ira (sin mezcla alguna de misericordia o gracia común) que merecía mi pecado y fue abandonado por el Padre.
Hasta ese momento, aunque fue abandonado por lo hombres, siempre podía descansar en el apoyo del Padre. En ese momento, reconociendo nuestras limitaciones para entender y expresar los misterios de la Trinidad, no tuvo apoyo alguno, fue abandonado por el Padre.
RC SPROUL: Jesús en la cruz se hizo a los ojos de Dios la manifestación más grotesca de lo feo y detestable jamás vista.
Sólo el ha sufrido tal dolor y es el único que no merecía tal dolor. En este momento se hace realidad lo que le causó angustia en el Getsemaní. Esa fue la copa que si fuera posible, el preferiría no tomarla. Cuando pensaba en lo que le esperaba, esto fue lo que vio. Con razón su sudor en forma de gotas de sangre. Con razón su petición al Padre: “Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú.”
Nadie ha sufrido esto. Nadie puede hacer lo que hizo, por eso tuvo que hacerlo él. Fue un sacrificio en sustitución por nosotros. Esto que Jesucristo hizo por mi y por todos lo que son suyos no es imitable. Sólo el pudo sufrirlo, el único que no lo merecía.
El clamor agonizante de los condenados por pecadores como tú y yo.
¿Por qué?
Fue para asegurar el perdón de nuestros pecados. El fue abandonado para que tú y yo pudiéramos ser perdonados. Fue abandonado para que nunca fuéramos abandonados. Lo hizo para perdonarnos y para asegurarnos de que nada ni nadie nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
III. La Voz del Centurión (vs. 39)
Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.
La voz del centurión romano es una voz inesperada. El pasaje empieza en el vs. 16 con soldados romanos maltratando al Salvador y el relato concluye con un centurión transformado. Este centurión vio algo en la muerte del Salvador que transformó su visión sobre Jesús.
El evangelio de Marcos 1:1 empieza con: Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
Desde el primer verso de este libro, ningún hombre reconoce a Jesús como el Hijo de Dios hasta este momento. No solo notemos lo que dijo, sino cuando lo dijo. Lo dijo cuando el Salvador hubo expirado. La muerte del Salvador fue una revelación transformadora para el Centurión.
Esta última voz que escuchamos en el pasaje recibimos un testimonio final de quien murió y lo peculiar de su muerte.
Un conocimiento completo de la identidad y propósito del Salvador, de nuestro Señor Jesucristo sólo proviene cuando se entiende su muerte. No debe ser solo una revelación para el centurión sino para nosotros también.
¿Quién fue Cristo? ¿Por qué sufrió? ¿Por qué importa?
Solo hay una respuesta correcta y ella se encuentra en la Biblia.
1 Corintios 15:3 – Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras
La pregunta final proviene de nuestro mismo Señor: ¿Quién decís que soy Yo?

Luis

Autor: Luis

Luis Arocha. Es uno de los pastores de la Iglesia Bautista de la Gracia de Santiago en la Republica dominicana


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