Adquiera su copia digital aquí

Contenido

Dedicatoria

Agradecimientos

Introducción: Solución tierna para un problema duro

1    La gracia y la conducta humana

2    Plan perfecto para matrimonios imperfectos

3    Solución adecuada para una relación inadecuada

4    Concesión divina para aliviar una tragedia humana

5    Consecuencias inevitables de una experiencia indeseable

6          Pasos disponibles para una restauración posible

Extracto:

Jesucristo y las enseñanzas de la ley

Lo que dictaminó Jesucristo con respecto al divorcio y el nuevo casamiento y los comentarios que realizó están relacionados con el certificado de divorcio que conocían los judíos en su época.

Recordemos que Jesucristo rechazó los mandamientos de la Ley que decían: «Ojo por ojo, y diente por diente». En cambio, tanto con su ejemplo como con sus palabras, animó a que los miembros de la familia cristiana actuaran con gracia, misericordia y amor. Es muy significativo el hecho que no condenara el divorcio por adulterio a pesar de que podía hacerlo tal como lo hizo con la práctica del «ojo por ojo, y diente por diente».

Cuando hablamos del tema del divorcio y de la posibilidad que tiene una persona de volverse a casar, debemos investigar tanto lo que la Ley dice, así como lo que la gracia permite a las personas que se encuentran en este tipo de tragedia.

Una pregunta que resulta válida es la siguiente: ¿Podemos solamente condenar a una persona sin buscar su restauración y aun así decir que imitamos el ejemplo de Jesucristo? De ninguna manera. El pecador arrepentido debe ser restaurado. Entonces, la pregunta sería: ¿Cuál es el camino bíblico para hacerlo? Para responder sabiamente como cristianos a una realidad tan dolorosa, debemos hacer un análisis de la Palabra del Señor. Debemos no solo analizar los mandatos de la Ley en el Antiguo Testamento, sino también las enseñanzas que aparecen en el Nuevo Testamento. Además, es indispensable realizar un profundo estudio de todo el concepto de la gracia para comprender las enseñanzas bíblicas sobre este tema del divorcio. Para ello, debemos estudiar algunas palabras clave que nos ayudarán a entender las enseñanzas de Jesús.

¿A quién se considera un adúltero?

Notemos lo que dice Lucas capítulo 16 versículo 18:

Todo el que repudia a su mujer, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada del marido, adultera.

¿Es este versículo un indicativo de que todas las personas que se vuelven a casar están adulterando? ¿Significa esto que tendrán que vivir para siempre en constante pecado y como consecuencia se les prohibirá el servicio o comunión en la Iglesia de Jesucristo?

Debo reconocer que durante años estos versículos impactaron profundamente mi vida porque todas las respuestas a estes preguntas eran un legalista «Sí». También debo reconocer con dolor, que por años mi posición fue legalista y falta de gracia. Una de las razones que tenía para actuar así era que personalmente no había dedicado el tiempo necesario para estudiar en serio el tema y llegar a mi propia conclusión. Me arrepiento por haber asumido una actitud muy diferente a la de Jesucristo. Fueron muchos los años que condené al que sufría por su divorcio, a pesar de que algunos de ellos estaban arrepentidos de los pecados cometidos y anhelaban la restauración de su vida. Me duele no haber actuado con gracia con aquel que quería cambiar de vida, sobre todo porque en la práctica le impedía su restauración.

De ninguna manera quiero comunicar que ahora mi posición es de apoyar a todos los que quieran destruir sus familias y que irresponsablemente tratan de iniciar otra relación conyugal que tal vez terminará de la misma manera. Debe quedar bien claro que mi intención no es ser más bueno que Jesucristo ni traspasar sus límites. El Señor me libre de eso. No intento apoyar a quienes buscan separarse aun inventándose problemas o creándolos para satisfacer su pecaminosidad. No estoy de acuerdo con quienes no quieren perdonar al cónyuge que ha pecado y que desea su restauración, ni con quienes quieren divorciarse por incompatibilidad de caracteres. Esas son acciones que he condenado y seguiré condenando mientras viva porque el Señor las condena. Digo un rotundo «no» a los que abogan por el divorcio y un rotundo «sí» a quienes condenan el pecado, aman al pecador y ofrecen la gracia restauradora de Dios.


Etiquetas:


No te lo pierdas

Recibe lo último en noticias, contenido, y más de Ayuda pastoral —¡inscríbete hoy!