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Contenido

1. ¿Qué es Psicología?

2.  Desarrollo histórico de la Psicología Moderna

a)   Estructuralismo

b)   Funcionalismo

c)   Conductismo

d)   Psicología de la Gestalt

e)   Reflexología

f)   Psicología Dinámica

3.  ¿Qué es Religión?

4.  Lo que los psicólogos dicen de la Religión

5.  Lo que algunos religiosos dicen de la Psicología

a)   El psicoanálisis es una forma de escapismo

b)   El psicoanálisis no libera plenamente del sentimiento de culpa por los pecados

c)   El psicoanálisis favorece la promiscuidad sexual y exhorta a no sentir sentimientos de culpa al respecto.

d)   El cristiano tiene que escoger entre el Evangelio y la Psicología

6.  Apertura al diálogo

7.  ¿Es posible una Psicología de la Experiencia Religiosa? –

a)   El enfoque psicológico

b)   El enfoque teológico

c)   El enfoque psico–teológico

CAPÍTULO II: LO RELIGIOSO EN EL HOMBRE

1.  El hombre desde el punto de vista filosófico

2.  El hombre desde el punto de vista bíblico–teológico

3.  El hombre como Gestalt Viviente en proceso de integración

4.  El proceso de integración de la Gestalt y su necesidad de creer

a)   El proceso en la descripción bíblica

b)   La necesidad de creer

5.  El por qué del ateísmo

a)   El desarrollo de la ciencia y la tecnología

b)   Tensión en la relación padre–hijo

c)   Desilusión

d)   Sustitución de la fe por un ídolo

e)   Gratificación del yo

f)   Proyección

g)   Racionalización

h)   Regresión

i)    Educación

j)    Resentimiento

CAPÍTULO III: LA CONVERSIÓN

1.  Definición

2.  Teología de la conversión

a)   Estancamiento espiritual

b)   Idolatría

3.  Historia de casos

a)   Pablo de Tarso

b)   Juan Wesley

c)   Gerardo Rivero

4.  Psico–teología de la Conversión

a)   Lo religioso en el hombre

b)   El encuentro con Dios

CAPITULO IV: LA ORACIÓN

1.  ¿Qué es la oración?

2.  ¿Por qué orar?

3.  La dimensión psicológica de la oración

a)   Confesión de pecado y seguridad del perdón

b)   integración de la personalidad

e)   Dedicación y decisión

d)   Renovación interior

4.  ¿Cómo orar?

5.  La oración y el inconsciente

CAPITULO V: LA DUDA

1.  La duda en la Biblia

2.  La duda como problema psicológico

3.  Duda existencial y duda neurótica

4.  ¿Qué hacer con nuestras dudas?

CAPÍTULO VI: LA VIDA EN CRISTO ES VIDA EN COMUNIDAD

1.  Definiciones

2.  La Anaquefalaiosis en Cristo en la Iglesia

a)   Nuestra división actual

b)   Interpretación bíblico–teológica de nuestra división actual

c)   Reflexiones

1)   La adolescencia de la Iglesia

2)   Los extremos se tocan

3)   La tarea pontifical

3.  La Iglesia: Comunidad redentora y terapéutica

CAPÍTULO VII: CONCLUSIONES Y REFLEXIONES

a)  Conclusiones

b)   Reflexiones

1)   Sobre el pecado

2)   Sobre el evangelista

3)   Sobre la evangelización

4)   Reflexiones personales

Glosario

Índice de términos griegos

Índice de términos latinos

Extracto:

4. El proceso de integración de la Gestalt y su necesidad de creer[1]

a) El proceso en la descripción bíblica:

Al mismo tiempo que el concepto de Reino de Dios, un concepto social, se presenta en el Nuevo Testamento como una realidad en curso de realización. El mismo tema –––aparece a nivel individual en las páginas de la Biblia. La tensión entre el “ya” y el “no todavía” que encontramos en la predicación del Reino en los Evangelios Sinópticos, aparece en los conceptos de salvación, redención y hombre nuevo, que se refieren básicamente al individuo, aunque señalan también a toda la humanidad.

En el concepto de salvación encontramos el proceso, que marcha hacia su consumación, en la epístola a los Romanos. En Romanos 11:11b encontramos estas palabras: “vino la salvación a los gentiles”. Se trata de un hecho consumado. Otros pasajes confirman la idea de que por la fe en Jesucristo la salvación se recibe en el acto: “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo tú y tu casa” dijo Pablo al carcelero de Filipo (Hechos 16:31). Sin embargo, a pesar de estas palabras impregnadas de seguridad, en la misma Epístola a los Romanos, Pablo dice: “porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos” (Rom. 13:11b). Tanto en 11:11b como en 13:11b la palabra salvación es la misma en griego (sotería), no se trata de una mala traducción, significa sencillamente que la salvación es un proceso que procura la plena integración de la vida del creyente, tanto en sus relaciones con Dios como con el prójimo.

En el concepto de redención encontramos también el proceso, que marcha hacia una consumación. Esta vez nos ocuparemos de la Epístola a los Efesios para encontrar la misma tensión entre el ”ya lo tengo” y el “todavía no lo tengo” que encontramos en Romanos. La palabra griega apolútrosis (redención) que procede del verbo lúo que significa desatar, significa “desate”, “liberación”. En Efesios 1:7 leemos “en quien tenemos la redención”. Se trata de la plena seguridad del cristiano referida al perdón de los pecados. Seguridad que tiene el creyente de que por la sangre derramada en el calvario, su arrepentimiento le asegura el perdón de sus pecados, una seguridad incuestionable. Pero en la misma epístola, en 4:30, leemos las siguientes palabras: “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención”. Aquí también la palabra griega es apolútrosis. Aquí se nos presenta la redención como una realización futura. Como en el caso de la palabra salvación, en Romanos, vemos en Efesios claramente que la redención es un proceso en curso de realización. Ya tenemos la seguridad de que hemos sido liberados por Cristo en lo que hace a la esencia del creyente, lo cual no implica que su existencia haya sido liberada, redimida. Mientras haya algo que tiranice, que esclavice al creyente, la redención cristiana no se ha consumado todavía. Hacia la culminación marchamos guiados por el Espíritu Santo quien conduce el proceso de la Anaquefalaiosis en Cristo, a todos los niveles, individual, social y cósmico. Estamos ahora en el proceso de integración de la Gestalt Viviente, desorganizada por el pecado.

En el concepto de hombre nuevo encontramos la misma tensión. Por un lado se nos presenta la nueva humanidad como una realidad y por el otro como una meta por alcanzar “… si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Cor. 5:17). “Hasta que todos lleguemos … a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13). Es importante señalar que tanto en el concepto de salvación, como en el de redención y en el de hombre nuevo, Pablo está escribiendo a creyentes y no a inconversos, cuando señala la meta por alcanzar. En 2 Cor. 5:17 no hay dudas de que el “estar en Cristo” significa una nueva perspectiva, que de hecho ya nos hace nuevas criaturas, porque inaugura el proceso de llegar a ser un hombre acabado, terminado, íntegro, que es el significado de las palabras anér teleiós, que aparecen en Efesios 4:13 y que Reina–Valera traducen por “varón perfecto” y que la Versión Popular traduce por “personas maduras” (el original está en singular). Es evidente que en este concepto, como en los dos estudiados anteriormente, aparece el proceso que marcha hacia su consumación.

Karl Barth hizo un estudio muy interesante sobre el hombre nuevo, tomando como punto de partida a Efesios 4:24: “Y vestíos del hombre nuevo, creado según Dios en la justicia y la santidad de la verdad”. Para Barth no hay la menor duda de que Jesucristo es el hombre nuevo y lo expresa en su obra en forma reiterada. Señala que en Gálatas 3:27 y Romanos 13:14 ‘revestirse’ del hombre nuevo consiste concretamente en ‘revestirse’ de Jesucristo”. Volviendo a Efesios 4:24 se pregunta: “¿Cómo puede atribuirse al sujeto ‘hombre’ la justicia, la santidad, la misericordia, la victoria sobre el pecado y la muerte y la inmunidad frente al diablo?” Afirma que esos son los atributos de Dios y no del hombre. Luego si Jesucristo es el Nuevo Hombre al cual debemos conformarnos todos los cristianos (Efesios 4:13), el proceso en el cual estamos envueltos se resume en las palabras que San Pablo dirigió a las iglesias de Galacia: “Hasta que Cristo sea formado en vosotros” (Gálatas 4:19). Es evidente que para San Pablo Jesucristo es el Hombre Nuevo, o el Nuevo Adán; sus reflexiones en este sentido aparecen en dos de sus más importantes epístolas: Romanos 5:12–21 y 1 Cor. 15:21–4.

Otro pasaje que nos ayuda a ver claramente el proceso, que describimos como el de la Gestalt Viviente en proceso de integración, lo encontramos en Efesios 4:22–32, donde Pablo reflexiona en torno al hombre viejo y al hombre nuevo. Quizás encontramos acá una aclaración de la tensión que encontramos entre: “Si alguno está en Cristo nueva criatura es” (2 Cor. 5:17) y “hasta que todos lleguemos… a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13). El pasaje nos asegura que “ya” no somos el hombre viejo, pero “todavía no” somos el hombre nuevo. El verso 4:22 se presta a confusión por la traducción “despojaos” de Reina–Valera. La Versión Popular empeora el asunto al traducir: “desháganse de su naturaleza vieja”. Uno se pregunta: ¿Cómo puedo deshacerme de mi vieja naturaleza? Nacar Colunga traduce: “despojaos del hombre viejo” (como Reina–Valera). El verbo griego apotithemi que aparece en 4:22 debe mejor traducirse por desvestirse. La idea es que si uno está en Cristo ya es una nueva criatura, (2 Cor. 5:17), ya uno no puede ser el hombre viejo, aun cuando puede usar un disfraz en el carnaval de la vida. T. K. Abbott al referirse a ese versículo dice: “Apotihemi, una figura para sacarse las ropas, igual a apekdusámenoi, Col. 3:9, como endusasthai ponerse las ropas. La frecuencia de esta figura en los escritores griegos levanta la pregunta de si hay referencia al cambio de vestido en el bautismo (Grotius)”. En un sermón sobre Efesios 4:21–32, que titula: “El Hombre Viejo y el Hombre Nuevo”, Karl Barth desarrolla el tema así: El primer punto es que el hombre viejo es solo un vestido. El segundo que el hombre viejo es un vestido inservible, y el tercero que este vestido puede ser quitado. Sobre el hombre nuevo hace las siguientes reflexiones: Primero que el hombre nuevo también es un vestido. El segundo punto es que este vestido que se nos permite ponernos, es útil y bello. Tercero que el hombre nuevo realmente podemos ponérnoslo. En sus conclusiones Barth afirma: “Cuando Jesucristo murió, tomó sobre sí mismo todo nuestro pecado y nuestra vergüenza, es decir, el hombre viejo lo llevó con él a la muerte y lo colocó en la tumba, y en ese momento nuestro pecado y vergüenza cesaron de ser nuestros o estar vivos. Allí nuestro pecado y nuestra vergüenza se convirtieron en una vestimenta…”. Más adelante dice: “Y cuando Jesús se levantó de entre los muertos creó y dio vida a nuestra justicia y santidad”. Barth no se refiere a un proceso. Es cierto que el hombre viejo ya no puede ser la piel del creyente, porque en Cristo se ha convertido en una nueva criatura, pero todavía el hombre nuevo no es su piel, todavía es un vestido. Pero San Pablo nos muestra muy claramente que la meta del cristiano es llegar a ser como Cristo, es decir, no tener solo la vestimenta de Cristo, sino ser como El, ser el hombre nuevo a la medida de su estatura. En mi opinión la idea del proceso está bien clara. Y como ya hemos señalado, este proceso de integración paulina de la Gestalt Viviente que es el hombre, no es más una manifestación particular de un proceso más amplio que denominamos Anaquefalalosis en Cristo.

Creyendo haber probado, bíblicamente, la existencia de un proceso de integración, nos falta probar que en la Gestalt Viviente existe, entre sus manifestaciones fundamentales, la necesidad de creer en un Ser trascendente, con el cual mantiene comunión y de donde le viene el crecimiento espiritual, el poder y la gracia.

Autor: Jorge Leon


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