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Contenido

Prefacio

Parte I – Piense antes de empezar

1. Los entresijos. El diario de un obrero de corta estancia. Ian Wallace

2.   ¿Para qué están los cristianos? Peter Cotterell

3.   Salvados para servir. Philip Hacking

Parte II – Qué esperar y cómo hacerle frente

4. ¿Por qué son distintas las culturas? David Burnett

Un cuaderno con las primeras impresiones. Richard  Suffern

5.   Cruzando el umbral. Ruth Batcherlo

Un tiempo para madurar. Eva Pettigrew

6.   Cómo enfrentarse al “choque cultural”. David Burnett

El poder de la impotencia. Cathy Humphries

7.   Cómo comprender a la iglesia nacional. Ken Okeke

Primeras impresiones–Tres veces. Ruth Nickerson

8.   Cómo relacionarse con la iglesia nacional. Bill Roberts

Me sucedió en Navidad. Sheena Lane

9.   Cómo nos ven los demás. Un cristiano nacional

Parte III – Cómo mantener el ritmo

10. Devocionales para los que asumen riesgos. Pauline Hoggarth

11. Cómo forjar buenas relaciones. Marjory Foyle

12. El matrimonio de acá para allá. Roy y Jan Stafford

13. Ser soltero y sentirse lleno. Ruth Fowke

14. Cómo cuidar de su salud. Verónica Moss

15. Cómo tratar la depresión. Marjory Foyle

16. El comportamiento cristiano en situaciones de crisis.   Peter Cotterell

17. ¡Aprenda ese idioma! David Bendor–Samuel y John Hollman

18. Ayudando a otros a aprender. Ruth Batchelor

19. Cómo relacionarse con otras creencias. Bill Houston

20. Guerra espiritual. Ruth Giesner

Parte IV – Pensar otra vez en casa

21. Cómo presentar diapositivas e influir sobre la gente.   Terry Gibson

22. Endulce su regreso a casa. Stuart Buchanan

El choque cultural a la inversa. Cathy Humphries

Viejo lugar, nuevo reto. Eva Pettigrew

¡Tómese unas vacaciones! Mike e Issie Carter

23.       Mantenga encendido el fuego en el hogar. Jim Graham

Extracto:

Cómo relacionarse con individuos

Toda comunión está compuesta por individuos. Cuanto más llegue a conocerlos y entenderlos, mejor será su relación con ellos. Durante mis veinte años como misionero en África occidental descubrí dos formas concretas de desarrollar esta relación.

En primer lugar se fomentó practicando la hospitalidad en nuestro propio hogar. Normalmente teníamos dos o tres estudiantes de secundaria viviendo continuamente con nosotros. Esto no sólo nos proporcionó una maravillosa oportunidad de discipularlos en el ambiente natural de una familia cristiana, sino que también nos enseñó mucho acerca de los africanos y de su cultura. También era evidente para todos que amábamos a los africanos. Los africanos se sentían con la libertad de visitar nuestra casa porque comíamos comida africana, vivíamos de una manera sencilla y hacíamos la mayoría de las cosas como los africanos. Esto hizo que se fortalecieran nuestras relaciones en el plano individual. También evitó que cayéramos en el viejo peligro de convertir el hogar del misionero en un pequeño rincón de Inglaterra (o de Norteamérica) en tierra extraña.

En segundo lugar, establecimos relaciones saludables siendo objeto de la hospitalidad de los africanos. Mi trabajo me exigía viajar mucho, así que al planificar estos viajes buscaba alguna oportunidad para quedarme en las casas de cristianos africanos. Cuando yo, misionero blanco, recibía la hospitalidad de los africanos negros –era obvio que disfrutaba de ello– nuestra relación se enriquecía sobremanera. Una vez más se ponía en práctica el principio del toma y daca.

En una relación uno no sólo da, sino que también recibe, dando así lugar a un crecimiento equilibrado. Por descontado que habrá algunas dificultades al experimentar con una comida, unas prácticas culturas y unas normas de higiene diferentes. Pero pronto aprenderá que simplemente porque algo sea distinto no por ello es automáticamente inferior. Puede que incluso llegue a darse cuenta de que todas esas manos de pintura que le da a la pared en su país, junto con el frecuente cambio del papel pintado y las moquetas, no eran más que una forma de malgastar el dinero del Señor.

Siempre me ha impresionado la manera en que Jesús, el judío, le pide ayuda a la mujer samaritana –“Dame de beber”. Nunca se establecerá una relación entre dos personas si una parte está siempre dando y la otra siempre recibiendo. Pero si usted recibe con auténtica humildad y da con un amor sacrificado, entonces va a conseguir hacerse muy buen amigo de otros cristianos cuyos trasfondos puede que sean totalmente diferentes de los suyos. No importa que procedan del campo o de la ciudad, que sean cultos o analfabetos, ricos o pobres, negros o blancos. Mientras estén “en Cristo” y usted tenga el firme propósito de practicar el principio de dar y recibir, no cabe duda de que experimentará algunas relaciones llenas de significado.


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