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Contenido

Prólogo

Introducción

1.   Predique con poder espiritual

2.   Predique con convicción

3.   Predique con compasión

4.   Predique con autoridad

5.   Predique con sentido de urgencia

6.   Predique con quebrantamiento

7.   Predique con todo su ser

8.   Predique con imaginación

Conclusión

Bibliografía

Extracto:

D. Martyn Lloyd-Jones dijo: “Predicar es lógica encendida”. Lo que quiso decir es que una buena predicación debe reunir dos elementos: Contenido bíblico bien razonado y pasión intensa. Muchos predicadores pierden una u otra parte de la fórmula. En la actualidad hay muchos que son todo emoción, pero no tienen contenido; he hablado sobre este desbalance en varias de mis obras.

En este libro, sin embargo, Alex Montoya trata la clase opuesta de desbalance: Predicadores cuyo contenido está bien, pero que su entrega es vacía y sin pasión. Más conveniente para la “caricatura” usual de un salón de clases que para un mensaje profético del Dios Todopoderoso.

Tales predicadores no comprenden el daño que hacen a la causa de la verdad. Deberían amar verdaderamente la Palabra de Dios y tener una fuerte consideración por la sana doctrina, pero su desapasionada entrega realmente comunica apatía e indiferencia. Al final, ellos minan el verdadero trabajo acerca del cual creen que fueron llamados a llevar adelante. El mundo (y la iglesia) serían mejor sin tales predicadores.

Con frecuencia he dicho que si un hombre es incapaz de apasionarse por la Palabra de Dios, no fue llamado a predicar. Si alguien puede permanecer en el púlpito y lograr que la Palabra del Dios vivo suene seca y aburrida, debe sentarse y dejar que alguien más predique.

Esto se aplica aun para alguien que posee grandes credenciales académicas; los logros educativos por sí mismos no pueden hacer que una persona llene los requisitos para predicar. La mera lógica sin el fuego de la pasión está lejos del ideal bíblico de la predicación.

En efecto, estoy convencido de que aun hoy día en las más sonadas y sólidas iglesias bíblicas, mucho de lo que está etiquetado como predicación realmente no lo es. Apaguen el retroproyector, eliminen las presentaciones con programas de computadoras, dejen de darle a las personas las notas con el bosquejo, y permitan que el hombre de Dios proclame la verdad auténtica, con corazón fervoroso, con energía dada por la unción del Espíritu Santo. Eso es predicación.

Esto no es un argumento en contra de prepararse o de capacitarse. La buena predicación ocurre cuando la mente bien preparada, llena de conocimiento, habilitada para explicar, motivada por el amor, por la verdad, y con energía dada por el Espíritu Santo, habla poderosamente. El verdadero predicador no se contenta con informar a su audiencia un poco sobre materias académicas. Él quiere saturarlos con la exposición clara y poderosa de la Palabra de tal manera que sientan el efecto de la verdad de Dios en el nivel más fundamental.

Tal vez nadie esté mejor equipado para escribir sobre la predicación apasionada que Alex Montoya. El predica con su ejemplo, con una ardiente pasión por la verdad. Alex ha sido un buen amigo mío y colaborador por muchos años. Todos los que lo conocen están de acuerdo en que su pasión es contagiosa. Espero que este libro inicie una “epidemia” sobre el particular.

Autor: Alex Montoya


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