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Contenido

Prefacio por Billy Graham

1.   La derrota de Satanás

2.   El leñador intrépido

3.   ¿Es la evangelización del mundo la tarea supremade la iglesia?

4.   ¿Por qué escuchar el evangelio dos veces antes que todos lo hayan escuchado una vez?

5.   ¿Retornará Cristo antes que el mundo haya sido evangelizado?

6.   ¿Nos atreveremos a ignorar el desafío de la tarea inconclusa?

7.   ¿Por qué ha fracasado la iglesia en la evangelizacióndel mundo?

8.   ¿Por qué debemos ofrendar para las misiones?

9.   La necesidad actual

10. Evangelización: la respuesta divina a un mundoque gime

11. Dios manifiesta su poder en los avivamientos

12. Resultados perdurables de la evangelizacióny el avivamiento

13. Cómo podemos tener un avivamiento hoy

Tabla de aportes

Extracto:

Salvación

Las almas, digo, se salvarán. Habrá convicción real, genuina, como en tiempos antiguos, la convicción de pecado que trae el Espíritu Santo. El pecado se considerará algo terrible, feo, espantoso. ¡Si volviera esa convicción! ¡Qué livianamente miramos hoy al pecado! ¡Qué terrible es a la vista de Dios! Necesitamos avivamiento para traer el sentido de la horrible realidad del pecado. Y así habrá convicción y salvación de almas.

Hace un instante mencioné el poder de Dios, porque eso es lo que es un avivamiento: la manifestación del poder de Dios. «Ignorando […] el poder de Dios» (Mateo 22.25) es una de las frases más estremecedoras de la Biblia. ¡Cuán ciertas son hoy día! ¡Cuán poco conocemos su poder! «El poder del Señor estaba con él» (Lucas 5.17) es otra gran declaración. ¿Cuando pudimos decir al finalizar un culto que: «El poder de Dios estaba con él». Nuestros servicios suelen ser fríos, formales, comunes y corrientes, que no hay evidencia de la presencia de Dios. «Estaban todos maravillados» (Lucas 4.36). ¿Cuándo —vuelvo a preguntar— estuvimos maravillados por la presencia de Dios? ¿Qué ocurre en nuestros cultos como para que nos maravillemos? ¿Cuándo fue la última vez que experimentamos una manifestación del poder de Dios? ¿Nos quedamos maravillados alguna vez? ¿Conocemos algo de esa experiencia, o será que lo que experimentó la Iglesia Primitiva nos es completamente desconocido a nosotros?

¿Sabemos que cuando hay en marcha un avivamiento, la misma atmósfera de la comunidad parece cargada con la presencia de Dios? Fue así una vez en Kentucky, con los que se acercaban al lugar de reunión. Al llegar a cierta distancia había una extraña, misteriosa atmósfera, difícil de explicar, excepto que fuera por la conciencia de la presencia de Dios. Se tenía ese sentimiento antes de entrar al local y los extraños al llegar más cerca, tenían conciencia de una creciente realidad de la presencia de Dios. Sabían que Dios estaba allí.

Juicio

Cuando hay un avivamiento, hay a la vez juicio y salvación. Leamos, si queremos, las historias de los avivamientos. Descubriremos que cuando la gente se opone más a Dios y a la obra del Espíritu de Cristo en su comunidad, Dios los acosa con juicio y muerte a veces, como en el caso de Ananías y Safira (Hechos 5.1–11). Carlos G. Finney tuvo esa experiencia una y otra vez. Dios se manifiesta en los avivamientos en juicio y salvación; sabe cómo obrar con los que se le oponen y usa a algunos como ejemplo. Wesley podía dar testimonio de esta realidad. Los hombres caían delante de sus propios ojos y más de uno era juzgado allí mismo. Es peligroso jugar con Dios o con su obra durante los avivamientos. A los ateos de pronto se les llama a juicio, como prevención para los otros. Dios vive y en las épocas del avivamiento el pueblo lo sabe.

Recuerdo el relato del reverendo F. Clark, durante una campaña realizada en Toronto. Contó de un tabernero que se oponía abiertamente al avivamiento, más que nada porque sus parroquianos estaban abandonándole. Un día el tabernero resolvió volver a atraer a su clientela denunciando al evangelista. Esa noche asistió a la reunión. El predicador había luchado desesperadamente por hallar un texto sobre el que hablar, pero el único que parecía que Dios le daba, era: «Ordena tu casa, porque vas a morir, ya no vivirás» (2 Reyes 20.1). Una y otra vez trató de desecharlo de su mente, y buscar otro, pero no podía. Al fin resolvió usarlo. Cuando en la noche vino el momento de predicar, anunció el texto, y al hacerlo, el tabernero saltó sobre sus pies, y lanzó tal serie de improperios que dejó petrificada a la congregación. De pronto se calló, como si le faltara la respiración. Luego empezó a toser, le salió sangre de la boca y cayó muerto. Tan manifiesto era el poder de Dios aquella noche y su juicio tan notable, que casi todos los inconversos buscaron al Salvador. Así, en los días de avivamiento, Dios usa tanto el juicio como la salvación para manifestarse.

Autor: Oswald Smith


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