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Contenido

1 Confusión e impaciencia en el matrimonio cuando se conversa acerca de las diferencias

2    Dios nos hizo diferentes para beneficiarnos

3    Sorprendentes elecciones de seres humanos inteligentes

4    Juntos pero no unidos: Elegir la incapacidad

5    Abandono por las diferencias: Elegir la cobardía

6    Aprender a vivir con las diferencias: Elegir el amor, la fe y la paciencia

7    Las expectativas, las demandas exageradas y las diferencias

8    El estrés y las diferencias

9    Las diferencias y la actitud de los cónyuges

10  Aprender a sacar beneficios de nuestras diferencias

11  Humanos y pecadores inevitablemente

12  Egoístas y egocéntricos naturalmente

13  Abiertos y dispuestos necesariamente

14  Pacientes y dedicados obligatoriamente

15  Decididos y determinados indispensablemente

Epílogo


Extracto:

Un examen de la realidad

De acuerdo a todo lo que he compartido y al darse cuenta de las tristes consecuencias que vivirán aquellos que eligen opciones erróneas, es posible que usted esté preguntándose si existe una mejor. La buena noticia es que sí existe. En efecto, no es algo irreal, pues es la opción que han tomado miles de matrimonios, que como el nuestro, a pesar de las diferencias que tenemos, disfrutamos de una buena relación conyugal.

Puedo decirle que nunca se arrepentirá de la decisión tomada si decide seguir las sugerencias que he decidido compartir, pero para ello, primero debe ser lo suficientemente honesto como para hacer un crudo pero real examen de su realidad.

Creo que podemos aprender a vivir juntos y contentos, aunque seamos diferentes, no importa cuán seria sea la situación en que se encuentran en su vida conyugal siempre y cuando existan dos personas totalmente determinadas a cambiar lo indispensable. Recuerde siempre este principio: «O aprendemos a vivir con nuestras diferencias o terminamos divorciados».

O aprendemos a vivir con nuestras diferencias o terminamos divorciados.

La mayoría de las parejas que sienten que se encuentran en el caos en su relación matrimonial, debido a que no pueden vivir con sus diferencias, viven días y noches de extrema intranquilidad. No es fácil ni sencillo vivir cuando las diferencias se han convertido en constantes enemigas y en una barrera imposible de sortear.

Algunos, por haber tenido expectativas irreales de lo que iba a ser el matrimonio, nunca se imaginaron que encontrarían tan grande decepción. Nunca pensaron que se casarían con alguien tan diferente a ellos, y hoy viven arrepentidos de su elección. Si usted se encuentra allí, comprende lo que estoy diciendo.

Por supuesto que todos hemos tenido problemas de ajustes en nuestros matrimonios. ¿No es cierto que cuando tenía problemas en el pasado, nunca pensaba que estos serían tan graves que le instigarían a pensar en el divorcio? ¿No es cierto que los graves problemas parecían patrimonio de otros y los pensamientos de divorcio parecían muy lejanos? ¿No es cierto que es demasiado triste descubrir que uno ha estado equivocado?

Aunque es triste, por lo general descubrimos esto en medio de las crisis porque allí aparece nuestra impotencia, porque es allí que notamos que nos enfrentamos a fuerzas que son más grandes que nosotros.

Vivimos en una crisis cuando notamos que los problemas son más complejos que los que hemos podido solucionar en el pasado. Generalmente estos momentos están acompañados de sentimientos de impotencia, frustración, desesperanza, porque parece que todo el mundo construido en tantos años, definitivamente se viene abajo.

Es allí cuando nos enfrentamos a una nueva crisis, una de esas que son recurrentes y que por momentos nos llevan a pensar que todas las buenas determinaciones pasadas y todas las promesas de cambio de nuestro cónyuge, no fueron sino una vil patraña para seguir manipulando una relación interpersonal que moría.

Todos los que han escuchado declaraciones como éstas, saben que producen una profunda decepción: «Ya no quiero volver a hablar más del asunto», «ya hemos hablado de esto lo suficiente», «no importa lo que prometas, siempre volveremos a lo mismo», «estamos en el mismo lugar en que estábamos seis meses atrás».

Entre las muchas otras cosas que he descubierto en la vida matrimonial, algo que me sigue impactando es que no importa cuántas veces hablemos de un asunto, ese tema nunca estará agotado. Tendremos que volver a él vez tras vez y en algunas oportunidades necesitaremos repetir la conversación, ahora sin haberlo planificado y generalmente en medio de tiempos de crisis.


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