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Contenido

Prólogo

1.   La singularidad de nuestra misión transcultural

David D. Ruiz M

2.   Base veterotestamentaria de la misión transcultural:integral y profética

Pablo Davies

3.   Base neotestamentaria de la misión transcultural

Tito Paredes

4.   Internacionalización o anglonización de la misión

Federico A. Bertuzzi

5.   Misioneros latinos: ¿hijos del postmodernismo?

Pablo Carrillo Luna

Resumen y conclusiones

Extracto:

Israel y los profetas

El problema con Israel es que no cumplió con su misión de ser el pueblo ejemplar para las naciones. Pensó que la elección era un privilegio, que Dios era su Dios y no el Dios de todo el mundo, que podía vivir en cualquier forma y todavía ganar la aprobación de Dios, que la religión externa bastaba para agradarlo. Aquí entra el elemento profético en la vida de Israel.

Es muy importante entender que la base del ministerio profético en el Antiguo Testamento descansa en el pacto, y especialmente, en la renovación del pacto encontrada en Deuteronomio. Ya vimos que este libro se escribió como un manual para vivir como testimonio entre las naciones (Dt 4:5–8). Pero la importancia de Deuteronomio en el ministerio profético se ve no solamente en que contiene las leyes para guiar a la gente sino también en que contiene las bendiciones y las maldiciones del pacto (caps. 27 y 28). «Si realmente escuchas al Señor tu Dios, y cumples fielmente todos estos mandamientos que hoy te ordeno, el Señor te pondrá por encima de todas las naciones de la tierra» (28:1). Con la obediencia vienen las bendiciones. A la luz de todo lo que ya hemos considerado, esta primera bendición muestra que estar «por encima de todas las naciones» es un concepto sumamente misionero (Ex 19:5). «Pero debes saber que, si no obedeces al Señor tu Dios ni cumples fielmente todos los mandamientos y preceptos que hoy te ordeno, vendrán sobre ti y te alcanzarán todas estas maldiciones» (28:15.) La bendición de Dios sobre Israel no fue solamente para el bien de Israel sino para que las naciones supieran lo que pasa cuando una nación obedece a Yahvé. El Salmo 33 muestra esto claramente.

Estos capítulos son esenciales para el entendimiento del ministerio profético. Los juicios pronunciados por los profetas, especialmente de la época pre-exílica, tienen que ver con estas maldiciones. Entonces los profetas analizaban el contexto concreto de Israel en un momento histórico y, a la luz de las leyes de Deuteronomio y las maldiciones y bendiciones, pronunciaban el juicio sobre el pueblo. Es decir, el ministerio de los profetas fue de predicación en vez de predicción. Los profetas se denominaron «los guardias del pacto», llamando a Israel a volver a la obediencia del pacto de Dios. Pero también fueron heraldos de las maldiciones del pacto, pues podemos ver que al fin de las maldiciones, cómo el exilio, fue el cumplimiento de Deuteronomio 28:49–68. Se puede decir que Dios concluye que es mejor no tener ningún testimonio que tener uno malo.

Ezequiel hablando después del exilio, expresa esta preocupación claramente. En 36:18-32 explica que, por su violencia e idolatría, el Señor había dispersado a Israel entre las naciones, donde habían seguido en su forma de vivir, por lo cual el santo nombre del Señor había sido profanado entre esas naciones (36:18-21). Pero el Señor va a renovar el pacto, dar a conocer su santidad y entonces «las naciones sabrán que yo soy el Señor» (36:23). Pero todo esto conlleva el milagro de un nuevo corazón infundido con el Espíritu de Yahvé en la vida de Israel (36:24-30).

El deseo del Señor es que todas las naciones lo conozcan. Él usó la formación de Israel para mostrar cómo se podía realizar este deseo en una nación. Pero Israel fracasó. Dios le envió a los profetas para llamarlo a volver al pacto y la ley y para anunciar lo que iba a pasar si no obedecía. Y todo esto para que las naciones supieran que el Señor es Dios.


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