Isaías – quien vio a Jehová y quedó quebrantado y luego comisionado (10)

Isaías 6:1-9

Introducción

Isaías ha sido llamado el “quinto evangelista” porque su mensaje resuena por los dos testamentos: el doble tema del Salvador de Israel y su vívida descripción del Mesías en su muerte vicaria y hasta la resurrección (Isaías 53). Se desata como el profeta mayor entre todos. Su nombre quiere decir “Jehová  es salvador” muy semejante al significando de estos nombres: Josué y Jesús.  Su mensaje y sus dotes literarios no han sido igualados en el A. T.  Era un varón de Dios, llamado y perdonado por Dios y en la mano de Dios era una “saeta bruñida” (Isa. 49:2).

No se sabe mucho de su parentesco, pero tenía acceso a los reyes y al templo. Se considera que su ministerio abarcó por lo menos unos cuarenta años (740-701 (a.C.) desde la muerte de Uzías (Isa. 6:1), el reinado de Jotam, Acaz el apóstata y Ezequías el bueno.  Isaías vivió el esplendor de los últimos años de Uzías, la maldad de Acaz y el avivamiento bajo Ezequías  y por colmo la invasión de Senaquerib en 701 a.C.  Durante sus años presenció el surgir de los asirios y la caída de Samaria (722  a.C.) y los babilónicos como futuros enemigos de Judá.  Isaías era un personaje clave en el trayecto del pueblo de Dios. La leyenda nos dice que murió “aserrado” (Heb.11:37).

El Trasfondo histórico de la era de Isaías

Para apreciar el ministerio de Isaías se tiene que entender su trasfondo histórico.  Vivió las glorias de Uzías quien reinó por 42 años  Bajo Uzías, Judá se volvió a la grandeza de David y Salomón, pero tal engrandecimiento resultó en el orgullo de Uzías quien se metió en el santuario para ofrecer incienso. Cuando fue reprendido por el sumo sacerdote, Azarías en el mero desafío, se volvió leproso. Uzías tuvo que salir precipitadamente del santuario, y lo perdió todo, teniendo que retirarse de su gloria bajo el estigma de ser leproso. ¡Qué tremenda lección para Isaías y se fijó Isaías en eso: “en el año que murió Uzías vi yo al Señor” (Isa. 6:1).  No fue una mera coincidencia el coincidir de los dos eventos sino para Isaías fue motivo de un auto examen serio.

Parece que podemos decir que Isaías ya era profeta cuando vio al Señor.  La elocuencia de Isaías de capítulo1 al describir la hipocresía de Judá se destaca; la profecía del reinado universal del Mesías de capítulo 2 se ve también en Miqueas 4:1-3;  la profecía en contra de Jerusalén y Judá de capítulo 3; el glorioso futuro de la santa ciudad de capítulo 4 y la famosa parábola de la viña siendo el pueblo de Judá, todo esto revela su llamado, sus talentos y la bendición de Dios en su ministerio público.

Un Encuentro directo e íntimo con Jehová (Jesús pre encarnado)

Antes de seguir adelante es bueno captar de parte del apóstol Juan a quien vio Isaías. Juan cita a Isaías: “Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón, para que no vean con los ojos, y entiendan con el corazón y se conviertan, yo los sane. (Isaías 6:10) Isaías dijo esto cuando vio su gloria y habló acerca de él” (Juan12:39-41). Lo que estamos a punto de estudiar fue una revelación de Cristo pre encarnado que Dios le dio a Isaías en su gracia.  Esto lo sabemos porque este encuentro cambió el rumbo de Isaías, el indispensable encuentro con Cristo que cada líder bíblico necesita tener.

Es cierto que no nos toca un encuentro tan dramático y espectacular como el que Dios le dio a su profeta; sin embargo es menester que cada uno tengamos por fe “el espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza” (Efesios 1:17-19).  No importa tanto la experiencia misma ni la variedad de tal revelación, pero debe haber semejante encuentro a nivel de nuestro andar y por fe.  Esto no tiene que ser una “segunda obra de gracia” sino una extensión de caminar por fe y no por vista (2 Cor. 5: 7) No es tanto el cuándo, ni el cómo sino el qué que resulta en un quebrantamiento y dedicación o re dedicación a luz de la Cruz.

La majestuosidad de Jehová   Isaías 6:1- 4

La muerte de Uzías sin duda puso en relieve el precio alto que pagó él por su orgullo, llamado a ser rey por Dios, pero se desvió tras los honores y los privilegios de tal puesto.  Dios nos honra con la dignidad de nuestro ministerio, pero sólo un paso falso nos separa de ese honor. Tan fácil es tomar para uno mismo el honor de hablar por Dios como si fuese el suyo propio. En lugar de ser mayordomo de lo dado y dar gracias a Dios, llegamos a ser dueño de ese honor y como Uzías pagaremos un precio muy alto.  Hasta Lucero fue el querubín más hermano (Ez. 28:11-17), pero empezó a contemplar su hermosura y la tomó por la suya y dio principio al pecado, el de orgullo. Dios tendría que tratar de antemano con Isaías en esta área tan delicada.  El líder se pone en gran peligro cuando Dios lo bendice y lo usa. Es tan fácil dejar reinar el orgullo secreto. ¡Cuántos pastores y evangelistas han caído precisamente en este momento peligroso!

Es interesante que Isaías vio a Jehová en el templo, en ese ambiente en que se mueve Dios.  La descripción habla por sí: “Vi yo en Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo.  Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies y con dos volaban” (6:1, 2). La gloria  era tan extremosa que aun los criaturas más sublimes no podían verlo, mucho menos una criatura pecaminosa.

El constante llamar el uno al otro era “santo, santo, santo” ante el tres veces santo, Dios trino. Es Jehová de los ejércitos, el todopoderoso.  Hasta las quiciales se estremecieron y la casa se llenó de humo, recordatorio de la consagración del tabernáculo (Ex. 40: 34-38). La santidad de Jehová (Jesús pre encarnado) hubiera consumado a toda criatura sino fuera por la misericordia de Dios. Con razón dice Juan: “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer” (Gr. le ha revelado–exégesis de Dios (Juan 1:18).

La absoluta humillación de Isaías    Isaías 6: 5-7

En el mismo instante no pudo haber habido otra reacción, aun del profeta honrado por el don de la profecía. “Entonces dije; ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos” (6:5).  Esos labios tan elocuentes motivados tantas veces por el orgullo humano se volvieron inmundos y sordos. No le echó la culpa al pueblo porque de sí confesó primero su propia inmundicia.  Luego en otro lugar dice: “Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia (el cuadro es de trapos de la sangre menstrual); y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestra maldades nos llevaron como viento” (Isa. 64:6)  Es una descripción fuerte y fea, pero Isaías sabía bien de que habló. Citamos ese versículo a los incrédulos en el evangelismo, pero sigue siendo una descripción  de todo lo que procede de nuestra carne, el viejo hombre ya crucificado con Cristo (Rom. 6:6).

El líder bíblico no tiene el derecho de hablar por Dio hasta verse tal como Dios lo ve, nunca nada hermoso sino bien feo. Uno no puede producir esta revelación. Ni la busca porque no es nada agradable. Le tiene que llegar en el momento del encuentro con Dios.  Dios se reúne con nosotros cuando vea la seriedad y “el hambre y sed de justicia” (Mateo 5:6) que dejamos que el Espíritu produzca en nosotros. Dios se encuentra con nosotros cuando en serio lo vamos a obedecer.

El quebrantamiento en alguna forma es absolutamente necesario. Puede llegar a nosotros por un fracaso nuestro, una situación injusta, algún sufrimiento que Dios permite entrar en la vida. Pero nos lo manda para bendecirnos más.” “Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia” (Heb. 5:8).

Mi testimonio personal, una entrada en la victoria pero mantenida sólo por andar HOY por fe en esa muerte.

Si me permite un testimonio personal. En mi primer pastorado en Winnipeg, MB, Canadá 1949-54, no quedaba satisfecho con el progreso espiritual de mis miembros. Claro la culpa era de ellos; no entendían  su unión con Cristo. Se me ocurrió exponer el libro a los Romanos.  Llegué a Romanos 6:6 un domingo en el frío invierno: “Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido —cancelado –a fin de que no sirvamos más al pecado” Grande fue mi consternación cuando el Espíritu me dijo, no en voz alta sino a mi espíritu: “Tú, Ernesto eres hipócrita. ¡No conoces nada de esto!”  Pero lo había estudiado; lo creía de intelecto pero no lo conocía de corazón.  ¡Qué golpe y revelación de mi urgente necesidad la cual ignoraba por tanto tiempo! Esa noche en oración con mi esposa dije: “Señor, cuéstame lo que me cueste, tengo que conocer esto, si no, no sigo en el ministerio.” Era honesto y desesperado.

Pasaron unos meses y me llegó la primera invitación de ser “conferencista” en una iglesia que conocía. Acepté con gusto la invitación y llegué para los cinco días. Me dijo el pastor interino: “Hay otro conferencista, Ed Folden, pero quiero que tú prediques mañana en la mañana.” Pensé: ¡qué bien me escogió a mí, pero claro no se lo dije en voz alta, pero fue mi primera reacción que traté de suprimir.  Así prediqué ese domingo y Ed Folden en la tarde. Pero no subió él a la plataforma. Sólo en frente en pie abrió la Biblia y habló.

No recuerdo ni pensamiento alguno del sermón porque Dios me dio una paliza bien fuerte. Me dijo a mi espíritu: “Ernesto, quiero que tú confieses, delante de todos estos que te conocen, tu orgullo, batallas y fracasos con los malos pensamientos.”  Respondí en mi espíritu: “Pero, pero, Señor, me van a correr para la casa.” Pero por fin dije que sí. Después pedí la palabra y ante todos empecé a confesar mi orgullo espiritual, mis fracasos. Pronto me eché a llorar, tal que no pude continuar. Me senté llorando pero por la primera vez en mi vida libre de ese disfraz falso. Y me llegó preciso a mi corazón: “Sabiendo esto que Ernesto fue crucificado juntamente con él . . . .” Hay más pero eso fue mi encuentro personal que sigue conmigo hasta hoy mismo.

Entré en la victoria por el quebrantamiento y el conocimiento de Romanos 6:6, mi verso favorito. Claro una experiencia por grande que sea, no dura para siempre. He tenido que volver vez tras vez a esta verdad libertadora y afirmarla y abrazarla. Pero ahora me es mucho más fácil aceptar mi muerte con Cristo porque vive él en mí y yo en él.

El Perdón y la restauración de Isaías ya preparado para servir   Isa. 6:6-9

Tan real y tan definido que fue el quebrantamiento, tan real fue la purificación divina.  Lo crítico no es el quebrantamiento sino el perdón que tocó precisamente el mal. “Y voló hacia mí uno de los serafines teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado” (6: 6, 7).  Dios conoce el nivel de seriedad y compromiso tuyo y responde inmediatamente.  Seguir el Crucificado no puede significar menos que muerte, vergüenza, humillación, pero éste es el camino de la Cruz el camino hacia la victoria en toda área de la vida. Hay un precio que pagar pero sobresale la libertad que Cristo trae.

Fíjate en el carbón que tocó los labios, área tan sensible y tierna.  La lengua expresa el mal del corazón y la Cruz está puesta precisamente donde está el mal. No es pura consecuencia que sigue: “Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?” (6:8).  Ésta es la lógica divina, sin quebrantamiento no puede haber el verdadero enviar. Ya no hay barrera alguna. Responde Isaías: “Heme aquí, envíame a mí. Y dijo; Anda, y di a este pueblo . . .” (6:8,9). A veces se usa esta porción como un llamado misionero.  Está bien. pero viene en el contexto de un quebrantamiento en la vida del que ya ejerce su llamado. Dios sólo envía a quienes se ven y toman su lugar con Cristo en la cruz –una vida muerta al pecado y al «yo» y una vida resucitada y disponible al Espíritu. ¡Quiera Dios que sea así en ti y en mí!

Fuertes lecciones por aprender a través del quebrantamiento y restauración de Isaías

1.       Isaías probablemente era profeta ya elocuente y usado por Dios, pero no había visto al Señor ni a sí mismo. Es posible estar en la obra sirviendo sin verse como lo es.

2.       La vida de Uzías y su muerte bajo castigo por su orgullo nos es una fuerte lección.

3.       La santidad de Dios nos quiebra; ninguno puede estar en su presencia. No cabe el orgullo que se manifiesta a través de la lengua en mil maneras.

4.       Dios sabe tocar esa área de nuestro mal Nos corresponde admite en términos claros y definitivos los pecados nuestros. No eches a culpa a nadie más sino sólo a tí mismo.

5.       El carbón tocó sus labios–le dolió en gran manera, pero lo sanó; tan inmediata fue la “crucifixión” que la restauración. Compara: “Miserable de mí, ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro” Rom.7:24.

6.       De golpe la carga del corazón de Dios busca a quién enviar porque tal está preparado.

7.       El quebrantado y el restaurado sale con “humildad y mansedumbre” de acuerdo con la primera ley del Maestro: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:29).

8.       El liderazgo bíblico depende de Cristo que nos reduce el «yo» a la nada para que él tenga la pre eminencia en todo (Col. 1:18; 1 Cor. 1:.25-31). Otra vez volvemos a la Cruz para que el Espíritu Santo haga su obra en nosotros ya unidos a Cristo crucificado y resucitado (Romanos 6:1-14).

Dr. G. Ernesto Johnson
Instituto Bíblico Río Grande

Gordon Johnson

Autor: Gordon Johnson

es reconocido en América latina como conferencista. Ha servido como profesor en el Seminario Bíblico Rio Grande, Texas desde 1954, siendo presidente de la institución por muchos años también. Tiene diversos títulos entre los cuales recibió un Masters en Estudios Latinoamericanos y un doctorado en Misionología.


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