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Contenido

Presentación

Prólogo

Parte I
LAS BASES PARA LA TRANSFORMACIÓN
DE LA IGLESIA

1. El origen de la iglesia que quiere terminar bien

2.   Las iglesias fuertes producen discípulos

3.   El llamado a examinar el propósito de la iglesia

4.   El llamado a examinar el compromiso de la iglesia

5.   El resultado esperado de la iglesia

6.   El fruto que Cristo espera de la iglesia

Parte II
EL PROCESO DEL DESARROLLO
DE LA IGLESIA

7. Cómo se producen discípulos incondicionales

8.   Una mejor segmentación de la iglesia

9.   El proceso de desarrollo de la iglesia

Parte III
EL PAPEL DEL PASTOR EN LA TRANSFORMACIÓN
DE LA IGLESIA

10. La transformación  de la tarea pastoral

11. ¿Cuál es mi rol en la evangelización del mundo?

Conclusiones

Bibliografía

Extracto:

El compromiso personal para ser parte del reino de los cielos

Este es un pasaje interesante (vv. 1–5), hasta parece un poco cómico. Encontramos a los discípulos discutiendo entre ellos mismos para establecer quién sería el mayor en el reino de los cielos. Lo interesante y cómico de todo es que ni siquiera habían entendido la explicación de cómo ser parte del Reino. Las afirmaciones que leímos en el capítulo 16 quedaron demasiado lejos del alcance de su razonamiento, o quizás, como sucede en la iglesia de nuestros tiempos, su vista estaba tan abajo que les fue imposible ver la dimensión gloriosa de la iglesia según Jesucristo.

En este primer pasaje del capítulo, el Señor no sólo les dice que el reino de los cielos no es un lugar para buscar posiciones o para luchar por los niveles, sino que la economía del reino de los cielos es completamente diferente a todo lo que conocen en el mundo. Como respuesta a esta discusión irrelevante, Jesús llama a un niño y lo pone medio de ellos y les dice aquellas palabras claras: «De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos» (Mateo 18:3). Dos cosas quedan claramente establecidas en esta lección objetiva. En primer lugar, se afirma que para entrar al reino de los cielos es necesario ser como niños. Obviamente, esto no está hablando de que nosotros los cristianos comencemos a balbucear, a dejar que la saliva corra fuera de nuestra boca, a volver a usar pañales desechables o a conducirnos como niños; esta afirmación es más bien un llamado a que nosotros tengamos la actitud correcta para entrar al reino de los cielos. Primeramente, debemos estar conscientes de nuestra pequeñez, comparados con la grandeza de Cristo y de su sacrificio. Luego, debemos estar conscientes de nuestra ignorancia comparada con todo su saber soberano y, sobre todo, de nuestra incapacidad de poder aprender por nosotros mismos el camino que nos lleva a la vida. De esa afirmación concluimos que necesitamos colocar a Jesucristo en el trono de nuestro corazón y dejar que, como niños, nuestros corazones sean encaminados a la sincera obediencia a Cristo.

En segundo lugar, establece que para entrar en el reino de los cielos es necesario humillarse como niños. Debemos tener y conservar la humildad necesaria para reconocer nuestra dependencia de Dios, no sólo para entrar, sino también para conducirnos como dignos de ese reino ganado por la sangre de Jesucristo; humildad que nos lleva a ejercer con responsabilidad nuestra actitud de siervos de los demás.

Autor: David Ruiz


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