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Contenido

Prólogo, por Justo L. González

Reconocimientos

Capítulos

1.   El Evangelio y la cultura del adolescente

2.   Las necesidades y los valores de la juventud

3.   Estrategias para el ministerio con la juventud

Apéndices

1.   Estudio de caso

2.   Cuestionario

Bibliografía comentada

Extracto:

A. La juventud necesita desarrollar una imagen adecuada de sí misma

Como indicamos en al capítulo anterior, podemos afirmar que el propósito principal de la adolescencia es formar la identidad de la persona. Un elemento vital en el desarrollo de la identidad es la auto-estima; el «sentirse bien con o positivo hacia uno mismo». Cuando un joven tiene una auto-estima baja, tiende a manifestar conducta enajenante y auto-destructiva. Por el contrario, cuando una joven tiene una auto-estima saludable, encuentra que la vida tiene propósito y ve el futuro con esperanza.

Los sentimientos de poca valía hacen que la gente se torne violenta consigo misma. Cuando la baja auto-estima se une a la auto-crítica severa y a la falta de confianza en sí misma, la persona tiende a manifestar problemas fisicos y emocionales. Por ejemplo, puede desarrollar desórdenes en la piel, enfermedades físicas, o estados psicológicos debilitantes. La baja auto-estima también aumenta la tendencia a caer en el uso de substancias controladas, el suicidio, y la conducta auto-destructiva.

Aquellas personas que se critican severamente a sí mismas usualmente piensan que las demás las juzgan de la misma manera. Por eso se sienten incómodas en situaciones de grupo y se protegen cuidadosamente para que el grupo no las vea en forma negativa. En su deseo de escapar de la crítica negativa, la persona que sufre de baja auto-estima trata de evitar las relaciones humanas profundas o duraderas. Esto le causa problemas en las relaciones en el salón de clases, la relación con Dios, las relaciones de familia y las relaciones con el sexo opuesto.

¿Qué puede hacer la iglesia para ayudar a la juventud a desarrollar una imagen adecuada de sí misma? En primer lugar, debe ofrecerle una comunidad de apoyo. Las buenas relaciones con las amistades, los maestros y los padres fortalecen los sentimientos de auto-estima, y ayudan a la gente joven a afirmar su valor y su significado. Segundo, debe mostrarle el amor de Dios encarnado en la vida de la iglesia. Las personas jóvenes con baja auto-estima tienen a pensar que Dios es un ser vengativo y controlador (si viven en situaciones de violencia doméstica, piensan que Dios es tan violento y desalmado como sus propios padres). Por eso, la iglesia debe ayudarles a establecer una buena relación con Dios, demostrarles que Dios les ama, y convencerles de que son miembros importantes de la familia de Dios. Cuando ese mensaje le «amanece» a una persona que siente que no vale nada, es una verdadera «buena noticia». Este cambio de percepción conduce a una nueva forma de ver la vida, a emerger de las cavernas de la soledad, y a re-establecer contacto con uno mismo, con otros y con Dios.

Algunas de las actividades específicas que podemos hacer para combatir la baja auto-estima son las siguientes:

•     Celebrar actividades que permitan hacer y cultivar amistades.

•     Proveer un marco hermenéutico—es decir, interpretativo—que ayude a la juventud a encontrarle sentido a la vida.

•     Exhortar a la juventud a participar de las actividades de la sociedad de jóvenes, organismo que debe servir como grupo de apoyo para todos.

•     Proveer ayuda a quienes la necesiten, sea que la hayan pedido o no.

•     Ayudarles a comprender que necesitan de Dios.

Al mismo tiempo, debemos tratar de evitar las siguientes actitudes y actividades.

•     Recalcar las obligaciones impuestas a la juventud y las expectativas de los adultos.

•     La religión orientada hacia únicamente al cumplimiento de reglas.

•     Tratar de proveer aliento falso, estímulo vacío y apoyo vacuo sin conocer en verdad a los jóvenes. Es necesario que la sociedad de jóvenes sea un verdadero grupo de apoyo.

•           Las actividades competitivas, ya sean físicas o intelectuales. Una persona que sufre de baja auto-estima no necesita «perder» una competencia frente a sus amistades.

Pablo Jiménez

Autor: Pablo Jiménez

Pablo A. Jiménez es un ministro ordenado de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo). Tiene un Bachillerato en Artes con concentración en Francés de la Universidad de Puerto Rico, una Maestría en Divinidad del Seminario Evangélico de Puerto Rico, una Maestría en Sagrada Teología del Christian Theological Seminary en Indianápolis, IN y un Doctorado en Ministerio de Columbia Theological Seminary en Decatur, GA.


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