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Contenido

Presentación

1.   La familia en los tiempos bíblicos

Jorge E. Maldonado

2.   Persona, pareja y familia

Jorge Atiencia

3.   La relación hombre–mujer en la Biblia

C. René Padilla

4.   La familia, educadora de la fe

Edesio Sánchez Cetina

5.   El matrimonio según san Pablo

Jean-Jaques von Allmen

6.   Matrimonio: problema y misterio

Margareth Brepohl

7.   La Iglesia y la familia

John H. Westerhoff

8.   La familia en la misión de Dios

Dorothy Flory de Quijada

9.   El divorcio y las iglesias evangélicas

Alianza Evangélica Española

10. Hacia una pastoral evangélica del matrimonio

Iglesia Evangélica Metodista Argentina

Guía para discusión en grupo

Test de comprensión

Del capítulo 1

Del capítulo 2

Del capítulo 3

Del capítulo 4

Del capítulo 5

Del capítulo 6

Del capítulo 7

Del capítulo 8

Del capítulo 9

Del capítulo 10

Extracto:

Matrimonio y misterio

He sugerido que al introducirnos en el ámbito del matrimonio y la familia como problema existe el peligro de incurrir en un reduccionismo. Además, existe la posibilidad de darnos cuenta sólo de lo frágil y lo finito en las relaciones humanas. Por eso hace falta un acercamiento complementario ya que la realidad nos informa que todo ser vivo tiene una dimensión de gozo y otra de sufrimiento.

El misterio, el verdadero «misterium», en el sentido religioso, es cualitativamente diferente, es extraño a nosotros, es lo que nos sorprende, lo que está fuera del dominio de las cosas habituales, comprensibles, conocidas y por consiguiente familiares. Es todo aquello que se opone al orden conocido de la cosas y por esto mismo nos llena de sorpresa y asombro.

En el lenguaje bíblico el misterio aparece tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. En el libro del profeta Daniel (2:18–28) el misterio es algo que tiene que ver con el propio Dios, y por lo tanto requiere de la revelación divina.

En los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas), el misterio aparece en el contexto de las parábolas, en medio de las imágenes habladas por Jesús con referencia al Reino de Dios. San Pablo en su carta a los Romanos introduce el término «misterio» (11:25) en su reflexión sobre el futuro del pueblo de Israel. Termina su reflexión con un himno de alabanza que resalta lo inescrutable y lo insondable de la gloria y la gracia de Dios (11:33–36). Así demuestra que el misterio, cuando es «comprendido», provoca consecuencias en la vida. En este sentido, el misterio es activo, provoca transformaciones en la vida de quienes lo experimentan. En otros cánticos de san Pablo (Ro. 16:25) se confirma el hecho de que al experimentar el misterio, no puede sino responderse en forma de adoración y alabanza que expresan la belleza y grandeza de Dios. Es una celebración ante la manifestación de lo Sagrado.

En 1 Corintios, encontramos referencias al misterio como algo oculto que es revelado por el Espíritu (2:10) y que puede ser ministrado por los hombres (4:1). En su poesía sobre el amor (13:2) san Pablo denota la novedad del misterio: hay siempre algo nuevo para descubrir, una relación dinámica que no se agota nunca. En el capítulo 14 el misterio equivale a algo que trasciende nuestro lenguaje, es otro código de comunicación.

Me llama la atención el tema del misterio en la carta paulina a los Efesios y más específicamente en el capítulo 5. En este texto san Pablo está como «jugando» con las ideas de Cristo en su relación con la Iglesia y de la unión hombre-mujer. En esa secuencia utiliza analogías y comparaciones. Al principio de este relato hace un llamamiento a la mutualidad. Luego, al referirse a la relación Cristo-Iglesia y hombre-mujer, se interna en la esfera de lo estético al hablar de una Iglesia santa, gloriosa, sin mancha, ni arruga. El misterio nos llama a lo bello, a lo glorioso. En Efesios 5:31, san Pablo hace referencia al relato de la creación en Génesis y de una forma poética introduce el concepto «una sola carne». ¿Qué puede significar que el hombre y la mujer al unirse en matrimonio se tornen una sola carne? Paul Ramsey expresa de una forma mítica el acto sexual como un acto de amor. Dice que en el deseo y en el acto sexual, la mujer quiere hacer del hombre su Adán y el hombre quiere tornar a la mujer en su Eva, en el sentido de que ella estaba sola con él en el jardín del Edén. No había nadie más. Cada uno era para el otro, en forma única y plena, creados por Dios como providencia para la soledad del ser humano.

De una vez, la soledad inquietante de Adán se transforma en la expresión de su sexualidad, y la mujer se encuentra delante de él como un ser único; no hay otro. Ellos hablan el lenguaje de hombre y mujer; ellos se conocen y son conocidos. Su unión en el sexo está basada en el más elevado significado de la sexualidad humana. El juntar sus cuerpos es una expresión de sí mismos. Ninguna tercera persona puede conocer lo que aquí se conoce. Hombre y mujer son conocidos y son conocedores el uno del otro. En la unión de Adán y Eva no había testigos. Ellos estaban solos delante de Dios y delante de los ojos descubridores del otro. En esa ocasión Dios manifestó su presencia a través de su ausencia: se fue a pasear al otro lado del jardín. Ellos estaban solos y salieron de su soledad en una forma sexual. Ellos se tornaron uno en sus mentes, en sus voluntades, al amarse con sus cuerpos. Esto puede ampliarnos el significado de la totalidad que existe en la pertenencia encarnada del hombre a la mujer y de la mujer al hombre en el matrimonio.

En 1 Corintios 7:5, san Pablo hace una asociación entre la vida sexual de la pareja y su vida de oración, una posibilidad de la manifestación de lo sagrado a distintos niveles de la vivencia de la pareja. También Pedro, en 1 Pedro 3:7, relaciona las actitudes del hombre en relación con la mujer con todo aquello que tiene que ver con la vida de oración.

El matrimonio como misterio nos apunta a lo sagrado, lo estético, lo siempre nuevo, al crescendo, al éxtasis, al acto unitivo y procreativo, a la vida misma. El misterio amplía los significados de la unión hombre-mujer y apunta a la esperanza y al gozo. El matrimonio como misterio es una continua invitación a la celebración, que puede pasar inadvertida hasta por sus propios integrantes.

Creo que quienes están en contacto con familias y parejas, en alguna relación de ayuda, pueden correr el riesgo de tener «los ojos cerrados» al ámbito del misterio. Es muy fácil estar pendientes de los problemas que nos son presentados, de la «mejoría» de las relaciones, del crecimiento de las personas, del «buen funcionamiento» del hogar, y olvidarse de que puede haber otros recursos en lo que trasciende el nivel del problema para el enriquecimiento de la vida.

El diálogo entre Moisés y Dios relatado en Éxodo 3 nos ilustra cómo es posible adentrarnos en lo sagrado y penetrar el misterio: «…quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es.


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