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Contenido

Capítulo 1

El conflicto

Capítulo 2

La predestinación y la soberanía de Dios

Capítulo 3

La predestinación y el libre albedrío

Capítulo 4

La caída de Adán y la mía

Capítulo 5

Muerte espiritual y vida espiritual: nuevo nacimiento y fe

Capítulo 6

Presciencia y predestinación

Capítulo 7

¿Existe la doble predestinación?

Capítulo 8

¿Podemos saber que somos salvos?

Capítulo 9

Cuestiones y objeciones sobre la predestinación

Conclusión

Extracto:

La respuesta arminiana

Algunos arminianos responderán indignadamente a mi tratamiento de este texto. Están de acuerdo en que el pasaje enseña una firme idea de la soberanía divina. Su objeción tiene que ver con otro punto. Insisten en que Pablo no está ni siquiera hablando acerca de la predestinación de individuos en Romanos nueve. Romanos nueve no tiene que ver con individuos sino con la elección de naciones por parte de Dios. Pablo está hablando aquí acerca de Israel como pueblo escogido de Dios. Jacob representa meramente a la nación de Israel. Su nombre mismo fue cambiado a Israel, y sus hijos llegaron a ser los padres de las doce tribus de Israel.

El hecho de que Dios favoreciera a Israel por encima de las demás naciones no se disputa. Jesús procedía de Israel. Fue de Israel de quien recibimos los Diez Mandamientos y las promesas del pacto con Abraham. Sabemos que la salvación es de los judíos.

Todo eso es cierto de Romanos nueve. Debemos considerar, sin embargo, que al elegir a una nación, Dios eligió a individuos. Las naciones están formadas por individuos. Jacob era un individuo. Esaú era un individuo. Aquí vemos claramente que Dios eligió en su soberanía a individuos al igual que a una nación. Pero pronto tenemos que añadir que Pablo amplía este tratamiento de la elección más allá de Israel en el versículo 24, cuando declara: “A los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no sólo de los judíos, sino también de los gentiles.”

Autor: R. C. Sproul


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