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Contenido

INTRODUCCION

1.   ¿QUE ES EL HOMBRE?

2.   JESUCRISTO: HOMBRE NUEVO Y MODELO DE HUMANIDAD

3.   CAMINOS DE RENOVACION HUMANA

4.   EL HOMBRE NUEVO QUE NECESITAMOS

5.         EL HOMBRE NUEVO: ¿MITO O REALIDAD?

Extracto:

EL HOMBRE EN LA PERSPECTIVA BIBLICA

La Biblia afirma que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios. También nos dice que la imagen de Dios se ha deteriorado por la irrupción del pecado en la experiencia humana. El hombre ha sido creado en familia. Por lo común, la plena humanidad se da en la relación hombre-mujer. Es en esa relación que se da la imagen de Dios, que es básicamente una dimensión moral. Sin la presencia de otra persona el hombre no podría ser humano, por eso “varón y hembra los creó”. Como lógica consecuencia de los propósitos de Dios, no puedo ser yo si no existe alguien a quien conocer como tú. La humanidad plena del hombre se da a través de su capacidad para el encuentro con otra persona, a nivel horizontal, y con Dios a nivel vertical.

El hombre es un ser inconcluso que necesita aprender y madurar. Necesita de Dios y de otros seres humanos para alcanzar el completamiento de su condición humana a fin de ser humano. Los niños llamados “lobos”, criados como lobos, no llegaron a ser plenamente humanos, a pesar de la herencia genética. El ambiente no fue propicio para el logro de su maduración como humanos; por cuanto carecieron de alguien que hubiera madurado previamente para poder tratarlos como tú, no llegaron a alcanzar la consolidación de su yo. Desde el punto de vista ético-moral, la situación es más grave para los “hombres lobos”, aquellos que habiéndose socializado y alcanzado cierto grado de cultura, actúan como bestias porque sólo se han relacionado con el tú con minúscula y todavía desconocen al Tú con mayúscula, Dios.

La influencia desintegradora del pecado ha conducido al hombre a comportarse aun por debajo de su naturaleza. Los animales se comportan según su naturaleza. El caballo, por ejemplo, se alimenta de pasto y no puede convertirse en un animal carnívoro. Incluso las manadas de lobos o de leones buscan a sus víctimas entre animales de otras especies. Pero el hombre no. Aun cuando se lo considera racional, se ha vuelto antropófago, porque ha convertido en esclavos y ha eliminado – y lo sigue, haciendo -, a sus congéneres mediante el abuso del poder, la violencia, la guerra, el crimen, la subversión y la antisubversión. El hombre se ha convertido en el lobo del hombre, aun cuando el lobo no es el lobo de sí mismo.

Dios creó al hombre como un ser moral. El relato de Génesis 1 y 2 y el del Salmo 8 nos presentan al hombre según la intención original de Dios. Es el representante de Dios sobre la tierra, la corona de la Creación, el único ser de la Creación con el cual Dios puede establecer una relación Yo-tú. Como ha dicho Gerhard Von Rad: “En Génesis 1:26 se nos dice que el hombre es creado a imagen de Dios para que pueda controlar toda la creación… Es lógico que el hombre ha sido provisto para este propósito, porque aun los gobernantes terrenales, cuando no pueden estar presentes en persona, usualmente colocan sus imágenes como señales de majestad”.

El hombre y Dios son los dos grandes intereses en mi vida. Por eso, al analizar el pasaje fundamental para la explicación de la entrada del pecado en el mundo, debo confesar que me cuesta pensar en el hombre como “ser caído”, como una “réplica terrena de Satanás”. Igualmente me cuesta pensar en Dios como un ser omnipotente y omnisciente y al mismo tiempo como un creador frustrado por causa del pecado cometido por la “corona” de su creación. Me es más fácil aceptar este pasaje bíblico como una narración de los hechos preestablecidos por Dios. El Creador habría, pues, creado al hombre como un ser libre y responsable, siendo la caída la antítesis necesaria, en la dialéctica divina, para que la imagen de Dios llegue a consumarse plenamente en el hombre.

El proceso biológico y el psicológico presuponen también un proceso de maduración espiritual. En la dialéctica divina, la finalidad del hombre es el bien, el amor y la justicia, tanto en las relaciones interpersonales como en su relación con el resto de la creación.

Así, en la esencia del hombre podemos intuir los propósitos de Dios de humanizarlo a través de un proceso redentor en que el mismo hombre coparticipa al aceptar la redención y colaborar con los propósitos redentores del Creador. Igualmente podemos intuir a Dios a partir del concepto revelado del hombre como imagen de Dios en proceso de completamiento. Si el hombre es una Gestalt viviente en proceso de integración según un modelo revelado, ese modelo – la Gestalt viviente integrada -, debe existir. La existencia de ese ser perfecto se manifiesta a sí misma cuando se hace historia en la persona de Jesucristo, la imagen de Dios según su intención original y el modelo para todo ser humano. Jesucristo es la Gestalt viviente integrada, es Dios y es hombre por excelencia.

Autor: Jorge Leon


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