Contenido

Dedicatoria

Agradecimiento

Prólogo

Introducción

Parte I
LA CONCIENTIZACIÓN

Por qué misiones

1.   La importancia de la evangelización mundial

2.   La naturaleza del plan de salvación

3.   Las multitudes no evangelizadas

4.   La gravedad y la urgencia de la situación actual

Parte II
LA VISIÓN

La visión que necesitamos

5.   Obedeciendo un mandamiento descuidado

6.   Mirando el inmenso panorama mundial

7.   Respondiendo al desafío de los campos blancos

Parte III
LA ESTRATEGIA

Cómo hacer frente al desafío de misiones

8.   La estrategia de Jesús

9.   Primer paso: orar

10. Segundo paso: ir

11. Tercer paso: dar

Parte IV
LA ACCIÓN

Poniendo en práctica el compromiso de misiones

12. Cómo orar por la obra misionera

13. Cómo responder al llamado de Dios de ir

14. Cómo dar para la obra misionera mundial

15. Cómo hacer una Promesa de Fe

16. Cómo celebrar una Conferencia Misionera Anual

¿No vamos a hacer nada?

Si Dios lo está llamando

Apéndice

Testimonio

Extracto:

Jesús tenía un plan de acción

La compasión brotó de su corazón, y por consiguiente, el deseo de ayudar; pero notamos que no estaba perplejo, confundido, desalentado, ni ignoraba lo que había que hacer.

En el relato de la multiplicación de los panes (Juan 6:5) leemos:

Cuando alzó Jesús los ojos y vio que había venido a él una gran multitud, dijo a Felipe:

—¿De dónde compraremos pan para que coman estos?

¿Por qué hizo Jesús esta pregunta? ¿Acaso ignoraba Jesús lo que había que hacer para satisfacer el hambre de los miles que estaban a su alrededor? El evangelio de Juan es el único que al relatar este milagro añade una aclaración clave: «Esto decía para probarlo, porque él sabía lo que iba a hacer» (v. 6).

¡Aleluya! Jesús sabía lo que había que hacer para alimentar la multitud hambrienta de aquel día, y también Él sabe lo que se debe hacer para evangelizar el mundo hoy, llevando a cada individuo el Pan de la salvación. Y no sólo lo sabe: lo más notable e inspirador es que Él encarnó y practicó los principios que luego enseñó y recomendó a sus seguidores. Por lo tanto, no puede haber camino más seguro para llegar a la meta. No puede haber ninguna guía mejor que seguir su ejemplo e instrucciones.

Una aclaración importante

Antes de considerar los pasos que Jesús ordenó dar en esta ocasión, vale la pena hacer notar que en el primer siglo Él no contaba con la mayoría de los medios, inventos y adelantos tecnológicos de los cuales hoy disponemos en materia de comunicaciones.

Por ejemplo, Él no tenía:

Tratados, volantes o folletos para distribuir.

Imprentas para imprimir afiches y anunciar su visita.

Ni hablar de porciones bíblicas, Nuevos Testamentos o Biblias.

Diarios o periódicos para hacer propaganda.

Equipos de altoparlantes, ni micrófonos para hablar a un auditorio numeroso.

Teléfonos, para poder anunciar su llegada a un pueblo o ciudad.

Radio o televisión para proclamar su mensaje.

Automóviles, ómnibus, trenes o aviones para trasladarse rápidamente de un punto a otro.

Máquinas de escribir, grabadoras, películas, computadoras, videos, correo electrónico, páginas en la web, internet, etcétera.

Sin embargo, aunque Jesús no tenía a su disposición ninguno de estos medios modernos que hoy utilizamos y disfrutamos (y creemos que hacemos bien). A pesar de que no contaba con ninguno de estos adelantos, Él conocía un plan sencillo pero fundamental por medio del cual el mundo podía ser evangelizado en cada tiempo con los medios que pudieran estar a su alcance.

Ese plan o estrategia está entrelazado y sugerido en Mateo 9 y 10, como se ha mencionado. Pasaremos a comentarlo en los siguientes capítulos.

http://www.logos.com/es/producto/4942/conciencia-misionera-i


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