Contenido

Prólogo

Dedicatoria

Agradecimientos

Propósitos

Parte I
LA PROBLEMÁTICA MISIONERA EN LA IGLESIA LOCAL

Introducción

1.   Primer problema: el desconocimiento de las multitudes aún no evangelizadas

2.   Segundo problema: la poca cantidad de misioneros transculturales

3.   Tercer problema: centenares de iglesias que no participan en las misiones transculturales

4.   Cuarto problema: la falta de recursos abundantes para sostener misioneros

5.   En búsqueda de la solución al problema financiero

6.   Otras claves para el mismo problema

7.   Dónde está el dinero que reclaman las misiones

Parte II
CÓMO PASAR DEL PROBLEMA A LA SOLUCIÓN

Introducción

8.   Un misionero zapatero nos muestra el camino

9.   La primera conferencia misionera de la iglesia

10. Dos herramientas excelentes

Parte III
DOS HERRAMIENTAS ÚTILES Y EFICACES

Introducción

11. Qué es una Conferencia Misionera Anual

12. Cómo se prepara una Conferencia Misionera Anual

13. Las metas de una Conferencia Misionera Anual

14. El desarrollo de la Conferencia Misionera Anual

Parte IV
EL PLAN DE LA PROMESA DE FE

Introducción

15. Antecedentes bíblico-históricos de la Promesa de Fe

16. Cuando Dios me enseñó a dar

17. Cómo hacer una Promesa de Fe

18. Después de la Conferencia y la Promesa de Fe

19. Los quince errores más frecuentes

20. Misión global: cómo llegar hasta lo último

21. Un ejemplo inspirador

22. ¡SOS misionero!

Palabras finales

Extracto:

C  a  p  í  t  u  l  o 1

Primer problema:
el desconocimiento de las multitudes aún no evangelizadas

La mies es mucha. (Jesús)

Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas. (Jesús)

Tener el conocimiento de Cristo nos impone el deber ineludible de compartir ese conocimiento con todos los hombres sin demora. Retenerlo es un crimen de infinita magnitud contra esa gran porción de la raza humana que todavía está en la oscuridad. (O. J. Sanders)

La ignorancia es clásica enemiga del conocimiento, porque lo que no se sabe, no existe. (Diario Clarín, 27/11/88)

Jesús, como el misionero número uno, vino a este mundo a «Buscar y a salvar lo que se había perdido» y para cumplir con esa misión, entre otras muchas cosas que hizo, debió enfrentarse con las multitudes necesitadas. Después de haber vivido sus primeros treinta años de preparación, luego de bautizarse y recibir la unción del Espíritu Santo, habiendo vencido a su fiero enemigo y tentador en el desierto, decididamente comenzó a predicar el evangelio y a invitar a sus contemporáneos a entrar en el reino de Dios.

Mateo relata que recorría toda la provincia de Galilea y estaba en contacto con mucha gente que provenía de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y del otro lado del Jordán. El sermón del Monte (Mateo 5 al 7) fue pronunciado «viendo la multitud», y en una de las citas que encabeza este capítulo, lo encontramos nuevamente con la visión de la multitud de seres humanos que lo rodeaban.

Jesús y las multitudes

¿Qué sentía Jesús al contemplar las multitudes de su tiempo? Él podía apreciar sus profundas necesidades, y la compasión brotaba de su corazón. No se equivocaba al considerar las condiciones materiales y espirituales en que se encontraban. Las veía «desamparadas y dispersas [«cansadas y abatidas», traduce otra versión], como ovejas que no tienen pastor». En otras palabras, a punto de ser devoradas por los lobos de la maldad y el error. Esta descripción parece un eco de lo que Dios dice en Proverbios 24:11: «Libra a los que son llevados a la muerte, salva a los que están en peligro de muerte». Detrás de esta expresión se ha imaginado que estos que son llevados a la muerte podrían ser comparados con los animales que en un matadero van en fila por un estrecho pasillo al final del cual los espera un afilado cuchillo, y en un instante más … ¡mueren sin sospechar que iban a morir! A semejanza de esos animales que ignoran por completo el destino que les espera, hay multitudes de hombres y mujeres que hoy se dirigen lentamente a la eternidad, totalmente inconscientes de que les espera la muerte y la perdición eterna. ¿Podría ser este cuadro más dramático, más triste y más doloroso?

http://www.logos.com/es/producto/4943/conciencia-misionera-ii

Autor: Andres Robert


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