Moisés  – bajo doble ataque, la vida de un líder (7)

Números 12: 1-16; 16: 1-50

Introducción

En esta serie del liderazgo bíblico, el modelo de Cristo sobresale cualquier otro personaje humano. El principio destacado de él era la humildad santa. Eso es como debe ser. Sin embargo el liderazgo tiene mucho que ver con la materia humana. Aquí se ve la maravilla de la gracia de Dios. La vida de Moisés emerge como un dirgiente excepcional.  No cabe duda de que ningún líder humano ha tenido que confrontar mayores dificultades que Moisés saliendo de Egipto bajo el mando de Dios. No logró la perfección Moisés, pero no hay ningún otro de quien se haya dicho:”Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo mandare” (Deut 18: 18). De nuevo Jehová afirma en medio de la prueba intensa: “No así a mi siervo Moisés; que es fiel en toda mi casa” (Núm. 12: 7; Heb. 3: 2).  Ser comparado a Jesús es el  honor más alto que uno pudiera tener.

1.         Moisés bajo ataque de dentro de su familia  Números 12: 1, 2

Los israelitas se marcharon de Sinaí después de dada la ley, una nación ya constituida por el dar de la ley. “En el año segundo, en el mes segundo, a los veinte días, la nube se alzó del tabernáculo del testimonio y partieron  . . . según el orden de marcha” (Núm. 10: 11, 12). Moisés confrontó de inmediato la prueba de los codornices en Números 11.  El pueblo rebelde se había quejado de la falta de agua, el maná que milagrosamente les mandó Jehová y ahora lo de ninguna carne para comer.  ¡Qué dolor de cabeza  para el pobre Moisés.  Terminó mal: “Aún estaba la carne entre los dientes de ellos, antes que fuese masticada, cuando la ira de Jehová se encendió en el pueblo, e hirió Jehová al pueblo con una plaga muy grande . . . por cuanto allí sepultaron al pueblo codicioso” (Núm.11: 33, 34).

El líder y la crítica severa de parte de María  Núm. 12: 1-4

Como si no fuese suficiente afrontar lo de los codornices, Moisés confrontó una crisis más cercana a la casa, la crítica de su hermana inconforme.  No hay crisis peor que la de la casa.   El hombre o la mujer es tan vulnerable; el asunto es privado, pero ¿quién puede sostenerse en tal ambiente? Dios sabe que hoy hay líderes que a menudo dan ocasión para tal prueba por su orgullo o algún pecado.  Pero hay otros que tienen que esforzarse en medio de la prueba como víctima de otro(a). Como consejero de muchos pastores y ex alumnos me toca compadecerme de éstos.  La gran pregunta es cómo resolver la crisis.

Sin duda la familia de Moisés le era una gran parte de su propia vida. Él no quiso volver solo a Egipto; casi obligó a Dios a enviar a Aarón, algo que en una ocasión pudiera haber lamentado (Ex. 34). Fue María que dirigió el cántico triiunfal al atravesar el Mar Rojo en un momento de alta euforia (Ex. 15; Apoc. 15: 3).  Pero ahora María por motivos ajenos a la voluntad de Dios influyó mucho en Aarón y los dos atacaron a Moisés.  Lo de la esposa cusita de Moisés fue sólo un pretexto porque la raíz de su mal estuvo en una actitud de envidia y celos por la prominencia de su hermano. La cusita le dio la ocasión no más de expresar su capricho contra Moisés “Y dijeron — note como se deja llevar Aarón por su influencia–¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová?  ¿No ha hablado también por nosotros? Luego sigue lo ominoso: “Y lo oyó Jehová.” (Núm. 12: 2).

Dios toma cartas en este lío familiar  Núm. 12:5 – 10

Dios tomó la iniciativa para tratar con María.  No pudo dejar pasar semejante actitud de María.  Moisés no se defendió, quedó callado frente a tal crítica.  Lo más importante Dios no se quejó del matrimonio de su siervo. En cambio Dios intervino en pro de Moisés;  Moisés no dijo nada para defenderse contra las acusaciones falsas. Prefirió que Dios hablara a su favor –la marca de un verdadero líder en tales controversias. Es interesante una nota editorial metida precisamente en este lío: “Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra” (12: 3). Se ha dicho: “si uno se defiende, Dios no puede, pero si no se defiende uno, Dios en su tiempo defenderá al justo.”

Vale la pena examinar la intervención divina.  En una nube de gloria Jehová descendió y convocó a los dos culpables y abogó claramente por Moisés. “Cara a cara hablaré con él, y claramente, y no por figuras  .  .  . ¿Por qué, pues, no tuviese temor de hablar contra mi siervo Moisés? (12: 8). Jehová mostró su ira en que María se volvió leprosa, una plaga temida por todo el mundo, la más clara evidencia de lo dañino de los celos egoístas bajo un mero pretexto.  ¡Qué exhibición de la carnalidad que siempre busca un disfraz para encubrir su malicia! María llegó a ser el Ananías y Safira del Nuevo Testamento.

La reacción inmediata de Moisés como líder manso y piadoso  Núm.  12: 11-16

El golpe divino produjo en Aarón, víctima de los celos orgullosos de María, una confesión  de su pecado en que dijo: “. . . porque locamente hemos actuado y hemos pecado” (12: 11). Moisés lejos de justificarse o haberse defendido, clamó a Jehová: “Te ruego, oh Dios, que la sanes ahora” (12: 13).  El perdón de María por Moisés se sobreentiende en su deseo de verla sanada a pesar de su mal.  Pero Dios no le concedió ni un centímetro para enseñar su juicio sobre el pecado de la envidia y los celos. “Pues si su padre hubiere escupido en su rostro, ¿no se avergonzaría por siete días, y después volverá  a la congregación?” (12: 14).

La actitud tan orgullosa iba a servir como un ejemplo a toda la congregación de Israel. Por una semana entera estuvo ella fuera del campamento como un leproso público.  No pudo avanzar para nada todo el pueblo. Dios no tolera los celos ministeriales bajo cualquier disfraz. “No toquéis, dijo, a mis ungidos, ni hagas mal a mis profetas” (Sal. 105: 15). En el lenguaje del Nuevo Testamento: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios, que brotando una raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados” (Heb.12: 15). A causa de una sola persona, Maria, se dejó llevar Aarón; y toda la congregación sufrió justo como en el caso de Acán frente a Jericó  (Josué 7: 1-26). ¡Qué alto precio que pagar toda la congregación de Israel!

11.     Moisés bajo ataque de afuera, una rebelión israelita  Números 16: 1 – 50

Cualquier líder debe esperar las críticas, a veces bien hechas. El líder debe caminar muy cerca de Dios y con mucha cautela porque Dios sí defiende a los líderes, aunque bien sabe que no son perfectos.  Moisés era un profeta puesto por Dios; en su imposible tarea de dirigir a Israel a la Tierra Prometida Dios estaba a su lado. Si lo de María fue un asunto de casa, ello llegó a ser un tropiezo para todo Israel. Pero frente a la sublevación de Coré, Moisés iba de ser puesto a mayor prueba como nunca antes.

El liderazgo nunca es fácil; los privilegios del dirigente vienen acompañados de diversas pruebas e injusticias. Sólo por depender de Dios puede el verdadero líder seguir adelante. Como de costumbre la mayoría de los problemas surgen de la vida vieja, la naturaleza adánica en los mismos hermanos que se ponen celosos y rebeldes.  Pero el líder no debe echar toda la culpa a los demás como si no pudiera él ser parte del problema mismo. El líder mismo debe dejar que el Espíritu Santo lo convenza y lo quebrante.  Dios no tiene aceptación de personas. Que nos dé Dios ese espíritu sensible a la convicción del Espíritu Santo.

El mal que un solo hombre puede producir  Número 16:1 – 19

Un sólo hombre, Coré, hijo de Izar levita, causó este gran problema. Generalmente hay uno carnal y los demás gravitan hacia él, tales como Datán, Abiram y On.  Esta vez el complot, sin duda secreto, luego llegó a incluir a 250 varones líderes de la congregación, “varones de renombre” (Núm.16: 1, 2). Ahora la cosa se puso seria, bien seria.  ¿Cuál fue su causa? Suena como la de María, celos y envidia. “¡Basta ya de vosotros! Porque toda la congregación, todos ellos son santos, y en medio de ellos está Jehová; ¿por qué, pues, os levantáis vosotros sobre la congregación de Jehová? (16: 3).  Podemos imaginarnos del susto y alarma que les causó a Moisés y a Aarón?  “Cuando oyó esto Moisés, se postró sobre su rostro.” (16: 4).

Fortalecido por lo de María poco antes, Moisés respondió con valentía: “Mañana mostrará Jehová quién es suyo, y quién es santo, y hará que se acerque a sí” (Núm. 16: 5) En breve les pidió que trajesen sus incensarios, siendo ellos sacerdotes y líderes ya, hijos de Leví. Con una pregunta bien punzante, Moisés les dijo: ¿es una cosa de poca importancia que Dios ya les haya dado el privilegio de acercarse a él y a los demás israelitas?  Por qué  tan descaradamente “os juntáis contra Jehová; pues, Aarón, ¿qué es, para que contra él murmuréis?” (16: 11).  Moisés bien sabía que la revuelta era contra él, no contra Aarón, pero aun peor era contra Dios mismo.  Los desafió Moisés con la valentía por una causa justa.

A los dos menos involucrados, siendo incautos de Coré, es decir a Datán y a Abiram Moisés apeló que viniesen, pero le dijeron: “No iremos” (16: 12). Luego ellos, los seguidores de Coré echaron en cara de Moisés que les había sacado de Egipto, pero no los había metido en la tierra que fluye leche y miel como les había prometido. Le acusaron que aun quisiera sacar los ojos de los inconformes (16: 14).  Se puso aun más serio el lío.

Actuó Moisés como profeta escogido por Dios afirmando su integridad y apelando a la justicia de Jehová: “Entonces Moisés se enojó en gran manera, y dijo a Jehová (Jesús pre encarando): no mires a su ofrenda; ni aun un asno he tomado de ellos, ni a ninguno de ellos he hecho mal” (16: 15.  Ahora se dirigió directamente a Coré, el culpable de esta rebelión: “Tú y todo tu séquito, poneos mañana delante de Jehová, tú y ellos y Aarón.” Pero Coré ya tenía su séquito listo para la confrontación y todos ellos con sus incensarios. “Y Jehová habló a Moisés y a Aarón, diciendo: apartaos de esta congregación, y los consumiré en un momento” (16: 21).

Las cualidades del verdadero líder   Número 16: 20 – 33

Otra vez la cualidad de liderazgo se veía en Moisés; no pedía venganza ni muerte sino perdón para el pueblo; para Moisés sólo Coré, el responsable, merecía el juicio a punto de lanzarse. “Y ellos (Moisés y Aarón) se postraron sobre sus rostros y dijeron: Dios, Dios de los espíritus de toda carne, no es un solo hombre el que pecó? ¿Por qué airarte contra toda la congregación” (16: 22). Dios mandó que Moisés avisara a toda la congregación que se apartaran de estos rebeldes. Moisés dio la advertencia de que si éstos sobrevivieran y murieran como todos los demás mueren que él no había sido el enviado por Dios. Pero si muriesen de manera trágica, Dios ya les habría hablado y confirmado su liderazgo.

“Y aconteció que cuando cesó él de de hablar todas esta palabras, se abrió la tierra que estaba debajo de ellos. Abrió la tierra su boca, y los tragó a ellos, a sus casas, a todos los hombres de Coré y a todos sus bienes. Y ellos con todos lo que tenían, descendieron vivos al Seol, y los cubrió la tierra y perecieron de en medio de la congregación” (16: 31, 32).  Luego Dios mandó fuego para consumir a los 250 que ofrecieron el incensario.

Fíjense en la audacia del pueblo. El día siguiente el pueblo se levantó contra Moisés por haber muerto a los rebeldes. Dios estaba a punto de consumir a toda la congregación, pero Moisés le dio órdenes a Aarón que tomara su incensario y corriera entre el pueblo para hacer expiación, ofreciendo un «kofer», precio de rescate para el pueblo. Y en la misericordia de Dios por el líder  detuvo la mortandad. Pero unos catorce mil setecientos  murieron por la rebelión de Coré (16: 49). ¡Qué tristes eran las consecuencias de tal uno como Coré que se levantó con celos contra el liderazgo de Moisés. Sin embargo Moisés con toda valentía se opuso a la carnalidad de Core, el levita que tenía en poco su alto privilegio de ser sacerdote. Pero Moisés intercedió antes Dios y  paró la mortandad para salvar a muchos.  Tal es el llamado del líder: tratar con el pecado ante Dios y buscar la manera de salvar al pueblo. En todo esto es Dios quien determina el resultado.

Lecciones fuertes por aprender por el líder bíblico

  1. A veces de los que están más cerca, aun en el ministerio, puede surgir la más severa crítica motivada por el orgullo espiritual y los celos.
  2. Tras solo uno carnal pueden ser traicionados muchos hermanos más débiles.
  3. El líder sabe cuándo no defenderse (María) y cuándo sí debe tomar medidas fuertes basadas en los principios divinos que están en juego de peligro (Coré).
  4. El líder debe buscar la manera de defender sólo la santidad de Dios, no la suya.
  5. Se oye la voz de Satanás cuando se dice: “todos somos santos y Dios está con nosotros.” Ambos problemas surgieron de la misma fuente diabólica (Santiago 3:.13-18).
  6. Lo que empieza con uno solo puede contaminar a muchísimos, perjudicando a todos- así como María y como Coré.
  7. El verdadero líder busca la manera de perdonar, reconciliarse y no vengarse personalmente. Pero a veces no se puede lograr. Más vale defender la verdad y la justicia.
  8. No hay la manera de reconciliar la carne con el Espíritu; son de diferentes orígenes. No hay comité que pueda resolver tales problemas de la carne y el Espíritu.  Sólo basta la obra de la Cruz que rompe el poder de la carne y suelta la vida resucitada de Cristo.
  9. En ambos casos Moisés no se desanimó ni titubeó. Pero hizo frente y dejó que Dios actuara.  Por fin sólo Dios soluciona el problema o por perdón o por castigo.
  10. En todo esto el mayor problema potencial para el líder es su propio orgullo.

Dr. G. Ernesto Johnson
Instituto Bíblico Río Grande

Gordon Johnson

Autor: Gordon Johnson

es reconocido en América latina como conferencista. Ha servido como profesor en el Seminario Bíblico Rio Grande, Texas desde 1954, siendo presidente de la institución por muchos años también. Tiene diversos títulos entre los cuales recibió un Masters en Estudios Latinoamericanos y un doctorado en Misionología.


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