Enoc  – el personaje que anduvo con Jehová (6)

Génesis 5:21-24; Hebreos11:5,6; Judas14,15

Introducción

En esta serie intitulada Liderazgo bíblico – Principios y Personajes, hemos llegado al primer estudio sobre los personajes del Antiguo Testamento que ilustraron de manera sobresaliente las cualidades antes expuestas bajos los Principios del liderazgo.  Se recuerda que bajo los Principios estudiamos sobre todo el liderazgo en Jesús. Escogí a Jesús porque no ha habido líder ni dirigente más genuino ni más auténtico que él.  Su humildad verdadera en la encarnación y su ejemplo de siervo entre los suyos (Lucas 22: 24-30; Juan 13:1-20), lo destacan en gran manera.

Escogí la virtud y la gracia de la humildad porque en el liderazgo humano siempre ha sido el orgullo nuestro que destruye la eficacia del liderazgo bíblico. Puede haber otras cualidades positivas, tales como, el domino propio, la fidelidad, la constancia, el manejo de los dones y los talentos que Dios da.  Pero si la verdadera humildad no es la fuerza motriz del servicio en el nombre de Dios, no puede resultar la plena bendición de Dios. Pedro lo dijo bien en sus consejos de despedida a los ancianos y los miembros de la iglesia: “Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildades. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo” (1 Ped. 5: 5,6).

Con la joya incrustada bien puesta en la corona reinante, es decir, la humildad que no busca nada para sí sino todo para la gloria de Dios, ahora podemos ver ésta y otras cualidades en los santos del Antiguo Testamento. ¿Por qué escojo frecuentemente a los varones del Antiguo Testamento, siempre y sencillamente porque el Antiguo Testamento ilustra como ninguna otra porción las cualidades que perduran y merecen la bendición de Dios.

Enoc, el profeta antediluviano, que “anduvo con Dios” en los días pésimos

Empiezo con Enoc por varias razones. Entre ellas él fue “el séptimo desde Adán” (Judas 14). Es cierto que sabemos poquísimo de Enoc.  Sólo hay tres referencias muy breves de él, pero al contemplar los días en que vivió y las tinieblas que prevalecían brillaba como una estrella en el firmamento. Más oscura la noche, más brillante resplandece la luz.

Los Días antediluvianos tan oscuros  Gen. 4-6

Para apreciar el valor de este profeta, líder verdadero, regresamos al Huerto de Edén, la bendición de la creación, la caída trágica de nuestros primeros padres. Expulsados del Huerto de Edén pero vestidos por Dios en “túnicas de pieles” empiezan el resto de la vida (Gen. 3:21). Siguen las dos ofrendas, la de Abel motivado por la fe (Heb.11: 4) y la de Caín rechazado por Dios cuyo rechazo no era arbitrario porque Dios veía la actitud con la cual Caín le llegó. El primer hijo de Adán fue  asesino. Ya se había arraigado la total depravación.

Pero juntamente con la depravación, Dios había intervenido en Gen. 3:15 confrontando a la serpiente con el Protoevangelio (el primer evangelio). Habría enemistad entre las dos simientes, la de la serpiente y la de la mujer; habría conflicto entre ambas;  la de la mujer (Cristo Gal. 3:16) triunfaría sobre el maligno.  En esta denuncia del diablo, Dios les aseguró la victoria de la Cruz.  Desde nuestro punto histórico son muy evidentes los rasgos de la Cruz en este protoevangelio.  Los antiguos debieron haber entendido todo esto de una manera espiritual por la fe.  El texto bíblico mismo no nos dice hasta qué grado era su conocimiento, pero Abel y Enoc con mucha razón aparecen en Hebreos 11 en la galería de la fe. Bien merecen su lugar allí.

Para apreciar más el tiempo tan perverso de Enoc siendo el séptimo desde Adán según la simiente de la mujer o Set (Gen. 4:25), hubo otro séptimo desde Adán pero él según la simiente de la serpiente, llamado Lamec.  Tal introdujo la poligamia (Gen 4:19), retó a Dios diciendo que castigaría a quienquiera que le hiciera daño hasta setenta veces siete.  Esto fue un franco desafío a Dios quien antes había dicho que castigaría siete veces a quien matare a Caín. Compárese Gen 4:15 y lo que dijo Dios y lo que dijo Lamec (Gen 4:24).  ¡Qué arrogancia diabólica!

Las citas que revelan las tinieblas de aquellos días que habrían de exigir el diluvio y el testimonio de gracia a través de Noé son Gen 5:6-8: “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho. Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová.”

Enoc manifiesta la virtud principal del líder bíblico —  la caminata diaria con Dios

La sencillez del breve comentario con respecto a Enoc nos sorprende. Moisés, el autor inspirado del Pentateuco, después de una repetición hasta monótona de quien nace, engendra hijos y muere, de repente dice: “Y caminó Enoc con Dios . . . caminó Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios” (Gen. 5: 22, 24). Es fuerte el agudo contraste con el contexto anterior y posterior. Las demás generaciones de capítulo 5 desde Adán hasta Noé son los que nacen, engendran hijos y mueren. ¡Qué comentario tan monótono sobre la fragilidad de la vida terrenal! Aunque la edad de los antediluvianos era larga en comparación de hoy día, de todos modos morían.

Pero Enoc se destaca no por la edad sino por algo mucho más duradero y valioso –una vida en plena comunión con Jehová. Caminar con Dios quiere decir estar en una íntima relación no interrumpida, en constante contacto con un Dios santo que desde el Huerto de Edén buscaba la manera de andar con su criatura (Gen. 3:8).  ¡Qué difícil comprender que aun Dios busca la comunión con los suyos! Pero tal es nuestro Dios. En Enoc halló quien también compartía ese deseo y por fe se gozaba de esa preciosa comunión (Heb 11: 4, 5).

El líder que hoy en día quiere servir a Dios necesita conocer esta prioridad. Hay el activismo de las demandas de predicar, ministrar a los demás, mantener un horario fuerte, en breve, el obrero concienzudo estará ocupado en los quehaceres del pastorado o la obra misionera.  Será muy fácil trabajar fielmente para Dios en lugar de mantener ese toque fresco del tiempo con el Señor.  Frente a las demandas siempre crecientes, el líder tiene que guardar su relación personal con Jesús sobre todas las cosas buenas. Tan  fácil es que lo bueno es el enemigo de lo mejor.

El peligro de no andar con Dios motivado sólo por el amor

Juan destaca esta triste realidad en el caso de la Iglesia de Éfeso: “Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los males, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. PERO tengo algo contra ti, que has dejado tu primer amor” (Apoc. 2:2-4). Sigue Juan diciendo que tal falta no es un mero pecado sino una caída que requiere nada menos que un verdadero arrepentimiento.  Si no hay el verdadero arrepentimiento, habrá consecuencias drásticas. Dios no tan sólo prefiere el amor sino también exige nuestro amor, no tanto nuestro servicio. En cierto sentido no necesita Dios nunca lo que a él le podemos dar.  Quiere él el amor exclusivo nuestro, no sustituyendo el activismo por  el afecto de nuestro corazón.

Cualquier matrimonio puede darse cuenta de que no hay sustituto de ese amor que sabe poner en orden todas las demás cosas menos urgentes.   Tantas veces el siervo de Dios se realiza a sí mismo en el activismo, sirviendo su orgullo y su valor en lo que hace para el Señor.  Pero al hacerlo, le roba a Dios lo único que valora Dios.

Vale la pena volver a Hebreos 11 para notar la preeminencia que el autor inspirado le da a Enoc. “Por la fe Enoc fue traspasado para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspasado tuvo testimonio de haber agradado a Dios” (11:5). Lo que no se toma en cuenta tanto es el verso que sigue: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acera a Dios crea que le hay y que es galardonador de los que le buscan” (11:6)  Es quizá la más básica verdad de la vida cristiana, la fe activa, personal e íntima.  ¿Quién es el mejor el ejemplo? Nadie menos que Enoc quien vivía milenios antes de la cruz.   El tiempo y cantidad de conocimiento bíblico no cuenta para nada; es cuestión de un corazón apasionado de Dios y por eso cree en él.  Vivimos por este lado de la Cruz; nos gozamos de tanto conocimiento doctrinal, pero la verdadera cuestión es ¿qué tal nuestra comunión diaria con él?

Enoc, el apasionado creyente y a la vez un profeta fiel  Judas 14,15

Enoc sabía caminar con Jehová en plena comunión diaria, guardando su relación por la fe y la obediencia.  Pero ese amor y pasión para Jehová se convirtió en un ministerio fiel y valiente.  De una fuente históricamente desconocida, Judas cita bajo la inspiración del Espíritu la siguiente denuncia de su generación malvada: “De éstos también, profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él” (Judas 14, 15).  Quien guarda bien su andar con el Señor como Enoc tendrá siempre un ministerio fructífero. En el caso de Enoc era un ministerio de denuncia, pero su propia vida era su autoridad.

La vida cristiana no es un pietismo o un andar místico sino en base de esa relación íntima con Dios, siempre sostenida y guardada, hay trabajo que hacer y retos que afrontar. Generalmente somos más tentados a trabajar y así descuidar nuestro andar con el Señor.  Debe haber un buen equilibrio y balance entre los dos factores que garantizan un ministerio eficaz: primero nuestro andar con el Señor en plena comunión con él como Enoc y luego el trabajo que Dios nos encomienda.

¿Cómo entendemos la espiritualidad de Enoc, su andar con Dios?  La Oralidad

Una cuestión muy fascinante es ¿cómo pudo Enoc que vivía tantos años antes de la Cruz haber gozado de tanta comunión con el Señor y a la vez haber tenido un ministerio profético?  Es cierto que sabían acercarse a Dios Caín y Abel. ¿Sobre qué base?  Hay otras preguntas que exigen una reflexión. ¿Cómo pudo haber sabido Noé de ofrecer los animales limpios después del diluvio (Gen. 8:20-22)? ¿Cómo sabía Abram edificar altar al llegar a la tierra prometida (Gen. 12:7, 8)  y luego ofrecer a su hijo en holocausto a Dios (Gen 22)?  ¿Cómo llegó a conocer a Dios tan íntimamente Job, si fuera contemporáneo de Abraham como se cree?  Sin embargo todos estos aparecen en Hebreos once como los héroes de la fe.  Debería haber habido alguna revelación o conocimiento disponible a las primeras generaciones.

No puedo comprobar lo que sigue, pero me parece tan lógico y necesario que lo sugiero como una posible respuesta.   Dios le hizo saber a nuestros primeros padres la manera de acercarse a él por darles vestimenta de pieles y otras instrucciones (Gen 3:21). Abel y su ofrenda fueron recibidos como olor grato porque Abel se acercó en fe y en plena dependencia de Dios (Heb.11:4). Dios vio el corazón y así Abel llegó aceptado. Al contrario Caín se enojó en gran manera indicando cierta rebeldía e inconformidad.  Pablo dice de esa época: “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron, ni le dieron gracia . . . .” (Rom.1:21). Tal texto me enseña que Dios no se dejó sin testimonio de su persona y cómo llegarse a él.

Llamamos esto con la tradición oral o la oralidad.  Siempre ha habido entre todas culturas la costumbre de pasar de generación en generación las verdades inicialmente recibidas.  Así debió haber trabajado Dios. Además la longevidad de las primeras generaciones se prestaba para tal transmisión. ¿Cómo llegaron a Moisés los datos de Génesis?  Dios siempre ha dado testimonio de sí.  Luego agregaría lo objetivo de lo escrito, dándonos una base más segura de nuestra fe (2 Pedro 1:18-21). Pero todo esto me da la importancia de aceptar y ver la mano de Dios en Génesis y el Antiguo Testamento.

La palabra final es que la fe, la gracia de Dios, el amor de Dios siempre han estado al alcance del corazón abierto a Dios y listo a buscarlo en todo momento.  Con razón dijo San Agustín: “el Nuevo Testamento están latente en el Antiguo y el Antiguo patente en el Nuevo.”

Lecciones por tomar muy en cuenta por el líder bíblico

1.       Según nuestra manera de pensar Enoc tenía la desventaja de vivir muy antes de la Cruz, pero logró un andar íntimo con Dios, sólo por la pura fe, disponible tanto en aquel tiempo como en el nuestro.

2.       La fe, la gracia y el andar con Dios se ve desde Abel hasta la cruz como Hebreos  11 nos ilustra tan claramente.

3.       El líder que no guarda bien su andar diario con Dios ya va fallando. Sólo es cuestión de cuándo caiga.

4. No hay sustituto por el andar por fe, unido a Cristo en muerte y en  resurrección. “El justo por la fe vivirá.”

5.       La vida espiritual depende mucho más de la actitud del corazón ante Dios que el conocimiento doctrinal que profesa.

6.       Cuando otros iban para abajo en la depravación de Génesis 6, Enoc probó la gracia de Dios y Dios se lo llevó sin ver la muerte.

7.       Sólo sobre la base de un andar íntimo con Dios puede el líder bíblico llevar a cabo una obra que permanece eternamente.

Dr. G. Ernesto Johnson
Instituto Bíblico Río Grande

Gordon Johnson

Autor: Gordon Johnson

es reconocido en América latina como conferencista. Ha servido como profesor en el Seminario Bíblico Rio Grande, Texas desde 1954, siendo presidente de la institución por muchos años también. Tiene diversos títulos entre los cuales recibió un Masters en Estudios Latinoamericanos y un doctorado en Misionología.


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