“Descanso o  quemarse “burn out”

Mateo 11: 28-30

Introducción

Hoy en día hay un fenómeno bastante común entre los líderes espirituales. Se llama quemarse o en inglés “burn out.”  Esto se refiere a un profundo decaimiento psicológico, una depresión que resulta en el deseo de ‘tirar la toalla’ y a veces una caída espiritual y aun moral. Puede haber una base física o hereditaria; en tal caso vale la pena buscar ayuda profesional.  Pero muchas veces la causa de tal fatiga espiritual es que tratamos de hacer la obra de Dios usando sólo los escasos recursos de la carne, no los abundantes recursos del Espíritu Santo.  Dejamos de llevarnos por la carne que no puede nunca agradar a Dios (Rom. 8:5-8). Cristo mismo dijo: “Separado de mí nada podéis hacer” (Juan 15: 5). En nuestra porción Cristo nos da el remedio: venid a mí, llevad mi yugo, aprended de mí, porque soy manso y humilde de corazón. Hay un descanso prometido por simple venir a él y un descanso realizado en llevando el yugo y aprendiendo de él, el verdadero líder humilde. Cristo en nosotros es la garantía de nuestro reposo.

En el primer estudio preliminar observamos que Mateo pone la Gran Invitación dada a “los trabajados y cargados” (Mateo 11:28-30) en el contexto de su denuncia de las ciudades, tales como Capernaum que rechazaron tanto sus milagros como su enseñanza. Luego sigue una breve oración a su Padre Celestial en la cual Jesús subraya que la verdadera revelación de la verdad se le da sólo a los “niños,” es decir, a los orgullosos no. Tal recepción de la verdad introduce al “niño” (al humilde) al Hijo quien en torno lo introduce a Dios mismo. Esa bendecida intimidad está al acceso de todos los que vienen así de manera receptiva y obediente.  Para tal aceptación hay las condiciones definitivas que resultan en el reposo espiritual o en la victoria en Cristo.

El peligro de “burn out” o el decaimiento y el desánimo en el liderazgo

Para el tema del liderazgo esta verdad del reposo en Cristo es de mayor aplicación.  “Burn-out” o decaimiento y “quemarse” aflige a todo creyente que trata de servir a Dios  en la energía de la carne.  Así afligió hasta a Pablo en dicha ocasión en Romanos 7:24: ¡Miserable de mí ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Nuestra porción bíblica nos da la invitación de Jesús tanto de acercarnos a él en la salvación inicial como de acercarnos a él todos los días en los momentos de la crisis ministerial.

El primer mandamiento: “Venid a mí, todos los que estáis trabajos y cargados”

Mateo 11:28

No hay palabra más sencilla que la palabra “venir.” Hace tantos años que al oír nosotros  –ven– la invitación de los padres a que nos acercásemos a ellos; desde los primeros pasos más inciertos que dimos nos respondían con gusto.  Nos abrazaban con una sonrisa, contentos que ya dábamos los primeritos pasos.  No les importaba cómo llegáramos a ellos, nos recibían y nos agarraban.  ¡Cuánto más nuestro Padres celestial recibe a sus “niños!” Así la invitación sincera que Jesús le extiende o sea tanto el primer paso de la fe salvadora como el más reciente acercamiento en medio de las pruebas de la vida. Siempre está allí para recibirnos.

Pero hay un factor importantísimo.  Sólo los “trabajados y cargados” son los que son recibidos por Dios o sean los arrepentidos o los que no confían en sí mismos. El primer verbo es activo, el segundo pasivo, indicando todo el ámbito de la vida. Sólo a tales los recibe él para dar el descanso de los que tienen sus pecados perdonados o a los que buscan nuevas fuerzas para seguir adelante. Por eso Corazín, Betsaida y Capernaum (11:21-24) por ser tan inteligentes y sabios no entendían su mensaje. Tantos los fariseos como los saduceos no entendían nunca su mensaje ni mucho menos se acercaban a él.

Dios no tiene nada que decir al orgulloso, al soberbio. Es esa verdad básica se aplica tanto al que busque la salvación sobre las bases de sus méritos como al creyente que quiera servir a Dios por la conveniencia o la buena fama. Dios sólo se revela (11:25, 26) y les hará descansar por su gracia a los necesitados, los que no tienen recursos propios (11:28).

Esta verdad la sabemos muy bien con respecto al incrédulo. Pero el creyente necesita urgentemente entender que sólo los quebrantados de corazón son aquellos a quien Dios les da este reposo.  Son tales que pueden descansar en Cristo como el todo en todo de su vida y su servicio en su nombre.  Si Dios no reduce al incrédulo a la nada, no lo salva; de igual manera si no nos reduce de depender sólo de él, no hay tal reposo que prevenga el desánimo y el “burn out.” Sólo a los pobres del espíritu Dios les da su bienaventuranza  (Mateo 5:3-12).  El Sermón del Monte recalca esta verdad que veremos a través de este estudio. Es el mensaje de la Cruz, nada más ni menos.

El segundo mandamiento: Llevad mi yugo sobre vosotros   Mateo 11:29 (a)

El quebrantado de corazón o sea el incrédulo que cree en Cristo tanto como el creyente de muchos años tiene que llevar el yugo (tomar su cruz en otro texto – Mateo 16:24; Marcos 8:34; Lucas 9:23.  No hay otra opción alguna.  Cristo insiste en que los que reciben su descanso lleven su yugo y tomen su cruz.  Pero agrega luego: “Mi yugo es fácil y ligera mi carga (11:30). No nos pide lo que él no nos suple. No hay nada que temer.  Pero sólo los quebrantados entienden qué suave es su descanso en medio del torbellino de la injusticia y los ataques del enemigo que nos vienen en encima cuando servimos de todo corazón al Señor.

Note otra vez la repetición tan frecuente de este principio de la sumisión y la fe que depende sólo de él.  Toda la respuesta divina gira alrededor de ese principio. Tal principio no nos cae bien a nuestra carne, el viejo hombre. Por eso regresamos a la Cruz para saber cómo Dios lo juzgó de un vez para siempre. Regreso a mi verso favorito: “Sabiendo esto que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él para que el cuerpo del pecado sea destruido (cancelado o anulado) a fin de que no sirvamos más al pecado (es decir, ese viejo hombre confiado en sí)” (Rom. 6:6).

No me canso ni pido disculpas por regresar a lo que Cristo hizo en la cruz. Sólo nos toca decir: “Amén, Señor, acepto con gratitud el fin de mi vida vieja.”  En tal actitud de corazón  llevar la cruz no es ni difícil y ni pesada carga.  No hay tal sustituto por esta verdad. Si no se acepta de todo corazón, las batallas nos van a derrotar, nuestras escasas fuerzas nos fallan y el liderazgo en nuestro campo traicionará a Jesús.  Resulta el “burn out” y el decisión de ‘tirar el toalla.’

El tercer mandamiento: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”  Mateo 11:29b

Venimos ahora al punto clave.  “Venir a mí” marca la invitación, el acto de fe que llega y la actitud que debemos mantener.  “Llevad mi yugo” significa tomar la cruz, andar al compás de él en la obediencia.  “Aprended de mí” nos reta a ser aprendiz mayormente en el área de la mansedumbre y la humildad.  En estos tres mandatos Jesús puntualiza lo esencial del liderazgo bíblico. El hecho de que Jesús se describe a sí mismo en estas dos virtudes tiene que poner muy en claro que éstas son las áreas de nuestra mayor debilidad, si no el pecado más apegado a nuestro ser.

Cristo presenta la vida como un constante aprender, no termina porque nunca alcanzamos la plenitud de su santidad. El aprendiz reconoce sus faltas, su necesidad de desarrollar su potencial. Su actitud es una de sumisión, humildad, una mente receptiva, en breve, barro en manos del alfarero. Lo más lejos es la soberbia  y la confianza en sí mismo.

Es interesante que Jesús no se describa a sí mismo en términos de su sabiduría infinita, su autoridad sobre Satanás, su poder de realizar hazañas en la creación y milagros de sanidad.  Pone el dedo en la llaga del creyente por identificar la lección más urgente de aprender. Jesús lo hace con buena razón. ¿Cuál fue el pecado original, el primero que irrumpió en el cielo y creó al diablo mismo?  ¿Cuál fue el pecado que tornó el cielo en un infierno futuro? Lucero se contempló y se rebeló contra Dios; la esencia del pecado es el orgullo (Isaías 14: 4-20; Ez, 28:11-19).

Juan el Bautizador lo expresa gráficamente: “Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego . . . el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él bautizará en Espíritu Santo y fuego” (Mateo 3:10,11). La obra de Cristo en la cruz de una vez trató con ese mal que contagia a cada ser humano. Sólo Cristo y nuestra muerte al pecado puede anula el poder del viejo hombre, manifestado en el orgullo humano (Rom.6:1-14).  El líder más que nadie necesita apropiar esta muerte porque el liderazgo promueve fuertemente el orgullo secreto y abierto su nombre, su autoridad, sus talentos, sus derechos y su control de otros. Hay que soltar lo mío para recibir lo de Cristo. No hay ningún sustituto de esta verdad. Nos cae extraño pero nos libera.

Una Distinción importante “os haré descansar y hallaréis descanso para vuestra almas”

Si se lee la versión española con cuidado se notará que Cristo usa un solo verbo pero con dos diferentes construcciones gramaticales con un matiz que debemos captar.  Es muy significante.  Al venir a él en simple fe nos hace descansar, otorga un descanso permanente. La idea del verbo es hacer cesar, refrescar, dar alivio. Esto es una condición que nos garantiza la aceptación delante de su padre (véase 11:27). Podemos decir que esto se refiere a la justificación: aquel fiat u orden jurídica que nos declara tan justos como Cristo mismo, perdonándonos nuestros pecados y dándonos un estatus, una posición inalterable ante el juez justo.  El “os haré descansar” es un hecho respaldado por el Juez justo en base sólo de la muerte vicaria de su amado Hijo.

Pero el verbo traducido en español “hallaréis descanso” afirma que hay el descanso dado y el descanso hallado. Puede haber una gran diferencia en la vida del creyente entre el dado y el hallado.  El descanso dado estriba en el venir en fe y el descanso hallado estriba en el llevar el yugo y aprender de él en la humildad. Viene siendo un andar por realizar el descanso bajo las condiciones de tomar la cruz y seguir aprendiendo de él. En otras palabras negativas Cristo dice en las palabra de Pablo, muriendo con Cristo y dejando que la Cruz, ese veredicto divino con respecto a nuestro «yo» o el orgullo, esté siendo tomando lugar constantemente en el andar del creyente. Esto es la formación del verdadero líder. Es un andar diario muy cerca del maestro caracterizado por esas virtudes que lo destacan, la de la mansedumbre y la humildad.  ¡Qué tremenda lección por aprender para cada líder creyente! No importa cuál sea su campo de acción.

Debemos mirar más de cerca las cualidades de Jesús: la mansedumbre y la humildad. Ambas palabras no eran comunes ni admirables en la cultura griega. Eran en cierto sentido virtudes no por buscar. Pero el evangelio las subió a un lugar no conocido antes en la cultura pagana.  Es decir, no existían esas virtudes a parte de lo que Cristo trajo al ser humano. La palabra manso quiere decir: gentil, dulce, apacible.  Toca más el carácter interior ante Dios, pero manifestado en una ecuanimidad, bondad para con todos con quienes se trata. Alguien ha dicho que la mansedumbre no es la debilidad de carácter sino la fuerza del carácter bajo el control de Dios. Moisés fue el hombre más manso en el Antiguo Testamento (Números 12:3)

La humildad trae la idea de lo bajo, lo pequeño, la criatura ante el Creador. Nos vemos como lo somos en presencia de Dios. Es la gracia de la humildad que atrae al “Alto y Sublime que habita en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados” (Isaías 57:15).

Lecciones por aprender del maestro por excelencia

1.  La invitación de venir a Jesús es genuina y nos garantiza alivio y aceptación ante su Padre y a la vez nos introduce a la misma intimidad de la Trinidad (11:27)

2.  El descanso dado es seguido del descanso hallado a base de tomar la cruz y aprender de él.

3.   El área del aprendizaje del líder es la mansedumbre y la humildad y no el desplegar nuestro «yo,» talentos, dones aun dados por Dios, mucho menos nuestro control de otros.

4.   Jesús describe su yugo como algo bueno, sano, y bondadoso y servicial, nada de evitar.

5.   Las cualidades de Jesús deben ser la meta de cada líder que desee servir en su nombre.  No cabe el “caciquismo” ni “caudillismo” tan común en la cultura nuestra.

6.   Dios no puede premiar de ninguna manera el egoísmo en el creyente; no importa la manifestación tan minuciosa.

7.  Pero el manso el humilde de corazón vive en nosotros y no lo queremos ofender nunca por introducir lo viejo en lo nuevo.

G. Ernesto Johnson
Instituto Bíblico Río Grande

Gordon Johnson

Autor: Gordon Johnson

es reconocido en América latina como conferencista. Ha servido como profesor en el Seminario Bíblico Rio Grande, Texas desde 1954, siendo presidente de la institución por muchos años también. Tiene diversos títulos entre los cuales recibió un Masters en Estudios Latinoamericanos y un doctorado en Misionología.


Etiquetas:


No te lo pierdas

Recibe lo último en noticias, contenido, y más de Ayuda pastoral —¡inscríbete hoy!