En los pasillos de las editoriales y de  las empresas vinculadas a los medios se ha extendido un gran temor que genera varias preguntas… ¿ha llegado el final del libro impreso? ¿Estamos en la última etapa de las editoriales? Como una película apocalíptica se proclama el final de éstas ante una guerra que enfrenta a dos contricantes: Digital vs Impreso. Pero… ¿realmente esto es así? ¿Tendrá que ser una sola cosa sin la otra o ambas podrán complementarse coexistiendo?

En la última década la sociedad ha sido testigo y participe de un gran avance tecnológico, lo que antes era imposible para nuestra mente ahora se ha transformado en algo cotidiano. Las comunicaciones trascienden fronteras y desde nuestra propia habitación es posible estar en contacto con personas que se encuentran en otro continente por medio de internet. Y a su vez la tecnología no habría avanzado de esta manera si no hubiera sido acompañada por el imparable  crecimiento del consumismo en la sociedad. Lo que antes era inaccesible para muchas personas, como es la disponibilidad de la información llegando a cada hogar, ahora es posible debido a la combinación de tecnología-consumismo.

Años atrás una persona que deseaba leer un libro debía trasladarse a una librería para adquirirlo, luego debía cargarlo en un bolso, mochila o en la mano para leerlo en donde desee. Posteriormente si era un lector asiduo era necesario tener un espacio en su casa para exponer allí sus libros, es decir una biblioteca. Hoy quien desee acceder a un libro posee múltiples maneras de hacerlo, puede comprarlo, descargarlo de internet y pagar su costo por una versión en formato digital a través de alguna librería online o bien conseguirlo “gratuitamente” de alguna web de descargas disponibles en internet sin presentársele el asunto del espacio físico necesario para exponerlo luego.

Por esto es que las nuevas amenazas que encaran las editoriales son múltiples, los nuevos formatos digitales tienen cada vez más aceptación en el lector, la veloz e imparable difusión de la información a través de internet, el cambio de rol del consumidor, ya no como un sujeto pasivo que solo recibe sino que ahora es transformado en un sujeto  activo el cual tiene la capacidad y poder de producir y convertir aquello que recibe.

Sin olvidarnos también de un hecho que es consecuencia de los anteriores ya mencionados, una cuestión que produce gran debate, ¿cómo se protege el derecho de autor frente a la inmensa libertad de difusión y expresión existente, sin coartar ninguna de ellas pero cuidando a su vez al autor y el copyright?

No obstante la historia nos demuestra que no es la primera vez que el mundo editorial se ha enfrentado a cambios. La lectura en sí misma consta de múltiples revoluciones, los hechos así lo demuestran. La imprenta de Gutenberg en el siglo XV revolucionaba los medios de reproducción y por tanto de difusión de los materiales de lectura, como consecuencia entre los siglos XVI y XVIII el estilo de la lectura era modificada por esta invención de Gutenberg la cual generó espacios individuales e íntimos en las lecturas privadas y silenciosas abandonando el único estilo adoptado hasta ese momento, la lectura grupal y en alta voz.

El conocido historiador Roger Chartier ha dedicado importantes estudios y análisis en los que señaló que el hito que marcó la historia de la lectura ha sido el paso del rollo al códice. Es decir, este cambio de soporte fue el hecho que modificó la historia de la lectura y por tanto generó una marcada revolución. Ahora bien, Chartier ha señalado además que en la actual década estamos siendo testigos de una nueva revolución, no una amenaza, sino una revolución que modificará y creará nuevos espacios para aquellos que podrán evolucionar con estos cambios. Es el paso del códice a la pantalla digital la revolución que nuestra era está presenciando. Un nuevo soporte para nuestros libros, un nuevo formato para nuestros contenidos.

Y porque estamos en una etapa de proceso, es que el libro impreso aún coexistirá con el digital. Son varias las generaciones que consideran aún de mayor valor a aquello que es palpable, que pueden resaltar con su marcador, por lo que es necesario que aún se siga trabajando sobre lo impreso.

Por tales motivos es que el pánico no debe inundar los pasillos de las editoriales ni las mentes de quienes participan en la creación de los productos intelectuales. Es de conocimiento general que mientras que el saber humano siga evolucionando también lo hará el libro ya que éste es una manifestación del pensamiento. La historia se encargo de dejar evidencias de estos cambios y sabemos que sin amenazas no habría nuevos desafíos que enfrentar, y sin éstos no hay cambios ni crecimiento.

El mundo editorial deberá plantearse cuál es el punto de su negocio, no me refiero a negocio solamente como algo lucrativo sino al objetivo que se apunta alcanzar. Si la respuesta de las editoriales es la de ‘’producir libros’’ pues sepamos que estamos ante un gran problema, ahora si las editoriales son capaces de responder correctamente y tienen en forma clara que su propósito es el de generar contenidos, el de adaptarse a los nuevos formatos que el cambio tecnológico y social requiere entonces sepamos que estamos ante una nueva revolución de la lectura y la vida de las editoriales aún no ha acabado.

M. Verónica Muñoz

Veronica Munoz

Autor: Veronica Munoz

Verónica Muñoz, nacida en Buenos Aires, Argentina. Próxima Editora graduada en la Universidad de Buenos Aires y estudiante de la Licenciatura en Comunicación Social. Conoció a Cristo desde pequeña y tuvo el privilegio de criarse en una familia cristiana, actualmente se congrega en la Iglesia de Hermanos Libres en Avellaneda en donde participa y colabora en distintas tareas.



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