Una vez más el sensacionalismo periodístico vuelve a las andadas a raíz de los experimentos del famoso biólogo y hombre de negocios norteamericano, John Craig Venter, quien fundó la empresa Celera Genomics y se hizo popular al iniciar su propio Proyecto Genoma Humano en 1999, al margen del proyecto que ya estaba realizando el consorcio público. El doctor Venter es conocido también por sus planes desde hace años para patentar y comercializar el genoma humano, el código genético de toda la humanidad; asunto que le generó una agria polémica con otros destacados compañeros de profesión.

Recientemente los investigadores del centro que lleva su nombre, el Instituto J. Craig Venter de Rockville, Maryland (Estados Unidos), lograron con éxito extraer los cromosomas de una bacteria, modificarlos e implantarlos de nuevo en otro tipo diferente de bacteria. Según sus autores, este estudio que ha sido publicado en la revista especializada Science supone sólo el primer paso hacia la creación de células artificiales.
Sin embargo, los titulares que han dado la vuelta al mundo no son tan humildes y rezan así: “Científicos crean célula artificial”, “Se consigue la primera célula controlada por un genoma sintético”, “Primer paso hacia la creación de vida artificial”, etc. Estos encabezamientos se completan con posibles aplicaciones prácticas para el futuro como la obtención de bacterias capaces de sintetizar biocombustibles limpios como hidrógeno a partir de la luz solar, sustancias absorbentes de gases de efecto invernadero, compuestos para purificar el agua, limpiar derrames de petróleo, nuevas vacunas y antibióticos, etc. El propio Venter, director de las investigaciones, ha manifestado: “Ésta es la primera célula sintética que ha sido creada… y la llamamos sintética porque la célula se deriva totalmente de un cromosoma artificial, creado con cuatro botellas de compuestos químicos, un sintetizador químico y con información inicial de una computadora”. En su opinión, semejante logro podría ser una herramienta poderosa para tratar de diseñar todo lo que se quiera en biología.
No obstante, el doctor Venter ha ido más allá de la ciencia al manifestar: “Pensamos que es un paso importante, tanto científica como filosóficamente. Ciertamente ha cambiado mi visión de la definición de lo que es vida y de cómo funciona ésta”. ¿Qué quiere decir? ¿Que la vida es fácil de crear en el laboratorio ya que sólo hacen falta cuatro botellas de productos químicos y un ordenador? ¿Acaso se refiere a la idea de que si su equipo humano lo ha logrado, entonces no haría falta ninguna inteligencia creadora de la vida pues ésta habría aparecido espontáneamente de la materia muerta como proponen el evolucionismo y el naturalismo materialista? ¿Es éste el cambio filosófico que ha experimentado su visión de la vida? Si se refiere a tales conclusiones filosóficas me parece que está muy equivocado. ¿Qué es en realidad lo que se ha logrado y qué futuro tienen estos experimentos?
Aunque dichos logros biológicos puedan ser considerados como un hito en la historia de la biotecnología, lo cierto es que no se puede hablar de la creación de una forma de vida verdaderamente artificial porque el cromosoma formado de manera sintética fue colocado en una célula viva natural que ya existía. Además dicho genoma artificial se realizó a semejanza de los demás genomas bacterianos. Es decir, usando a éstos como modelos o patrones. En realidad lo que se ha hecho, más que crear vida en el laboratorio, recuerda mucho a la clonación de animales o plantas pero a nivel de microbios.
En efecto, si la mediática oveja Dolly fue el resultado de la introducción de un núcleo de célula mamaria de su madre genética (con toda su correspondiente dotación cromosómica) en el óvulo enucleado de una segunda oveja, lo que ha realizado ahora el equipo de Venter sería algo similar pero entre microorganismos. Hay que tener en cuenta que reproducir el genoma de una bacteria es muchísimo más fácil que hacerlo con el genoma de una célula eucariota animal o vegetal, ya que los microbios únicamente poseen un cromosoma circular pequeño mientras que las células con núcleo tienen toda una dotación que, como en el caso humano, es de 46 cromosomas muy complejos por célula.
En el año 2007, los científicos informaron que habían logrado transferir el genoma natural de una bacteria, Mycoplasma mycoides, a otra bacteria, Mycoplasma capricolum, y que los genes de la primera empezaron a controlar el funcionamiento celular de la segunda. Un año después, el equipo manifestó que había logrado crear un cromosoma sintético de la Mycoplasma mycoides utilizando bloques de material genético. La bacteria con genoma sintético logró producir proteínas de la bacteria trasplantada. Ahora, los investigadores combinando ambos avances han tomado el genoma sintético de la M. mycoides añadiéndole secuencias de ADN que sirvieran como “marcas” para distinguirlo del genoma natural. Todos estos experimentos han costado alrededor de 40 millones de dólares, pero tal cantidad no importa demasiado cuando se piensa que en el futuro se podrían ganar miles de millones.
Algunos críticos han expresado en numerosas ocasiones sus recelos ante la llamada biología sintética y los intentos por crear vida artificial sin ninguna regulación bioética. Sobre todo, porque piensan que la tecnología necesaria podría acabar en las manos equivocadas y facilitar la creación de las peores armas biológicas jamás imaginadas. Se ha manifestado también que la ciencia está volando muy alto por encima de la comprensión de la sociedad y que quizás cuando ésta reaccione sea ya demasiado tarde. De ahí el interés de algunos mandatarios, como el propio Obama, por informarse adecuadamente de estos últimos experimentos.
¿Está el científico jugando a ser Dios? ¿Será capaz de crear especies nuevas? De momento, no se fabrican genes nuevos (esto sería muy arriesgado sin conocer qué proteínas o funciones tendrían), lo que se hace es copiar genes conocidos de las células naturales y ordenarlos según secuencias determinadas con el fin de que sinteticen productos que interesan. Esto no es crear nueva vida sino modificar el rompecabezas genómico existente con una finalidad concreta.
Es posible que en un futuro el hombre consiga muchos logros en el área de la vida artificial, aunque siempre será imitando lo que ya existe en la naturaleza. No me parece posible crear vida en el laboratorio a partir de cero. No es lo mismo transformar que crear. Se podrá manipular y modificar el material biológico ya existente. Es decir, será posible copiar a Dios, pero jamás llegar a serlo.
Antonio Cruz

Autor: Antonio Cruz

Nació en Úbeda, provincia de Jaén (España) el 15 de julio de 1952.

Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Barcelona el 17 de Marzo de 1979 y Doctor en Biología por la misma Universidad de Barcelona el 10 de julio de 1990.

Como científico:
Catedrático de Biología y Jefe del Seminario de Ciencias Experimentales del IES Matadepera en Barcelona. Biólogo investigador del «Centro de Recursos de Biodiversidad Animal» del Departamento de Biología Animal de la «Universidad de Barcelona.»

Como teólogo:
Es Pastor de la «Iglesia Evangélica Bethel» de Terrassa (Barcelona) España y Profesor del «Centro de Estudios Teológicos» en Barcelona.

Principales obras:
La ciencia, ¿encuentra a Dios?; Una desmitificación de la Sociología; Una propuesta para el tercer milenio; Parábolas de Jesús en el mundo postmoderno; La ciencia: ¿encuentra a Dios?; El cristiano en la aldea global; Bioética cristiana, Darwin no mató a Dios, y Postmodernidad.



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