Contenido
    Prólogo

    Introducción

          1.      Predique con poder espiritual

          2.      Predique con convicción

          3.      Predique con compasión

          4.      Predique con autoridad

          5.      Predique con sentido de urgencia

          6.      Predique con quebrantamiento

          7.      Predique con todo su ser

          8.      Predique con imaginación

    Conclusión

    Bibliografía

Extracto de libro

El predicar no es meramente un ejercicio de lenguaje o de oratoria. No es ni siquiera un fin en sí mismo. Es el medio para un fin y con eso ayudar a otro ser humano. Predicar es un alma rogándole a otra: “Reconcíliate con Dios” (2 Co. 5:20). Algunas personas se convierten en predicadores porque les gusta tal tarea, por la gloria que le acompaña y por la sensación de poder. Pero ellos nunca predicarán con pasión. La carga que se siente por otros es lo que produce pasión en nuestra predicación. “Otros”, llega a ser nuestro grito pastoral. Lloyd-Jones está en lo correcto cuando escribe:

  El amar predicar es una cosa; amar a quienes les predicamos es algo distinto. El problema con algunos de nosotros es que nos gusta predicar, pero no siempre tenemos cuidado de asegurarnos que amamos a quienes les predicamos. Si a usted le falta el elemento de la compasión también le faltará el sentimiento que es un elemento vital en toda predicación.1

La predicación apasionada y poderosa se caracteriza por compasión por las personas. La compasión es sentir lo mismo que los otros, llevar sus cargas, participar de su dolor, llorar cuando ellos lloran.

         Com-pa-sión s. Sentimiento de profunda simpatía y dolor por alguien cuando le ha venido el infortunio acom–pañado con un deseo de aliviar el sufrimiento; piedad.2

La compasión es lo que caracterizó el ministerio del Señor Jesús: “viendo las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban angustiadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor (Mt. 9:35–36). La palabra griega traducida “tuvo compasión” se refiere al movimiento de las partes internas (corazón, hígado, pulmones, etc.) reaccionando al dolor y a la miseria de otro. La totalidad de la persona es afectada profundamente.3 Cristo no fue un mero predicador; Él amaba a la humanidad. La totalidad de su ministerio fue un constante derramamiento de su compasión por nosotros.

Este libro está disponible individualmente en copia descargable

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Asimismo en forma descontada el libro es parte de la bibliografía de las bibliotecas Logos

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Amontoya

Autor: Amontoya

Ademas de su enseñanza de tiempo completo en el Master’s Seminary desde 1992 también ha enseñado cursos bíblicos en la universidad Biola, clases de idiomas neotestamentarios en el Seminario Teológico de Talbot y cursos de ministerio pastoral en la escuela ministerial del Sur de California, una escuela fundada por estudiantes hispanos.

El Profesor Montoya también ha fungido como profesor visitante en crecimiento eclesiastico y planteamiento de iglesias en el Seminario Teológico de Dallas.


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