“Un pájaro atado a una cuerda parece tener más libertad que un pájaro enjaulado; revolotea de arriba a abajo, y sin embargo, está amarrado.”

Cuando un hombre piensa que ha escapado de la esclavitud al pecado en sentido general, y permanece no obstante bajo el poder de alguna pasión favorita, está terriblemente equivocado en su juicio con respecto a la libertad espiritual. Puede enorgullecerse de estar fuera de la jaula, pero la cuerda está en su pie. Aquel a quien le han quitado todos sus grilletes con excepción de una cadena, todavía es prisionero. “Que no se enseñoree ninguna iniquidad de mí” es una oración buena y sabia, porque un pecado consentido matará el alma tan ciertamente como una dosis de veneno mata el cuerpo. No se necesita que un viajero sea mordido por una veintena de víboras mortales, el diente de una cobra es suficiente para asegurar su destrucción. Un pecado, como el fósforo, puede encender los fuegos del infierno dentro del alma.

Todo aquel que sea esclavo de la bebida, de la codicia o de las pasiones debe aplicar esta verdad a su alma. ¿Cómo puedes ser libre si una de estas cadenas todavía te tiene amarrado? Nos encontramos con gente que profesa fe que son altivos y menosprecian a otros. ¿Cómo pueden ser los hombres libres del Señor cuando el orgullo les tiene rodeados? Debemos con toda intención quebrantar las ataduras del pecado y perfeccionar la santidad en el temor del Señor, o no podremos albergar la esperanza de haber sido libertados por el Hijo. Oh, tú que eres el Espíritu de libertad, te suplico que quebrantes toda atadura al pecado.

Por Charles Spurgeon

Salvador Gomez Dickson

Autor: Salvador Gomez Dickson

Pastor en la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo y profesor de la Academia Ministerial Logos.



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