Actualmente se conocen casi una treintena de métodos diferentes capaces de limitar el número de gestaciones y nacimientos. Desde el punto de vista médico suelen dividirse en cuatro grandes grupos: métodos naturales, de barrera, fisiológicos y abortivos. Cada uno de ellos plantea aspectos diferentes, como se verá, que no siempre resultan lícitos para una moral cristiana evangélica.

   

 

Si bien es verdad que son más importantes los motivos que llevan a la planificación familiar que los métodos utilizados, ello no significa que éstos puedan elegirse a la ligera. Para el creyente no se tratará nunca de algo neutro o irrelevante, sino que deben ser medios respetuosos con la vida ya engendrada y la dignidad de los seres humanos.

De ahí que la mejor solución sea siempre acudir al médico cristiano y al pastor para solicitar consejo clínico y, a la vez, asesoramiento ético.

MÉTODOS NATURALES
Se llaman así porque entre las medidas que adoptan para evitar la concepción no existe ningún mecanismo físico o químico ajeno al propio organismo y no porque sean mejores o más eficaces que los demás.

La antigua polémica entre lo “natural” como algo preferible siempre a lo “artificial”, carece actualmente de sentido. Tan artificial puede ser un ordenador personal como un libro o un recipiente de cerámica. Lo importante no es diferenciar entre natural y artificial sino entre justo e injusto, moral o inmoral.

Con estos métodos se procura que no penetre esperma en las vías reproductoras femeninas o bien que sólo lo haga durante los períodos en los que no existen óvulos fecundables.

Esto es lo que se pretende con la continencia periódica del método del calendario o de Ogino-Knaus, que consiste básicamente en abstenerse de practicar el coito durante los días previos o posteriores a la ovulación. Presenta una eficacia moderada que depende de la mayor o menor regularidad de los ciclos femeninos. Entre 14 y 33 mujeres de cada cien que practica esta técnica suelen quedarse embarazadas.

El método de la temperatura corporal basal así como el de la fluidez de la mucosidad cervical o método de Billings, que pueden emplearse combinados o por separado, proponen también evitar las relaciones sexuales durante la existencia de óvulos fecundables. El primero se basa en el cambio de temperatura que se experimenta con motivo de la ovulación, mientras que en el segundo tal acontecimiento vendría indicado por la mayor o menor viscosidad del moco cervical. En ellos el número de fracasos anuales es ligeramente inferior al método del calendario.

Un segundo apartado dentro de los métodos naturales lo constituyen aquellos que inciden sobre el control de la eyaculación. El coito interrumpido es seguramente el más antiguo que se conoce. Recuérdese que ya lo practicaba el personaje bíblico Onán (Gn. 38:9) al retirar el pene de la vagina de Tamar, durante el acto sexual, y verter el semen en tierra.

Se trata de un procedimiento bastante desaconsejable, no sólo por el elevado número de fracasos que produce -entre un 15% y un 40% al año- ya que en las secreciones previas a la eyaculación también puede haber espermatozoides capaces de fecundar, sino sobre todo por la insatisfacción sexual que genera en ambos cónyuges, especialmente en la mujer. Es muy difícil para la esposa alcanzar la expresión máxima de su goce sexual, el orgasmo, mediante tal comportamiento. No obstante, muchas parejas siguen practicándolo habitualmente.

Otros métodos similares que poseen parecidos inconvenientes son el coito reservado y el vulvar. El primero consiste en interrumpir los movimientos propios de la cópula cuando la excitación es máxima, con el fin de evitar la expulsión del semen, pero sin retirar el pene de la vagina hasta que se produce su detumescencia o disminución de tamaño. Mientras que el coito vulvar se realiza al frotar el miembro viril con la vulva o labios vaginales pero sin penetración. Es evidente que tales métodos son completamente insatisfactorios y poco adecuados para el correcto equilibrio sexual de los esposos.

Incluso se ha señalado que tales técnicas van en contra de lo que se recomienda en el Nuevo Testamento. Las palabras que el apóstol Pablo dirige a los corintios: “El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido” (1 Co. 7:3) parecen descartar estas prácticas sexuales incompletas que pueden resultar frustrantes.

El último método natural es el de la lactancia materna que se basa en el hecho de que, durante los días en que la madre amamanta a su bebé, no suelen producirse ovulaciones debido a la acción de las hormonas segregadas en ese período.

Lo malo es que esta norma a veces no se cumple. Pueden producirse ovulaciones inesperadas lo que hace que el número de embarazos entre las parejas que practican tal método sea elevadísimo.

De manera que, entre todas las tácticas naturales mencionadas la que parece más recomendable es la del ritmo o el método de la continencia periódica. Ya sea el de la temperatura basal, el de la fluidez del moco cervical o una combinación de ambos.

Antonio Cruz

Autor: Antonio Cruz

Nació en Úbeda, provincia de Jaén (España) el 15 de julio de 1952.

Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Barcelona el 17 de Marzo de 1979 y Doctor en Biología por la misma Universidad de Barcelona el 10 de julio de 1990.

Como científico:
Catedrático de Biología y Jefe del Seminario de Ciencias Experimentales del IES Matadepera en Barcelona. Biólogo investigador del «Centro de Recursos de Biodiversidad Animal» del Departamento de Biología Animal de la «Universidad de Barcelona.»

Como teólogo:
Es Pastor de la «Iglesia Evangélica Bethel» de Terrassa (Barcelona) España y Profesor del «Centro de Estudios Teológicos» en Barcelona.

Principales obras:
La ciencia, ¿encuentra a Dios?; Una desmitificación de la Sociología; Una propuesta para el tercer milenio; Parábolas de Jesús en el mundo postmoderno; La ciencia: ¿encuentra a Dios?; El cristiano en la aldea global; Bioética cristiana, Darwin no mató a Dios, y Postmodernidad.



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