En relación con esta pregunta se dan en la sociedad opiniones contrapuestas.

 
   

 

De una parte están los de tendencias conservadoras que creen en la no existencia de tal derecho. Afirman que los derechos son sobre las cosas y no sobre las personas y que, en cualquier caso, sería mejor hablar del derecho de los hijos a tener padres. Sin embargo, los mismos que así opinan, cuando se plantean el control de la natalidad, dicen que la procreación es un derecho y un deber casi ilimitado, rechazando como inmoral cualquier medida anticonceptiva.

Por su parte, los progresistas de tendencia más liberal que defienden el derecho a procrear como algo ilimitado y que consideran correcto desear tener un hijo “a cualquier precio”, a la hora de pensar en la planificación familiar prefieren cualquier método que limite el número de hijos aunque sea de forma drástica.

¿No hay algo de contradictorio en ambas posturas?

La interpretación liberal es claramente individualista ya que todo lo hace depender de la iniciativa privada de cada persona. Según esta mentalidad, la procreación sería un derecho individual ilimitado que podría ser ejercido indistintamente por cualquier mujer, casada o sola (soltera, separada, divorciada o viuda) por medios naturales o con técnicas de reproducción asistida. No obstante, la otra alternativa ve en la procreación un fenómeno de carácter exclusivamente social porque se da en el seno de la familia que es la célula básica de la sociedad.

Se ha señalado una tercera opción que aparece como la interpretación más equilibrada acerca de la procreación. Aunque en el terreno estrictamente jurídico no exista el derecho a tener hijos, de la misma manera que sí existe el derecho a tener una familia, lo cierto es que la paternidad o maternidad no se puede reducir a un mero derecho individual ni tampoco disolverla en el interés de la sociedad.

Es verdad que la procreación tiene una clara dimensión social, pero a la vez no cabe la menor duda de que es también fuente de realización personal. Por lo tanto, en el tema del derecho a procrear es fundamental que se dé este equilibrio sobre las intervenciones en el proceso reproductor humano tanto para favorecerlo (técnicas de reproducción humana asistida) como para impedirlo (control de natalidad).

Es indiscutible que existe un derecho natural a procrear pero siempre y cuando se utilice de manera sabia, equilibrada y racional.

Una procreación irracional puede llevar a la muerte a muchos niños inocentes que sean concebidos sin ser deseados. Pero también una esterilidad autoimpuesta con fines egoístas es contraria a la voluntad de Dios.

La Biblia no especifica, ni mucho menos, la cantidad de niños que deben tener los matrimonios cristianos. Esto se deja siempre a la responsabilidad de los padres.

Antonio Cruz

Autor: Antonio Cruz

Nació en Úbeda, provincia de Jaén (España) el 15 de julio de 1952.

Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Barcelona el 17 de Marzo de 1979 y Doctor en Biología por la misma Universidad de Barcelona el 10 de julio de 1990.

Como científico:
Catedrático de Biología y Jefe del Seminario de Ciencias Experimentales del IES Matadepera en Barcelona. Biólogo investigador del «Centro de Recursos de Biodiversidad Animal» del Departamento de Biología Animal de la «Universidad de Barcelona.»

Como teólogo:
Es Pastor de la «Iglesia Evangélica Bethel» de Terrassa (Barcelona) España y Profesor del «Centro de Estudios Teológicos» en Barcelona.

Principales obras:
La ciencia, ¿encuentra a Dios?; Una desmitificación de la Sociología; Una propuesta para el tercer milenio; Parábolas de Jesús en el mundo postmoderno; La ciencia: ¿encuentra a Dios?; El cristiano en la aldea global; Bioética cristiana, Darwin no mató a Dios, y Postmodernidad.



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