La mayoría de las campañas promocionales han enfatizado la promesa de que la cultura lectiva hará mejores ciudadanos y con más posibilidades de un mundo financieramente mejor; esto para algunos es debatible, lo cierto es que la lectura expande nuestros horizontes.

En el terreno lectivo de varios países latinos hay un vacío que debemos atender con urgencia. Según un informe sobre educación de la UNESCO, los alumnos de 15 años de varios países latinoamericanos están muy retrasados en lectura, matemáticas y ciencia con respecto a los de otras partes del mundo. Entre los países latinoamericanos incluidos en el análisis, Perú es el que sale peor parado. En la misma situación se encontraron el 40% de los mexicanos y de los argentinos; el 33% de los brasileños y el 28% de los chilenos – revela el informe de la UNESCO.

Si consideramos que en México se lee en promedio un libro y medio al año, debemos profundizar en el asunto de la lectura y sus beneficios.

En lo que se refiere a la cultura evangélica, debemos diagnosticar nuestros índices de lectura. Cabe preguntarnos, ¿qué tanto la promuevo en la congregación local? Y, ¿en qué medida somos facilitadores de la misma? Veamos algunas razones por la cual debemos mejorar nuestra lectura.

Es un hábito que enriquece la vida espiritual

La Escritura nos consigna a la lectura del precepto divino (Jos. 1:8). Ella misma nos dice con qué frecuencia: de día y de noche meditarás en él. Aclara las razones para leerla: para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito. Y la misma Palabra indica los beneficios que obtenemos al hacerlo: entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.

Si un líder no lee de forma sistemática la Escritura, ¿cómo podrá exigir a la congregación éste hábito? La mejor forma de enseñar a nuestros feligreses es ser los primeros en poner en práctica los mandamientos divinos; ningún método de enseñanza es tan efectivo como el ejemplo.

Permite ser asertivo hacia la realidad social

Hay que analizar las consecuencias sociales, cívicas y espirituales que deja el hábito de leer entre los creyentes. Evangélicos prominentes han sido relevantes a su generación por el amor a la lectura de la Palabra de Dios. Tal ejemplo lo vemos en el Dr. Gonzalo Báez-Camargo, quien en su vida como maestro, pastor, traductor, escritor prolífico e intelectual, su palabra era solicitada, escuchada y aplaudida por diversas audiencias de México y otras latitudes.

La lectura permite descubrir cifras, tendencias y percepciones de la sociedad actual para ayudar a plantear programas evangelísticos a públicos de mayor necesidad.

Se dice que un creyente lector obtiene un aliado estratégico en la práctica de leer, tal y como el apóstol Pablo lo hizo en su ministerio.

Genera líderes que comunican con efectividad

La pericia para comunicar con efectividad parte, en mucho, de los hábitos de un dirigente para leer y escribir.

Si un líder no lee corre el riesgo de estar descontextualizado y no conectarse con la audiencia. La sociedad tiene mucha información a la mano, exige respuestas y analiza la verdad que predicamos. Para ofrecer soluciones, debemos nadar en las aguas de la lectura de la Palabra de Dios; apoyarnos en la investigación y la consulta de diversas tesis.

Cualquier pastor que desee alcanzar con efectividad a las audiencias, deberá entender que la lectura sistemática nos ayudará a mejorar la forma en que comunicamos.

Forja creyentes activos en la iglesia local

Con frecuencia la gente que lee se vuelve dinámica dentro de la iglesia local. Tienen una capacidad para observar las oportunidades de comunicar el mensaje, prevé las alternativas para conectar a los receptores. Por ejemplo, algunas congregaciones tienen gente preparada que ofrece conferencias para educar, orientar y asesorar a la gente de su comunidad: madres solteras, madres adolescentes, matrimonios destruidos, comunidades de emos, darketos, entre otros.

¿Qué líder no desea tener un equipo de trabajo dinámico? Leer es para el líder, un principio para crecer integralmente.

Una nota final

México tiene grandes oportunidades para fomentar la lectura entre nuestros sectores. El Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), revela que la niñez mexicana representa el 30% de la población nacional. Esta cifra equivale a poco más de 30 millones de pequeños, y descubre un terreno fértil para impulsar campañas de lectura. Asimismo, desafía a los padres para facilitar a sus hijos los libros adecuados y pertinentes a su edad. En este tenor de las cifras, los jóvenes también son una prioridad, pues representan al 20% de la población en la República Mexicana; un gran sector de ellos tiene entre 14 y 19 años, éstas son edades clave para informarlos de los beneficios de la cultura lectiva.

En América Latina observamos un panorama de grandes oportunidades. En el sector juvenil, por ejemplo, viven cerca de 109 millones de jóvenes adolescentes, todos ellos con una deficiente cultura lectiva, con problemas de madres adolescentes, con poco acceso a la educación. La pregunta obligada sería, ¿qué puede hacer la iglesia evangélica para incentivar una cultura de lectura en nuestra comunidad? ¿Cómo podrán la iglesia evangélica y sus líderes, en conjunto con las editoriales cristianas, hacer un plan latino de lectura?

Todas las sugerencias son importantes para mejorar. Veamos en este año que inicia, nuevos horizontes para formar buenos lectores en la iglesia evangélica latina.

El autor es Presidente de la Alianza de Comunicadores Cristianos en México.
Trabajo de edición: Karla Sidney Novelo

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Autor: Carlos De León Cárdenas



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