Era la noche de la Nochebuena y hacía frio. Una fina lluvia caía sobre la carretera y el viento hacía muy desagradable estar a la intemperie. Todo estaba a punto y era casi la hora de sentarnos a la mesa para celebrar el Nacimiento del Hijo del Hombre; pero faltaba mi hijo mayor que salía de trabajar, y yo me encontraba conduciendo por la carretera para recogerle. A la salida del pueblo, cuando ya no había alumbrado público, la vi; era muy delgada, y con sus botas blancas casi fluorescentes se aferraba con una mano a un minúsculo paraguas, y con la otra, se apretaba la chaqueta, también blanca, a la altura del pecho. Ya la había visto otras veces, pero esa noche su tragedia cobraba dimensiones cósmicas por ser la Nochebuena. Un escalofrío me recorrió la espalda al pensar que aquella mujer joven, era hija de alguien, hermana de alguien, nieta de alguien, o quizás aún peor, madre de alguien; pero estaba sola, en la carretera, y no sentada a una mesa en un lugar cálido y rodeada de una familia. Me pregunte a mi mismo, cuál sería la razón de que ejerciera el oficio más viejo del mundo incluso en esta sagrada noche, y las únicas respuestas posible eran: La necesidad y la demanda. Necesidad de dinero para poder vivir; o quizás, para poder pagar a los que la habían introducido en el país. Nadie en su sano juicio esta a disposición del público en estas fechas y se traga los escrúpulos por lo que tiene que soportar, sino es por una necesidad más que imperiosa. La otra razón era, la demanda. Si estaba allí era porque había hombres que en la noche de la Nochebuena, estaban solos y aplacaban la soledad con unos momentos de una peligrosa satisfacción pagada. Esta demanda era también y en el último análisis, otro tipo de necesidad en la noche de la Nochebuena.

Nuestra necesidad hizo que el Hijo del Dios se encarnase en necesidad. La historia bíblica es la narrativa de la necesidad del ser humano. Y por la necesidad se logran los grandes avances o se cometen los grandes errores y a veces hasta ocurren las grandes tragedias. La Necesidad es un subproducto de nuestro estado caído y es la responsable de algo tan burdo y sangrante como que existan botas blancas en la noche de la Nochebuena. ¡ Señor, ayúdame a  ver con tus ojos a los necesitados.  Ayudame a paliar su  necesidad !

J. Eugenio Fernández Postigo
Biblista  y Teólogo

Autor: J. Eugenio Fernandez

es un decano y profesor residente de IBSTE. Obtuvo su licenciatura en teología de IBSTE, y después, recibió una MDiv y maestría de teología bíblica de Northpark Theological Seminary.



No te lo pierdas

Recibe lo último en noticias, contenido, y más de Ayuda pastoral —¡inscríbete hoy!