Nota: esta es una sección del libro Sermones Actuales, escrito por el autor.

En la Costa de los Esclavos, a pocos kilómetros de la capital del Togo, en África occidental, es frecuente ver en el mar grupos de pescadores echando la red para pescar. Lo primero que sorprende es que, habitualmente, hay dos grupos de pescadores muy alejados entre sí y que, a primera vista, dan la impresión de no conocerse. Incluso, parece que se hacen la competencia y se afanan por ver quien pesca más. Pero, a medida que avanza el trabajo, se cae en la cuenta de que, en realidad, están comprometidos a la misma operación. En efecto, no sólo la red es traída hasta la orilla, sino que los dos grupos se acercan hasta juntarse. Se trata de la misma red que al final recuperan repleta de peces.

Otra sorpresa es que cada grupo tiene una composición heterogénea: hombres, mujeres, niños, personas muy ancianas y jóvenes robustos. Todo el poblado está en la playa, todos trabajan juntos agarrados a la misma cuerda. Todos sin excepción tirando según las fuerzas de cada cual. A veces, alguno de los jóvenes tropieza y cae en la arena, pero la persona que está detrás de la mano, lo levanta y éste sigue tirando alegremente. Al final, todos participan en el reparto de los peces y llegan a sus cabañas, con los grandes cestos llenos de pescado sobre la cabeza.

Nuestra responsabilidad en la Iglesia, y en el mundo, puede expresarse también con esta misma imagen: estamos agarrados a la cuerda de nuestra jornada, de nuestro trabajo diario. Probablemente, sólo reparamos en el pedazo de cuerda que tenemos entre nuestras manos. A veces, puede parecernos que todo termina ahí, en esa modesta ocupación, en esas preocupaciones, en esos razonamientos, en ese pequeño horizonte. Pero la cuerda no se interrumpe después de nuestras manos, la cuerda continúa, está agarrada por millones de manos de este gran poblado que es el mundo. No vale refugiarse en el anonimato. La cuerda es muy sensible y transmite a nuestros compañeros de trabajo nuestro esfuerzo, pero también nuestras resistencias. Nuestro compromiso y a la vez nuestro rechazo. Cuando pensamos: ¿quién advierte mi presencia? O ¿para qué sirve mi trabajo?, debemos reconocer que todos advierten nuestra generosidad, pero también nuestra debilidad y nuestro cansancio. La red es de todos y nos liga a millones de personas, a todo el poblado. Lo que hacemos, lo que somos, lo que pensamos, lo que vivimos afecta a todos aquellos que nos rodean.

Nuestra grandeza puede hacer aumentar la estatura ajena; pero nuestra mezquindad debilita también a los otros. Nuestra pobreza interior empobrece al mundo, pero nuestra cosecha es una riqueza para todos. Al final, el Señor es quien hará la distribución, porque es Él en realidad quien sostiene los dos extremos de la cuerda y carga la mayor parte del peso. Si miramos bien, tiene las manos lastimadas por la soga. Es más las tiene agujereadas, traspasadas de parte a parte. Precisamente, con esas manos agujereadas dará a cada uno lo suyo.

¡Quiera Dios que cada uno de nosotros, como parte de la Iglesia, sepamos agarrarnos a la cuerda de las cosas ordinarias y tirar con fuerza, para que nadie pase hambre o se debilite por culpa nuestra!

Antonio Cruz

Autor: Antonio Cruz

Nació en Úbeda, provincia de Jaén (España) el 15 de julio de 1952.

Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Barcelona el 17 de Marzo de 1979 y Doctor en Biología por la misma Universidad de Barcelona el 10 de julio de 1990.

Como científico:
Catedrático de Biología y Jefe del Seminario de Ciencias Experimentales del IES Matadepera en Barcelona. Biólogo investigador del «Centro de Recursos de Biodiversidad Animal» del Departamento de Biología Animal de la «Universidad de Barcelona.»

Como teólogo:
Es Pastor de la «Iglesia Evangélica Bethel» de Terrassa (Barcelona) España y Profesor del «Centro de Estudios Teológicos» en Barcelona.

Principales obras:
La ciencia, ¿encuentra a Dios?; Una desmitificación de la Sociología; Una propuesta para el tercer milenio; Parábolas de Jesús en el mundo postmoderno; La ciencia: ¿encuentra a Dios?; El cristiano en la aldea global; Bioética cristiana, Darwin no mató a Dios, y Postmodernidad.



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