Con el hallazgo en México de los rollos fotográficos de Robert Capa sobre la Guerra civil española, se ha reabierto la polémica sobre la autenticidad de la fotografía más célebre de su carrera. Se trata de la instantánea en la que se reproduce el abatimiento de un miliciano en el frente de Cerro Muriano enCórdoba. Los especialistas en fotografía han cuestionado durante años su veracidad, en virtud del ángulo de la luz solar, de la ausencia de impacto visible en el cuerpo del malogrado soldado, de la inexistencia de un ataque en esa fecha, y de la identidad confusa del miliciano. Cuando aparecieron los negativos de México, lo primero que se hizo fue buscar una secuencia que diera veracidad a la conocida instantánea; pero no ha aparecido. La polémica sigue abierta y los más entendidos siguen cuestionando, esta vez con más rotundidad, este icono universal que nos muestra el horror de las guerras civiles. Sea como fuere, los hechos son: que hubo una guerra civil en España y que hubo muchos milicianos muertos porque la guerra fue una carnicería. Lo que no es fiable es el símbolo, aquello que la representó; o sea, la foto.

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Algo parecido ocurrió en la segunda Guerra mundial con la famosa fotografía de los marines levantando la bandera Americana en el monte Suribachi, de la Isla japonesa de Iwo Jima, en febrero del

subirachi1945. También fue un montaje. Ni las identidades de los protagonistas de la instantánea eran las de los “ héroes” que se usaron para levantar fondos en una turné por todos los Estados de la Unión, ni aquella era la bandera que primero se izó, ni ocurrió el día que se tomó la colina. Hoy es bien sabido que El fotógrafo Joe Rosenthal, montó la foto lejos de toda espontaneidad. Sea como fuere, los hechos son: que hubo una guerra mundial en la que hubo miles de marines muertos porque aquella guerra fue una carnicería. Lo que no era fiable era el símbolo, aquella foto, la más importante de la guerra y por la que el fotógrafo ganó el premio Pulitzer.

En ambos casos, el símbolo era falso; pero el significado era real. ¡Terrible paradoja! Una mentira que alumbraba una verdad histórica. Una falsedad que mostraba una realidad histórica auténtica. Un fraude que iluminaba una historia absolutamente verídica. Pues bien, existen algunas teorías de composición bíblica que básicamente y en su último análisis afirman esto mismo: Que una cosa es lo que ocurrió y otra distinta la fotografía que de ello tenemos; esto es: lo que los escritores sagrados registraron. Se afirma desde algunos sectores, y cada vez más desde nuestros púlpitos, que hay una diferencia abismal e insalvable entre el evento y la instantánea bíblica que lo narra. La Alta Crítica suele fechar la redacción de la narrativa muy posteriormente al evento que se retrata; y cuanto más lejos se sitúa en el tiempo, más nos aleja de lo que realmente ocurrió. Llegamos pues, a un punto donde el ejercicio hermenéutico aparece como una quimera que nos aboca irremisiblemente al deconstruccionismo. Si no es posible encontrar el significado de una verdad objetiva debido a los obstáculos temporales, arqueológicos, históricos y lingüísticos; nuestra interpretación queda únicamente regida y a merced de nuestras circunstancias personales, eclesiales y nacionales. El resultado es relativismo en estado puro; sin embargo, la Biblia es precisamente la antítesis del relativismo.

Jean Astruc, Johann Gottfrield Eichhorn, Whilhem M.L. De Wette, Herman. Hupfeld, Kart Heinrich Craf y finalmente Julius Wellhausen, como postulador oficial de la Hipótesis Documentaria, nos ayudan con sus aportaciones a vislumbrar la riqueza, los detalles y las singularidades del texto y del trabajo de edición que los autores hicieron; pero tristemente no nos ayudaron a confiar más en el texto, porque en el fondo afirman que solo es una sombra cosida a retazos de lo que realmente ocurrió. E incluso, en la mayoría de las narrativas, producto de la mente de varios autores que trataron de crear una instantánea, no del evento sino de la conciencia colectiva religiosa del pueblo escogido. Dicho de otro modo; lo que los biblistas de final del siglo XIX afirmaron, es que la fotografía bíblica se genera a partir del Kerigma (y no al contrario), en un proceso de revelado lento y donde intervinieron muchos técnicos superponiendo diferentes negativos en la ampliadora que expuso sobre el papel un resultado final mas o menos perfecto; pero que en cualquier caso, que no se corresponde con el evento (si es que este ocurrió alguna vez). En consecuencia, al no quedar espacio para encontrar un significado objetivo de la narrativa, la tarea hermenéutica queda absorbida por el significante cualquiera que este sea. Gracias a Dios que los fotógrafos bíblicos nunca buscaron un premio Pulitzer.

J. Eugenio Fernández Postigo

Teólogo y  Biblista

Autor: J. Eugenio Fernandez

es un decano y profesor residente de IBSTE. Obtuvo su licenciatura en teología de IBSTE, y después, recibió una MDiv y maestría de teología bíblica de Northpark Theological Seminary.



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