La organización de la ofrenda

Pablo llevó tantas cosas a cabo. Pero, ¿quién recuerda que él administró una ofrenda recogida de sus iglesias esparcidas dentro de cientos de miles de kilómetros cuadrados, y durante un buen período de tiempo? Allí entregaría un gran donativo a los líderes de la iglesia, con el fin de aliviar el sufrimiento y las necesidades de los cristianos pobres de Judea (Gálatas 2:9-10). Las instrucciones que Pablo indicó se encuentran en 1 Corintios 16:1-4. Una clave sobre el método de administración de Pablo:

“Y cuando haya llegado, enviaré a quienes vosotros hayáis designado por carta para que lleven vuestro donativo a Jerusalén.”

Adicionalmente observamos un versículo algo curioso en Hechos 20:4:

“Lo acompañaron [desde Corinto] hasta Asia, Sópater hijo de Pirro, de Berea; Aristarco y Segundo, de Tesalónica; Gayo, de Derbe, y Timoteo; y de Asia, Tíquico y Trófimo.” (RVR 95)

Estos siete varones cruzaron caminando por Macedonia y por barco a Troas, y también a Judea. Hechos no menciona cuál fue el motivo del viaje al este. No obstante, si consideramos la gerencia de una gran fundación caritativa, el desempeño de los hombres se aclara: Pablo quiso que cada iglesia enviara un representante o emisario, para garantizar la seguridad del dinero y también la ética de su administración.

La distribución involucraba distancias largas, y semanas o meses de viaje. Era factible perderlo todo si el barco se fuera a pique. Existía el peligro de robo o pérdida; también, existía la cuestión acerca de la seguridad interna. Es decir, cómo garantizar que nadie del equipo se “sirviera” de la bolsa como hizo Judas Iscariote o Ananías y Safira.

Bien, ¿qué hizo el apóstol? Convocó una comisión de personas, representativas de todas sus iglesias, para servir como administradores con el fin de garantizar y entregar, personalmente, la ofrenda a la iglesia de Jerusalén.

Muchos cristianos hoy en día tienen la impresión de que es “el mundo” el que necesita vigilancia, porque son los inconversos quienes tienen la propensión de robar, estafar, mentir y defraudar. Dentro de la comunidad de los santos, se piensa, “nos conocemos unos a los otros”.

Pablo no defendió esta filosofía, sino que apoyó la idea de rendir cuentas formales, aun entre cristianos. En este caso, había varios grupos que merecían información exacta sobre la ofrenda: los ofrendantes; los receptores; más allá, Pablo y sus compañeros; los administradores mismos; y quizás, hasta los enemigos de Pablo en Jerusalén, como prueba de que él no era un estafador.

Usando un mapa, es posible demostrar que los siete hombres en Hch 20:4 son representantes de todos, o de casi todos, los lugares dónde Pablo había fundado iglesias: Galacia, Asia, Macedonia por lo menos; Acaya con Corinto quizás es la excepción.

El pasaje 1 Corintios 16:1-4, habla de mandar a los delegados con cartas de presentación. Además, podían poner por escrito los detalles de todo lo que hacían y hasta cuánto dinero llevaban. Es decir, no existía la incertidumbre de algunas personas llegando con quien sabe cuánto dinero para un propósito indefinido. En este sistema, Pablo nunca tendría que tocar las bolsas de dinero.

Algunos principios para hoy

Pablo honraba ciertos principios fundamentales, los cuales valen mucho hoy en día. Es posible recapitular la doctrina paulina con un par de versículos en el contexto del manejo de la colecta (2 Corintios 8:20-21):

Evitamos así que nadie nos censure en cuanto a esta ofrenda abundante que administramos, procurando [BA – nos preocupamos] hacer las cosas honradamente [NVI – hacer lo correcto], no solo delante del Señor sino también delante de los hombres.

Cierto que “delante de los hombres” podría incluir evitar ofensa a los no creyentes (1 Corintios 9:19-23). ¿Cómo es permisible, algunos piden, que un apóstol llamado por Dios se rebaja a agradar a ellos que ni si quiera tienen la fe necesaria para entender un ministerio del Espíritu? Sin embargo, de acuerdo con Pablo, agradamos a Dios cuando se toman medidas concretas para no permitirle al mundo una oportunidad de menospreciar el evangelio.

Es sabio tener un plan desarrollado

Pablo, contrario a la impresión popular, era todo un proyectista. Planeaba con la debida anticipación, y de hecho sabemos más sobre la planificación de la ofrenda que lo que sabemos, por ejemplo, de su primer viaje misionero.

Es sabio mantener con cuidado archivos, datos y comunicación escrita

En una época sin Microsoft Excel, Pablo y su equipo, aparentemente, llevaban cuentas. Además, Pablo quiso que los agentes tuvieran a la mano cartas de presentación. Todo esto exige orden, tiempo y atención. ¡Qué raro, entonces, que un ministerio hoy en día no se tome la molestia de publicar un informe anual o proveer información financiera! Resulta que el ministerio funciona en la neblina, por no decir en las tinieblas. A veces la organización sabe los datos y realmente está confundida o dudosa con los fondos. Otras veces ni siquiera la organización conoce las cuentas.

Es sabio involucrar a personas de varios “círculos”

Existe menos peligro cuando una variedad de personas informadas participan con inteligencia en las decisiones económicas. En el caso de Pablo, era un sistema mucho mejor que una junta compuesta de parientes, amigos de la familia y quienes dependan del líder para un salario.

Es sabio mantener cierta distancia entre el buscador de fondos y los fondos mismos

El líder que recauda fondos no tiene por qué tocar, directamente, el dinero, y punto. Se debe canalizar de manera regular y reconocida. No tiene el derecho de tomar ganancias, más allá que lo que es conocido, permitido y otorgado.

Es sabio que más gente tenga información precisa, puntual y transparente

¿De qué valía contar con administradores de la ofrenda, si algunos no recibían todos los informes financieros; si existía un grupo íntimo que tomaba todas las decisiones importantes; si Pablo tomaba decisiones sin el grupo; si los administradores tomaban decisiones sin comunicarlas; si había dos diferentes tipos de libros de cuentas? Pablo arreglaba para los demás lo que a él le gustaría, conforme a Mt 7:12 RV 95: “Así que todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros.”

Algunas Verdades Espirituales

Es espantoso que el mundo aprecie el poder de la tentación y tome pasos para prevenirla mientras los cristianos, nosotros quienes creemos en Satanás, en la caída, y en la carne, actuamos como si fuera una incomodidad menor. ¿Hacemos planes como si la rectitud de algún líder ungido fuera incuestionable? No estamos haciéndole un favor, sino creando un tropiezo.

Algunos presumen que su propia organización tiene su propio código de reglas. Imaginan que hablar de “ser prudente” les conviene a otros ministerios, pero no al que es tan ungido, bendecido, apostólico o profético. Después de todo, cuando hay una lluvia de prosperidad, ¿quién tiene tiempo – o hasta las agallas – de llevar cuentas? Frente a esto, tenemos que responder que Pablo llevó y rindió cuentas, mostrándonos el solo patrón apostólico.

NOTA: existen varios recursos disponibles de EFCA (Evangelical Council for Financial Accountability); vea la versión castellana

Gary Shogren

Autor: Gary Shogren

ha sido profesor de Nuevo Testamento por 26 años. Escritor de varios artículos y libros. Actualmente es profesor en el Seminario ESEPA en San José, Costa Rica.



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