Mel Gibson en la película La Pasión de Cristo presenta un Cristo sangriento: una crucifixión barbárica dentro del mundo violento.     ¿Este es el cuadro completo?   ¿Es nada más que  tortura,  sangre  y muerte dolorosa?  ¿Qué pasó realmente en Gólgota?

El estudio de los datos en los evangelios  muestra algo más profundo y enigmático de lo que se ve en el cine.      El sufrimiento de Cristo era mucho peor de lo que la gente de los efectos especiales lo representaba.

El propósito de este estudio es examinar la experiencia de la muerte de Jesús según los datos del evangelista,  Marcos.   Aunque su evangelio es el más breve de los cuatro,  todavía presenta un panorama complejo de angustia.  Así es la experiencia de sufrimiento humano: una variedad de penas.

Humillado delante del mundo

Cristo anunció en su primer sermón,    “El reino de Dios está cerca” (1:15) y hablaba de sí mismo como rey (15:2).    En contraste en su muerte se ve la humillación de Jesús de varias maneras:   Débil en cuerpo  (Mar. 15:21, 23);  casi desnudo,  (15:23);  burlado e insultado (15: 16-18, 26-32);  colgado entre bandidos,  (15: 27);  y, crucificado (15: 25-37).   La crucifixión era reservada para la basura de la sociedad: esclavos y ladrones colgados en un lugar público.

La tormenta sicológica

Mucho era nuevo y terrible en la experiencia de Cristo:   Dejado sólo,  la pena de ser azotado,  el sentido de ser abandonado por su Padre y la cruz.    No había la colaboración de sus amigos:  “Todos ustedes me abandonarán ” (14:27).     Incluso Pedro negó conocer a Jesús repetidamente  (14: 30; 66-72).  Cuando Cristo estaba angustiado  (14:34),   nadie estaba  a su lado  (14:37, 40).    El traidor es “uno de los doce”  (14:43) y la señal era un beso (14:44).   Es como expresa el Salmista:     “Si un enemigo me insultara, yo lo podría soportar… pero lo has hecho tú… mi compañero, mi mejor amigo… con quien convivía en la casa de Dios”. (Sal. 55:12-14).

Cristo sabía que algo aterrador iba a pasar en su vida.   Repetidamente predice su sufrimiento y muerte  (Mar. 8:31;  9:31;  10:33-34).   Horas antes del evento,  oró  “Padre… no me hagas beber este trago amargo.”  (14:36).    La anticipación de una experiencia espantosa es una tormenta,  una tortura sicológica.

Apenado por la injusticia

Los judíos tanto como los romanos hicieron injusticias para matar a Jesús.  La gente religiosa encargada de enseñar y defender lo recto,   los jefes de los sacerdotes y el Sanhedrín,  “buscaban alguna prueba contra Jesús para condenarlo a muerte… muchos testificaban falsamente contra él… ni aún así concordaban sus declaraciones”  (Mar. 14:55-59).    Pero Jesús recibió la sentencia,  “todos ellos lo condenaron como digno de muerte” (14:64).

Ante la autoridad romana encargada de mantener la paz y la justicia,  el procurador Poncio Pilato,  el caso de Jesús parecía sin razón (15:1-9, 15).   Pero dejó en libertad a Barrabás un hombre justamente acusado de homicidio en una insurrección (15:7,15) y al pedido de la multitud,  crucificó a Cristo en su lugar (15:12-15).

Sí cualquier hombre se siente apenado cuando sufre injusticia,   ¿Cómo sería para él quien vino a amar a la humanidad? (6:34,  8:2).

La pena intensa de la cruz

El arresto de Cristo era por medio de “una turba armada con espadas y palos” (14:43) aunque era obviamente innecesario (14: 48, 49) pero servía para indicar sus propósitos violentos.  Dentro de pocas horas  fue azotado (15:15) que es una forma de tortura y castigo de intensa pena con la piel rasgada en lazos.   Marcos no dio los detalles pero fue conocido como algo horrorífico.

Cristo como carpintero y después evangelista itinerante,  era un hombre en buenas condiciones físicas.    Pero su castigo físico era al nivel que era imposible para él cargar el trasversal de la cruz (15:21).

Medicamente la pena de la crucifixión era inmensa con el cuerpo suspendido por clavos en las manos y los pies.    Por razón de la proximidad de los clavos con el sistema nervioso cada respiro causaba dolor intenso en el crucificado.   El condenado es dejado por horas con un poco de soporte en las caderas para extender la tortura.

Abandonado por Dios

Cuando Jesús gritó,  “Dios mío,  Dios mío,  ¿por qué me has desamparado?”  (15:34),   la palabra desamparado es decir abandonado e indicaba que era complemente dejado por su Padre.

Es una separación que ninguno de los evangelistas explica,  aunque este misterio fue anticipado por el tipo de Cristo, David (Sal. 22:1).

¿Qué pasó en la muerte de Jesús?

Marcos indica que algo anormal pasó en la muerte de Jesús.     Hubo oscuridad por 3 horas,  (15:33),  que en la mente romana era como una señal  de un mal augurio.      También fue rasgada la cortina del templo,  de arriba abajo (15:38).   Ambos eventos indicaban la mano de Dios.

Es curiosa la manera en que Jesús murió.  Marcos dice  “lanzando un fuerte grito, expiró”   (15:37).  Alguien muriendo crucificado usualmente sucumbe por asfixia.    El cuerpo está colgado, y los pulmones están bajo presión y finalmente la persona no respira y muere.  En estas condiciones es imposible gritar fuertemente.

Entonces parece que su muerte no era por causas típicas de brutalidad,  como representa Mel Gibson.   Algo más profundo estaba pasando.   Antes de su muerte,   Marcos usa una frase interesante,  “el que lee, que lo entienda” (Mar. 13:14).

La muerte de Jesús es más que una crucifixión sangrienta.    También es más que  una  complejidad de las torturas físicas y sicológicas.    Los lectores que leen con entendimiento notarán que antes Marcos especificó  la razón de su muerte,  “el Hijo de hombre vino… para dar su vida en rescate por muchos” (10:45).

Cuando fue crucificado estaba sufriendo más que tortura,  dolor y asfixia.     Marcos no está representando la muerte de un preso sino una expiación para salvar a otros.  Como dice otro comentarista,  “Cristo fue ofrecido en sacrificio una sola vez para quitar los pecados de muchos”  (Heb.  9:27).

Si uno tiene mil veces el presupuesto de La Pasión de Cristo todavía sería imposible mostrar que pasó en Gólgota.

David Ford

Autor: David Ford

Editor de Recursos Teológicos



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