Mi hermano y colaborador en el sitio Eugenio ha planteado un excelente dilema para discusión en su entrada reciente. El dilema es: en el fomento que es la política latinoamericana ni la izquierda ni la derecha parece tener el poder para crear una sociedad justa. ¿Cómo deberíamos nosotros responder a este reto como cristianos? Ofrezco una respuesta para discusión.

Individualismo verus soberanía

Este es un tema que líderes evangélicos en América Latina ya han considerado profundamente por muchos años, pero desafortunadamente la mayoría de evangélicos no se ha enterado y seguimos cambiando al llanta pinchada (si no reinventando la rueda) con cada nueva ronda de controversias políticas y sociales.

Líderes como René Padilla, Samuel Escobar y otros han notado que el evangelio que llegó a América Latina desde el norte fue muchas veces una cristianización del “american way of life” (el estilo de vida americano) en el cual se promete al individuo felicidad y satisfacción personal por medio del consumismo. En este contexto el evangelio se resume con “confía en Jesús y obtendrás tu felicidad personal tanto en este mundo como en el venidero”. ¿Y qué de comunidad, sociedad y política? Estas cosas no se consideran importantes, pues la meta es sólo la salvación del individuo.(1) Inclusive algunos norteños que viajaron al sur para cumplir la gran comisión estaban tan comprometidos con el capitalismo global que no pudieron ver el daño que el mismo estaba causando en América Latina. Al aconsejar que sus discípulos no se preocupen por cosas tan mundanas como política y problemas sociales, funcionaron como agentes inconscientes del imperio. Claro, no todos han sido así y de todos modos quedamos endeudados a ellos por su labor de amor. Pero también es importante entender las tendencias que han creado nuestra situación.

Desde ya el supuesto “evangelio” de la prosperidad es una contextualización extrema de esta teología consumista tan inadecuada.

La respuesta de los teólogos latinoamericanos ha sido abogar por una definición más bíblica del evangelio, una definición basada en la noción del señorío de Dios sobre toda la creación y sobre toda la experiencia del ser humano. Si regresamos a los primeros capítulos de la Biblia vemos que allí Dios es el creador de todo lo que existe, es decir, también de la sociedad humana. El hecho de que esa sociedad haya caído no implica nunca que ha sido despreciada, sino que igual al ser humano individual, es un aspecto de la creación que Dios quiere redimir. Este tema aparece otra vez en los profetas de Antiguo Testamento cuyo mensaje es basado en dos insistencias: que Dios sea el único Dios y que su pueblo se comporte como una reflexión de su carácter; que sea una sociedad justa. Luego en el Nuevo Testamento dos temas resaltan otra vez y traen a su clímax el señorío total de Dios. El reino de Dios que Jesús proclamaba era, en el contexto judío y el contexto de las expectativas mesiánicas bíblicas, nada menos que el anuncio de la reclamación de todo el mundo de parte de Dios. Jesús regresaba a su pueblo para comenzar esa redención, y esa misión fue encargada a sus discípulos: discipular a las naciones (Mateo 28:20). El segundo tema es la insistencia de Pablo en el señorío de Jesucristo sobre todo aspecto de su creación. Él es señor ahora y manifiesta su señorío en la iglesia, la comunidad de los redimidos. Esta comunidad es llamada a manifestar la vida sobrenatural de Dios delante del mundo para testificar de sus maravillas y para glorificarle a su nombre.

Nuevas direcciones

Al afirmar el señorío de Jesucristo como base de involucramiento social no estoy abogando por usar los miembros del estado para establecer una “sociedad cristiana” por medio de leyes humanas. Nuestro llamado es a ser una sociedad alternativa que existe entremedio de los reinos de este mundo y que testifica a ellos. Debemos ser un ejemplo de cómo ha de vivir el ser humano en amor y bajo la bendición de Dios. Esto no quiere decir que los cristianos deben alejarse del proceso político. Si por medio de este proceso podemos traer paz y bendición a otros deberíamos hacerlo. Pero debemos participar en el proceso político como cristianos cuya afiliación principal es el reino de Dios y cuyo método principal de redención es participación en la vida de la iglesia.

Debemos rechazar por completo cualquier ideologización de nuestra fe. Esto ocurre cuando llegamos a creer que hay una teoría o partido político que es el la opción cristiana. El problema es que todos los sistemas políticos son manejados por seres humanos y son por eso imperfectos. A esos líderes también les encanta tener el apoyo y el sello de la iglesia, pues aumenta su credibilidad. Pero al fin y al cabo la iglesia termina sumándose a la agenda política; es usada por ella y pierde sus distintivas y su poder retentivo. Como cristianos comprometidos a los valores del reino de Dios, es nuestro deber juzgar cada caso de acuerdo a sus méritos a la luz de principios bíblicos. Esto creará ciertas tensiones porque nunca podremos estar totalmente de acuerdo con un partido u el otro. Pero este es el lugar al que Dios nos manda, el lugar del profeta. Entonces criticar el capitalismo global no implica sumarse al socialismo revolucionario. Todo debe juzgarse desde la ética bíblica.

Debemos comenzar nosotros mismos a vivir la vida justa y renovada del reino de Dios en nuestras iglesias, amándonos los unos a los otros, cuidando de los pobres y marginalizados, solucionando los problemas de nuestras sociedades nosotros mismos, aunque sea un pequeño paso a la vez.

Finalmente, dejemos detrás por siempre esta noción tan distorsionada de que la salvación es solo limitada a la felicidad del individuo. Comencemos a pensar socialmente, completamente, integralmente. Creo que al hacerlo nuestro testimonio se convertirá en algo mucho más poderoso de lo que es ahora y comenzaremos la ardua labor de sanar el intentado suicidio social y político latinoamericano.

(1) Agradezco el artículo reciente de Daniel Salinas,  ”Will Lausanne III Listen? A Latin American Inquiry,” Evangelical Review of Theology, 33:2, por su buen resumen de la crítica de Padilla y Escobar.

Rob Haskell

Autor: Rob Haskell

Director del ministerio de capacitación pastoral Senderis. También es autor del libro Hermenéutica: Interpretación Eficaz Hoy, de Editorial CLIE.
Director del ministerio de capacitación pastoral Senderis. También es autor del libro Hermenéutica: Interpretación Eficaz Hoy, de Editorial CLIE.



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