Alguien contó la siguiente historia:

Un amigo mío trabajaba en una farmacia mientras estudiaba en la Universidad de Texas. Su trabajo consistía en hacer entregas en algunos hogares de ancianos en la zona de Austin. Una tarea adicional era un breve viaje a una puerta vecina.

Cada cuatro días se echaba al hombro una gran botella de agua y la llevaba más o menos cincuenta pasos a un edificio detrás de la farmacia. El cliente era una anciana de unos setenta años que vivía sola en una habitación oscura, con escasos muebles y falta de aseo. Del cielo raso colgaba una bombilla. El empapelado estaba manchado y roto. Las cortinas cerradas, y la habitación se veía lúgubre. Steve dejaba el agua, recibía el pago, daba gracias a la señora y salía. Con el transcurso del tiempo comenzó a sentirse extrañado por esa compra. Supo que la mujer no tenía otra fuente de agua. Dependía de su entrega para lavar, bañarse y beber durante cuatro días. Extraña elección. El agua municipal era más barata. La ciudad le hubiera facturado de doce a quince dólares mensuales; sin embargo, su pedido en la farmacia alcanzaba cincuenta dólares al mes. ¿Por qué no eligió el aprovisionamiento más barato?

La respuesta estaba en el sistema de entrega. Sí, el agua municipal costaba menos. Pero la ciudad enviaba solamente el agua; no enviaba una persona. Ella prefería pagar más y ver un ser humano que pagar menos y no ver a nadie.

¿Cómo puede alguien estar tan solo?

Para algunos la soledad no siempre representa una situación de angustia, de hecho, existen momentos en las que se desea estar apartados de todos para buscar espacio de reflexión o comunión con Dios, momentos que se disfrutan de verdad. Sin embargo para mucha gente sentirse abandonado les causa una terrorífica sensación o desequilibro emocional que culmina en depresiones severas y desadaptaciones que no les permiten hacer frente de manera saludable a lo que ellos consideran un grave conflicto.

Mucho sabemos que nuestro mundo está superpoblado hoy, que tanta explosión demográfica conlleva graves consecuencias para el pobre planeta que se va deteriorando día a día. Sin embargo, aun que nuestro planeta está tan lleno de gente la soledad está marcando con duras cicatrices las almas y corazones de muchas personas, que abrumadas por un desierto interno y anemia de amistad se deprimen y manifiestan actitudes que van de la autoconmiseración hasta el suicidio.

En su Canto General, Pablo Neruda narra en la estrofa Recuerdo la Soledad del Estrecho el siguiente verso:

La larga noche, el pino, vienen a donde voy.
Y se trastorna el ácido sordo, la fatiga,
la tapa del tonel, cuanto tengo en la vida.
Una gota de nieve llora y llora en mi puerta
mostrando su vestido claro y desvencijado
de pequeño cometa que me busca y solloza.
Nadie mira la ráfaga, la extensión, el aullido del aire en las praderas.

Se estudia hasta el cansancio las consecuencias que la soledad puede provocar en una persona. Los sociólogos, psicólogos, antropólogos y una pléyade de científicos más hurgan en el alma o mente del hombre para encontrar la razón del por qué ese terrible sentimiento de vacuidad infecta a la humanidad precisamente en la cúspide de su súper población contemporánea. Si acaso encontraran alguna causa física que se remediare con algún medicamento, poción o tratamiento; medicina que permitiera arrancar el vacío del alma y convertirlo instantáneamente en un gozo perenne y contagiante que ahuyentara de una vez y para siempre los sórdidos susurros del eco vacío de la mente e interior humana. Pero aunque por allí algún laboratorio produce mágicas píldoras que al ingerirlas recrean una cierta sensación de alivio, todo es inútil, solo son paliativos que no remedian mucho y que al otro día esa profunda soledad que lastima a tantas y tantas personas regresa como hombre armado. Tanta soledad en individuos que irónicamente, viven en el planeta de las comunicaciones. Algunos llegan a la casa y encienden el televisor, solo para escuchar voces en el cuarto, y al dormir lo hacen con el aparato todavía encendido, ya que apagarlo les causaría una sensación de horrible vacío, e incluso, el miedo pudiera terminar por apoderarse de ellos.

Amando Martin-Zurro en su libro: Atención Primaria dice que la soledad se debe considerar como un factor de riesgo y que afecta más a las mujeres . He encontrado en mi labor pastoral que la sensación de no tener a nadie, o no sentir el apoyo de alguien junto a uno es una idea realmente perniciosa y destructiva. Los pensamientos que la persona tiene son negativos y van en aumento conforme se pasa más tiempo en esta depresión. La persona que se siente de esta manera puede incluso crear sentimientos de rencor en contra de aquellos que, aparentemente, son más dichosos que uno e incluso ese odio puede llegar hacia la misma figura de Dios, haciéndole a Él culpable de toda la desdicha que inunda el alma. J. C. Maxwell, en su libro Las 17 Leyes Incuestionables del Trabajo en Equipo cuenta la siguiente anécdota:

A medida que aumentaba la participación en la guerra de Vietnam, también crecía el número de soldados estadounidenses capturados. Finalmente cayeron en manos enemigas 591 militares, la mayoría pilotos.

La mayoría de los prisioneros fueron a parar a la prisión Hao Lo, a la cual los hombres llamaban el Hanoi Hilton. Allí sufrieron torturas atroces y condiciones inhumanas. La mayoría se consumió. No era extraño que alguien de un metro ochenta de alto llegara a pesar cincuenta y cinco kilos. Sin embargo, lo peor para la mayoría de hombres era la soledad obligada. El ex prisionero Ron Bliss explicó: «Usted queda aislado. Allí es cuando comienza el problema. Usted tiene que comunicarse prácticamente a cualquier costo. Quizás lo atrapen y lo torturen por algún tiempo, pero de todos modos lo hace».
Los captores norvietnamitas y el Hanoi Hilton intentaron acabar con los prisioneros golpeándolos físicamente, abatiéndoles el espíritu y aislándolos. Un hombre renuncia a la esperanza cuando piensa que es un individuo abandonado.

Sin tener a nadie en quién apoyarse un individuo se reduce en sus esperanzas y el horizonte humano se ve devastado. Se deprimen en solo pensar en ello, pero la realidad les rodea y es evidente que son cada vez más personas que se abandonan a la soledad. Tienen a familiares lejos, han perdido un ser querido, los despidieron en el trabajo, son víctima de chismes que ahuyentaron a sus amigos, tienen una enfermedad que los aísla, algún defecto físico que le impide relacionarse o simplemente su carácter o personalidad les hunde en un hoyo desértico y estéril. Todos ellos claman ayuda y desean tener amigos, tener una interrelación personal y no sentirse así: solos.

Lo extraño de todo es que aun en las iglesias cristianas existen hombres y mujeres que están siendo arrastrados por la soledad. Día a día aumentan los que tienen que tomar antidepresivos y medicamentos similares, algo que apague ese grito, esa necesidad de sus corazones hambrientos de felicidad, de compañerismo, de amor. ¿Dónde está Dios en estos momentos?, se preguntan muchos. ¿Acaso alguien que cree en el Señor podrá alguna vez sentirse solo?, preguntan otros, sin embargo veamos lo que la Biblia dice al respecto:
¿Qué fue lo primero malo que hubo en el Huerto del Edén? No fue el pecado de Adán, el comer del fruto prohibido. La Biblia nos dice qué fue lo primero que Dios llamó “malo” en el huerto: Gen 2:18 Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él. Dios consideró que la soledad era mala, produciría al final un desastre o algún tipo de problema, por ello el Creador le dio una compañera al varón, para así, juntos, enfrentaran la vida tomados de la mano.

En la historia bíblica podemos ver a hombres llenos del poder de Dios quejarse de soledad, uno de ellos dijo: “El respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida”. 1R. 19:14 . La soledad de Elías parecía justificada y le había causado una profunda depresión. Terminó dentro de una cueva, solo. ¿Nos identificamos? Elías era un tremendo servidor de Dios, con dones que muchos desearíamos. Venía de una gran victoria contra los profetas de Baal, incluso su ministración logró que el pueblo se volviera a Jehová, y sin embargo se sentía solo, creía que nadie más le podía comprender. Se metió a una cueva oscura porque la sensación de soledad le deprimió. ¿Cuál fue el remedio? La intervención de Dios por supuesto, porque aunque Elías no podía mirar a Dios el Señor le mostró que siempre estuvo con él, aunque sea en un silbido suave y apacible, donde no siempre le podemos notar, pero donde estará junto a nosotros.

Aun el mismo Jesús se sintió solo. En el huerto estaba tan apesadumbrado en su solitaria misión que tuvo que venir un ángel para confortarle (Luc. 22:43) y ya en el Calvario exclamó una frase por demás angustiante: y a esa hora Jesús gritó con voz potente: “Eloí, Eloí, lammá sabactani”, que quiere decir: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Mt 15:34 (Biblia de las Américas). Si alguien de verdad sabe lo que es sentirse solo, es Jesús quien llevó nuestras culpas en esa horrible cruz, él sabe lo que siente la solitaria humanidad, y sabe confortar al que está en un yermo seco, por eso es el Buen Pastor.

¿COMO SALIR DE LA SOLEDAD?

Primero que nada entendamos que las relaciones interpersonales como la amistad, el noviazgo, el matrimonio, la iglesia tienen un riesgo intrínseco, podemos salir lastimados, e incluso, podemos salir lastimando a otros. Ese es un factor que no nos debe amedrentar, por lo contrario, como gente madura debemos asumir el riesgo de dar nuestro cariño y amor a otros, sabiendo que cuando suceda la herida, el amor y la madurez solventaran con eficiencia el error y permitirán continuar con una relación sana, si bien con algunos tropiezos, pero bella y edificante.

Segundo, perdone toda ofensa. Muchas veces miramos a los demás como culpables antes de conocerlos, y todo porque alguien nos lastimó, menospreció o traicionó cruelmente en el pasado. Asumimos que los demás que se crucen en el camino tarde o temprano nos ofenderán, así que “a crédito” sacamos de nuestro círculo de seguridad toda probable fuente de heridas. Ya no más. Al perdonar asumimos lo contrario, que podemos tener nuevos amigos o relaciones sanas en el futuro, que si bien pudieran contener alguna herida, se podrán sanar con el poder del perdón.

Tercero: Llénese de textos bíblicos que hablen de la situación, del origen y de la solución, como los siguientes:

Mírame, y ten misericordia de mí, Porque estoy solo y afligido. Salmo 25.16.
Me he consumido a fuerza de gemir; Todas las noches inundo de llanto mi lecho. Riego mi cama con mis lágrimas. Mis ojos están gastados de sufrir; se han envejecido. Salmo 6.6, 7.

Y positivos como estos:

«No te dejaré» (Génesis 28.15).
¿Qué nación grande hay que tenga dioses tan cercanos a ellos como lo está Jehová nuestro Dios en todo cuanto le pedimos? (Deuteronomio 4.7).
«Jehová tu Dios … no te dejará, ni te desamparará» (Deuteronomio 31.6)
«No dejaré a mi pueblo» (1 Reyes 6.13).
«No abandonará Jehová a su pueblo» (Salmo 94.14).
«No está lejos de cada uno de nosotros» (Hechos 17.27).

Particularmente el Salmo del Pastor, es decir, el Salmo 23 es excelente para estos casos. Nos infunde una confianza en los momentos que estamos lejos de la familia, o cuando simplemente nos sentimos solos. Pero existe un pasaje muy especial que es bueno leer con toda disposición, porque muestra a nuestro Dios con un amor especial que edifica después de la tormenta:

Porque como a mujer abandonada y triste de espíritu te llamó Jehová, y como a la esposa de la juventud que es repudiada, dijo el Dios tuyo. Por un breve momento te abandoné, pero te recogeré con grandes misericordias. Con un poco de ira escondí mi rostro de ti por un momento; pero con misericordia eterna tendré compasión de ti, dijo Jehová tu Redentor. Porque esto me será como en los días de Noé, cuando juré que nunca más las aguas de Noé pasarían sobre la tierra; así he jurado que no me enojaré contra ti, ni te reñiré. Porque los montes se moverán, y los collados temblarán, pero no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz se quebrantará, dijo Jehová, el que tiene misericordia de ti.

Pobrecita, fatigada con tempestad, sin consuelo; he aquí que yo cimentaré tus piedras sobre carbunclo, y sobre zafiros te fundaré. Tus ventanas pondré de piedras preciosas, tus puertas de piedras de carbunclo, y toda tu muralla de piedras preciosas. Y todos tus hijos serán enseñados por Jehová; y se multiplicará la paz de tus hijos.

Con justicia serás adornada; estarás lejos de opresión, porque no temerás, y de temor, porque no se acercará a ti. Si alguno conspirare contra ti, lo hará sin mí; el que contra ti conspirare, delante de ti caerá. (Is. 54: 6-15)

Cuarto: Reprenda en el nombre de Jesús todo pensamiento destructivo y de autoconmiseración. Dios le ha creado a Usted a su imagen y semejanza, con un propósito magnífico, y no para vivir en esa deprimente soledad. “¿Qué haces aquí, Elías?” (1R 19:9) le preguntó Dios al Profeta de Fuego cuando se lamentaba oculto en una cueva, lo mismo nos pregunta el Señor ahora, ¿qué haces allí? Sal fuera, levántate y completa la vida que Dios quiere darte. La Biblia dice: “Jehová cumplirá su propósito en mí; Tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; No desampares la obra de tus manos”. (Sal 138:8). Entienda que su vida tiene un propósito, si creemos que nuestro existir no tiene sentido para nadie, ni para Dios nunca saldremos del hoyo, Dios le dijo a Elías que “largo camino te resta” (1 R 19:7) es decir, “todavía sirves para algo, y me servirás todavía mucho tiempo más”

Quinto: De nuevo Elías nos da la clave para salir de la soledad: comer y caminar. Dios le dio a Elías pan y agua y luego lo mandó caminando a una misión bastante lejana. Salió publicado en el 2007 un libro científico llamado Hormonas, Estado de Ánimo y Función Cognitiva escrito por Sonia Martínez Sanchi y Mercedes Almela Zamorano en donde señalan que han encontrado que en situaciones de estrés o de depresión una enzima cerebral llamada alopregnalona es particularmente escasa en esos momentos . Una buena manera de aliviar las necesidades que el cuerpo y el cerebro requieren está en descansar correctamente, alimentarse y hacer ejercicio, actividades que el que se deprime realiza deficientemente.

“Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come. Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió a dormirse. Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta. Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios” (1 R 19:5-8)

Nunca mire a la vida como su enemiga, es la vida, el tiempo y su existir elementos que combinados en las preciosas manos de Dios traerán bendiciones tanto para nuestra propia persona como para otros. Cuando nos sentimos solos el diablo nos susurrará palabras que en otras circunstancias ni atenderíamos siquiera, pero en la depresión, con las defensas bajas, sí escuchamos, y lo que es peor, creemos en esas malignas frases. Algunos han dicho que en fechas como las de Navidad existen más deprimidos y gentes solitarias que nunca.

Cuando sabemos que el Salvador del mundo culminó en solitario su misión, que nadie le ayudó a cargar tan pesada responsabilidad y que padeció sufrimientos indecibles entonces nos preguntamos ¿por qué lo hizo?, ¿qué le dio las fuerzas para continuar?, y la respuesta es que él nos miraba en el futuro, sabía que muchos estarían perdidos, sin esperanza, sin salida. Jesús tomó la copa amarga del juicio contra el pecado y lo hizo por amor. Aunque en algún momento estuvo solo el recuerdo de nuestra existencia, el saber que nos otorgaba una llama de esperanza a la humanidad lo mantuvo firme, y hoy debemos decirle a todos, incluso a nuestro propio corazón la frase más hermosa que un hombre o mujer invadidos por la soledad pueden escuchar:

“No voy a dejarlos solos; volveré a estar con ustedes.” (Biblia en Lenguaje Sencillo) Jn 14:18

Jorge Canto

Autor: Jorge Canto

Pastor de la iglesia La Nueva Jerusalén de Mérida, México y maestro internacional del ISUM (Instituto de Superación Ministerial) de las Asambleas de Dios. Ha colaborado como escritor en diferentes proyectos educacionales de la editorial ECCAD.



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