Hace 492 años, un 31 de octubre de 1517, un manifiesto de libertad contra la opresión religiosa y política se colocó en la puerta de la capilla del castillo de Wittenberg, Alemania. Un monje agustino, Martín Lutero, clavó sus 95 Tesis en ese lugar público. Ese evento es recordado desde entonces como el Día de la Reforma Protestante. ¿Cuales fueron los principios cardinales de esta reforma? Los siguientes:

  • Sola Scriptura: Debido a que la preocupación principal de la Reforma fue la Gloria absoluta de Dios (solo Deo Gloria), se vindicó el honor de la Palabra de Dios como norma exclusiva y determinativa de toda la enseñanza de la iglesia como la autoridad soberana, plena e infalible para la vida y misión del pueblo de Dios.
  • Solo Christo: La Reforma afirmó la perfecta y completa suficiencia de la obra redentora de Cristo. Su muerte expiatoria en la cruz fue entendida como única, suficiente e irrepetible.
  • Sola Gratia: La Reforma destacó también el gozo cristiano de la seguridad personal de la salvación, no por la naturaleza meritoria de las obras, sino solamente por la gracia de Dios y la Sola Fide en Cristo (Solo la fe).
  • El sacerdocio universal de todos los creyentes: La Reforma subrayó, además, que todos los creyentes eran iguales delante de Dios, estaban llamados a ejercer el libre examen de las Escrituras y tenían que dar gloria a Dios con sus vocaciones particulares.

Pero la Reforma no tiene que ser vista solamente como un evento histórico con consecuencias culturales, sociales y políticas; anclado en el pasado, para ser guardado en la memoria. Es cierto que un 31 de octubre de 1517 comenzó la Reforma. Sin embargo, la Reforma no es un evento terminado, definitivo, concluido. La Reforma es una conjunción de principios que sitúan a las iglesias, dentro de cualquier coyuntura histórica, en una actitud de permanente examen de su vida y misión. Esta es la razón por la cual los Reformadores afirmaban: Ecclesia reformata quia semper reformanda (iglesia reformada siempre reformándose).

A la luz de los principios de la Reforma, ¿cómo nos encontramos actualmente los evangélicos latinoamericanos y, particularmente, aquellos que en el Perú nos reconocemos como herederos de la misma y tenemos en nuestra base doctrinal sus principios claves como ingredientes insustituibles del piso común de nuestra identidad evangélica? ¿Estamos siendo fieles a nuestra herencia reformada o ella se ha ido desfigurando, diluyendo y distorsionando en los últimos años debido a la introducción de prácticas ajenas a la identidad evangélica? Veamos.

1. ¿Sola Scriptura?

Hasta hace poco tiempo a los evangélicos se les conocía como el pueblo del libro, haciéndose así referencia al lugar central que tenía la palabra de Dios en la vida y misión de las iglesias y de los creyentes. Sin embargo, un preocupante y creciente analfabetismo bíblico unido a una pérdida de memoria de lo que significa e implica ser evangélico, parece haberse instalado en buena parte de la comunidad evangélica.

¿Qué ha pasado? La palabra de Dios se ha vuelto prisionera de esquemas teológicos manufacturados por especialistas desconectados del pueblo de a pie y de las estrategias de crecimiento numérico que se presentan como nuevas revelaciones. La Sola Scriptura ya no es la autoridad suprema para todo asunto de doctrina y conducta. El pozo del que beben pastores y miembros son los manuales de autoayuda, los discursos motivacionales, las técnicas de mercadeo, la tecnología de punta, los principios administrativos contemporáneos, entre otras herramientas de factura humana que se presumen como necesarias para tener eficiencia y eficacia en la gestión pastoral.

Además, el evangelio se ha convertido en un producto más del mercado religioso contemporáneo y se abaratan las demandas del discipulado para lograr mayor rentabilidad bajo el esquema de costo-beneficio. La Sola Scriptura queda entonces a un lado, o en el mejor de los casos viene a ser un referente entre otros, sobre los cuales se sustenta la vida y la misión de las iglesias y creyentes. ¿Podemos seguir afirmando que somos herederos de la Reforma?

2. ¿Solo Christo?

En la polémica con el catolicismo romano, y a diferencia de éste, para los evangélicos la persona y la obra de Cristo era central en su afirmación de fe y la medula de su identidad en un contexto de catolicismo nominal, cultural y de estadística. Pero en este tiempo de ‘retorno a lo sagrado”, con un mercado religioso cada vez más diversificado, otros mediadores deambulan en sus lugares de culto presentándose como los “ungidos” de Dios para este tiempo, como los “apóstoles” en quienes se concentra la voluntad de Dios para la iglesia, o como los únicos voceros autorizados que controlan las acciones de Dios dentro y fuera de las iglesias.

Estos nuevos mediadores, mesías con pie de barro, exigen obediencia absoluta y actúan como autócratas con poderes ilimitados. Para estos mesías humanos, el evangelio es solamente un negocio muy rentable y bastante útil para alimentar sus cuentas bancarias y para sufragar el costo de su estilo de vida como “hijos del rey”, y los miembros de las iglesias “peones” a su servicio. Ellos han maniatado y secuestrado a Cristo, lo han encerrado en los templos, y solo lo sueltan en las horas de culto para que legitime sus creencias y sus prácticas ajenas y contrarias a la fe evangélica.

¿Solo Christo? Lamentablemente, un número cada vez mayor de iglesias, pastores y miembros de las iglesias evangélicas, tienen a Cristo como un lindo recuerdo, un amuleto religioso, un pretexto para enriquecerse o un instrumento de opresión religiosa y política. Cristo ya no es el centro del anuncio del evangelio, ya que lo que se trasmite actualmente no es necesariamente el evangelio del reino de Dios, sino un producto religioso adaptado al gusto del cliente ocasional y digerible para los operadores políticos del sistema, y lo que es peor, hipocresía disfrazada de piedad.

3. ¿Sola Gratia y Sola Fide?

Para los evangélicos que afirman la gracia cara y no la gracia barata, la salvación tuvo un altísimo costo, pero se ofrece gratuitamente a quienes por la fe en Cristo aceptan la llamada al seguimiento y las exigencias éticas del evangelio del reino. Pero en este tiempo, a la Sola Gratia se le ha puesto un precio y la Sola Fide ha sido reemplazada por ciertas “penitencias”. Este parece ser un piso común en un número creciente de iglesias evangélicas influenciadas por esquemas teológicos provenientes del mercado religioso carismático y neocarismático, vinculado a las megaiglesias e iglesias independientes.

Los Teztel de este tiempo, como aquel oscuro monje que vendía indulgencias en el siglo XVI, comercializan actualmente objetos sagrados como el agua del río Jordan o la rosa de Sarón, ofrecen prosperidad económica a quienes “siembren” dinero para sostener los ministerios de predicadores mediáticos, ofertan penitencias para crecer en la vida cristiana en “torres o montañas de oración” o en jornadas de ayuno de cuarenta días, y su lema favorito parece ser “tómalo-reclámalo”. Ya no se trata entonces de la Sola Gratia y de la Sola Fide. La gracia, según el esquema teológico carismático y neocarismático, cuesta dinero y depende de ciertas penitencias; y la fe no basta, porque se requiere comprar las indulgencias que se ofrecen a diversos precios y para todos los gustos.

4. ¿Sacerdocio de todos los creyentes?

Este principio cardinal de la Reforma que fue muy bien asimilado y aplicado por las iglesias pentecostales de diverso trasfondo histórico, paso a paso, fue dando lugar a burocracias eclesiásticas, personalidades carismáticas ungidas, apóstoles y profetas, predicadores mediáticos y expertos en el manejo de las masas. El pueblo de a pie se fue convirtiendo en espectador pasivo, masa de maniobra para fines electorales, dato estadístico manipulable según los intereses de los burócratas eclesiásticos o de los predicadores de masas, y botín de guerra para ser repartido entre los modernos encomenderos religiosos.

Difícilmente se puede afirmar que en todas las iglesias evangélicas que se consideran así mismas como herederas espirituales de la Reforma, el sacerdocio de todos los creyentes es enseñado, practicado y respetado. Es urgente recuperar este principio de la Reforma, particularmente, para que los miembros de las iglesias ya no sigan separando lo secular de lo espiritual y lo sagrado de lo profano. Para que entiendan que con sus vocaciones y profesiones seculares están llamados a dar Gloria a Dios, siendo buenos ciudadanos y excelentes profesionales, con su mirada puesta en el bien común de evangélicos y no evangélicos, y en la consolidación de una democracia de ciudadanos plenos.

Darío López Rodríguez, PhD

Autor: Dario Lopez



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