Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos (Efesios 5:15-16).

Si usted no ha leído el periódico de hoy, no se preocupe. Aunque quizás no sepa los detalles específicos de los acontecimientos del momento, usted sabe que el contenido general de las noticias es negativo. La primera plana de los diarios a nivel mundial, al igual que los noticieros de televisión y de radio, comunican la angustiante realidad: vivimos en tiempos malos.

El mundo está lleno de injusticias, fornicación, perversidad, avaricia, maldad, envidia, homicidios, contiendas, engaños, malignidades, murmuración, odio, injuria, soberbia, altivez, malicia, desobediencia a los padres, necedad, deslealtad, falta de afecto, falta de misericordia; y la lista continua . No sólo estamos rodeados de maldad, sino también de dolor y desconsuelo. Día a día percibimos que los días son malos.
Es por eso que el apóstol Pablo nos da el remedio para los malos tiempos. Su exhortación es clara y sencilla: ¡aprovechen bien el tiempo!

Para Pablo, desperdiciar el tiempo es necedad. Es lo peor que alguien puede hacer sabiendo que los días son malos. Es algo insensato y además, está en contra de la voluntad de Dios .
Ahora bien, todos hemos desperdiciado nuestro tiempo en algún momento y de algún modo. En muchas ocasiones yo me he sentado en frente del televisor, sin mirar un programa en particular, simplemente cambiando canales “para ver que están dando”.

Recuerdo una vez que me quedé despierto toda la noche para terminar un videojuego que había rentado (Qué curioso que no me recuerdo de la última vez que pasé toda la noche orando). Usted sabe de lo que estoy hablando. No se haga el “muy santo” porque usted también en alguna ocasión ha malgastado su tiempo.
Usted y yo sabemos cuáles son las cosas que nos distraen y nos hacen perder el tiempo; cosas que a la larga no nos edifican. El problema es que no tenemos el lujo de perder tiempo. El tiempo pasa y nunca regresa.

Redimiendo el Tiempo

Sin embargo, es la voluntad de Dios que aprovechemos el tiempo. La palabra “aprovechar” en Efesios 5:16 es la misma palabra griega que se traduce como “redimir” en pasajes como Gálatas 3:13, 4:5; y Colosenses 4:5. En muchas ocasiones he escuchado a personas decir que si pudieran devolverse en el tiempo harían cosas completamente diferentes. Si bien es cierto que el tiempo pasa y que es imposible regresar en él, Dios nos da una oportunidad de redimir el tiempo perdido. Esto quiere decir que por la gracia de Dios el tiempo que nos queda es suficiente para cumplir con el propósito por el cual fuimos creados. Quizás usted ha desperdiciado mucho tiempo. A lo mejor usted vino a conocer a Jesús en una edad avanzada y lamenta los años que vivió sin Dios. O de pronto usted es joven y siente que tiene una vida por delante. De igual modo, Dios nos está brindando una oportunidad de redimir el tiempo y aprovechar los días que nos quedan, para cumplir el propósito de Dios en nuestras vidas.

Pero ¿cómo se redime el tiempo? Creo que la respuesta está en los versículos subsecuentes: “…antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo” . La cura para los malos tiempos es evitar cualquier cosa que trae disolución, es decir el rompimiento de los lazos o vínculos que existen entre Dios y nosotros. Para poder evitar tal ruptura necesitamos llenarnos del Espíritu, y para llenarnos de Espíritu debemos hablar entre nosotros con salmos, con alabanza (himnos y cánticos espirituales) y con gratitud hacia Dios.

¡Qué concepto tan profundo! El hecho de que hablemos la palabra de Dios y expresemos alabanza a él en nuestras conversaciones los unos con los otros, permite que seamos llenos del Espíritu, lo cual, en retorno, nos da la habilidad de redimir el tiempo para cumplir el propósito por el cual fuimos creados.

¿Qué está esperando? ¡No pierda más el tiempo! El verdadero adorador incorpora la alabanza y la palabra de Dios en sus conversaciones, se llena del Espíritu Santo, y usa el tiempo que le queda para cumplir el plan de Dios en su vida. Esa es la cura contra los malos tiempos.

Luigi Peñaranda

Autor: Luigi Peñaranda

es un profesor de Indiana Wesleyan University, donde especializa en los estudios bíblicos y los estudios de liderazgo. Nació y creció en Bogotá, Colombia, pero avanzó su educación por venir a los Estados Unidos donde obtuvo su doctorado (ABD) en el liderazgo organizacional. En adición a sus esfuerzos académicos, se ha dedicado al ministerio. Fundó una iglesia en Radford, VA y ha fungido como pastor asistente en varias iglesias.



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