Toda iglesia desea que sus nuevos convertidos crezcan y maduren en su fe. ¿Pero, cuándo empieza este proceso y se deja de ser recién convertido? Aquí esta el epicentro de los conflictos en cuanto a programas de discipulado (suponiendo que toda iglesia tenga un programa al menos informal de discipulado). Añadido a esto para algunos cristianos la conversión inicia y termina con una experiencia momentánea e individualista (muy privada), en vez de interpretar tal experiencia solo como un inicio dentro de un proceso de crecimiento en la fe. ¿Existe acaso una fórmula para explicar la conversión? En algunos casos los evangélicos parecen estar de acuerdo en que la conversión es un proceso, pero su teología y su la práctica pastoral resalta la conversión como una experiencia momentánea e individualista.

En realidad la conversión es un doble proceso: (1) empieza por el adquirir la identidad de la comunidad de fe, y (2) continua hacia el adquirir la imagen de Cristo, donde el Espíritu Santo y el cuerpo de Cristo son quienes transforman la cosmovisión de la persona, de tal manera que las áreas afectivas y las dimensiones valorativas son impactadas junto con la dimensión cognoscitiva de la persona, según la voluntad de Dios. Ahora permítame ser otra vez enfático: en tiempos posmodernos la importancia de adquirir la identidad de la comunidad de fe solo tiene importancia para facilitar el segundo paso cual es la adquisición de la imagen de Cristo por parte del nuevo creyente.

Para muchos evangélicos si no hay una experiencia emocional con glossolalia, sanidad, y éxtasis, la conversión puede parecer no ser real. Otros enfatizan con mucha fuerza la conversión como una experiencia cognoscitiva de desarrollo a través de fases o adquisición de conocimiento, como si fuera una fórmula, aunque tal formula no se encuentra en las Escrituras. Si se supone que la conversión impacta la cosmovisión de la persona, entonces debe afectar las áreas afectivas y valorativas del recién convertido, no sólo el área cognoscitiva. Estas erróneas formas de reducir la comprensión de la conversión (como instantánea, personal, o cognoscitiva) son otros errores de las iglesias que ven la conversión como un proceso. Entonces estas iglesias mantendrían un buen discipulado para los nuevos convertidos. Así esta perspectiva de proceso ayudaría de manera integral a afectar todas las áreas de la cosmovisión del creyente, no sólo su área cognoscitiva. ¿Hay una manera alternativa de acercarse a una comprensión de la conversión de manera más holística? ¿Si la conversión es un proceso, cómo se explicaría?

Un entendiendo alternativo de la conversión sería verla como un proceso dónde la cosmovisión de las personas es totalmente afectada, adquiriendo así la identidad de Cristo (imago Dei). A través de este proceso de adquirir identidad, un proceso de re-socialización empieza donde los nuevos convertidos absorben el lenguaje, valores, historias, mitos, rituales, doctrinas, y otras creaciones simbólicas de la comunidad en la cual ellos participan. Si nosotros entendemos la conversión desde esta perspectiva la necesidad para la iglesia local de articular su misión y visión, así como comprometerse en el discipulado se vuelve un imperativo. Por consiguiente, las regulaciones legalistas no necesitan ser impuestas en los nuevos creyentes, y un programa de discipulado bajo una teología práctica puede tener lugar en las iglesias. Por consiguiente, la dependencia del Espíritu Santo, y la generación de comunidades hermenéuticas serían algunos de los productos.

Así tenemos que el Espíritu Santo empieza trabajando en el corazón del recién convertido, y un proceso de crecimiento empieza. Este proceso de crecimiento realmente es un tipo de re-socialización (o cualquiera de sus sinónimos: aculturación, naturalización, o enculturación). En esta re-socialización, el individuo, la pareja, o el grupo adquiere la identidad que la iglesia proporciona participando así en la transformación de su cosmovisión por el Espíritu Santo, quien actúa recíprocamente tanto dentro como fuera de la iglesia. Por esta razón, estoy proponiendo también un concepto de conversión en un contexto comunal, porque la conversión siempre tiene lugar dentro de la comunidad de creyentes que actúan como la agencia de Dios.

Además, la responsabilidad comunal de la iglesia en la conversión es más importante cuando entendemos que el Espíritu Santo quiere la iglesia (viendo la iglesia como una comunidad no simplemente como una organización humana) para reproducir la imagen de Dios en cada nuevo creyente. El trabajo del Espíritu Santo es de ser agente para la conversión que a su vez nos muestra que la misión es la misión de Dios (missio Dei) y no de la iglesia. Desgraciadamente, el evangélico a veces parece incapaz de reconciliar el imago Dei (la imagen de Dios) con el missio Dei (la misión de Dios) en su teología de la conversión.

Osías Segura

Autor: Osías Segura

Profesor adjunto en Fuller Theological Seminary



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