Este documento fue escrito en conjunto con Don Juan Stam

En medio del pánico pandémico que actualmente experimentamos, algunas personas presuponen que es Dios mismo quien causa estas tragedias. En tal perspectiva medieval, se imaginan a Dios soplando los volcanes para causar erupciones, meneando las placas tectónicas como dominós, u ocasionando epidemias como especie de sabotaje biológico. Entonces concluyen que con esos fenómenos Dios está castigando a la humanidad como prueba de la pronta venida de Cristo, y así anunciar el fin del mundo. En estas épocas de terror a las pestes no es sorpresa que los estadios, teatros, salas de cine y “malles” se encuentren vacios, mientras las iglesias tanto en su versión presencial como virtual (i.e., televisión, y radio) aumenten en asistencia, y así mejorar sus presupuestos. En estos tiempos de incertidumbre financiera, y de pestes “todos y todas prefieren encomendarse a Dios, y lavarse bien las manos.”¿Qué significa Apocalipsis y quién lo escribió? Apocalipsis significa “revelación”, algo que Dios le revela al autor en forma de visiones. Visiones de esperanza que tenían un significado claro para los receptores originales. Hoy nosotros, dos mil años después, buscamos las maneras de entender no solamente aquella cultura del pasado, sino también esta cultura del presente, en sus trasfondos políticos, sociales, y económicos, para comprender la aplicación del significado de esas visiones para la sociedad actual. En otras palabras este es un libro pastoral, no un tratado de teología esotérica como algunos popularmente lo interpretan; y puede ser un libro actual si lo contextualizamos correctamente.

El autor del Apocalipsis era un pastor escribiendo a los miembros de las siete congregaciones que atendía. Así, Juan les hablaba de los problemas que vivían estas congregaciones en un lenguaje que ellos podían entender, comunicando que en las buenas y en las malas deberían ser fieles. El autor escribe a sus contemporáneos que vivían bajo la constante amenaza del imperio romano, en la zozobra y angustia que esa situación creaba. Juan les escribe pastoralmente para levantarles el ánimo e infundirles valor, nunca para generar confusión o transmitirles mensajes misteriosos y deprimentes.

Lo simbólico y lo literal en el Apocalipsis. El libro bíblico favorito de predicación en estas épocas de temor es el Apocalipsis. Tristemente es un libro que popularmente genera mucho interés morboso. Sin embargo, lo interesante de este libro es que se compone mayormente de visiones, simbologías que hay que interpretar. De hecho, lo simbólico domina más que lo literal en el Apocalipsis. Se suele dar por sentado que las visiones de Juan siempre presagian sucesos que van a ocurrir literalmente en el futuro. Sin embargo, toda la literatura apocalíptica, incluso el Apocalipsis de Juan, suele ser altamente simbólica y pocas veces literal. Las visiones del Apocalipsis traen innumerables detalles que carecerían de sentido si se tomaran literalmente: Por ejemplo, ¡Cristo tiene pies de bronce y siete estrellas en su mano derecha (1:15-16) y vendrá a caballo (19:11)!  Además, en las visiones los verbos vienen casi siempre en tiempo pasado, del momento en que Juan había visto la visión. Si los predicadores prefieren convertir estos verbos pasados, a futuro, tal edición iría más allá del texto inspirado. Pero en algunas megaiglesias evangélicas el propósito de llevar los verbos a futuro es con fines de asustar a la gente, y sacarles sus billetes (aunque cabe recordar que la influenza puede permanecer activa hasta 10 días en papel moneda).

Epidemias y Pestes en el Apocalipsis. El único texto en Apocalipsis que habla de epidemias es 6:8 (y quizá 2:23 y 18:8, pero parecen referirse a la muerte como tal y no a pestilencias). La referencia a una “úlcera maligna y pestilente” en 16:2 (”una llaga maligna y repugnante”) tampoco sugiere una epidemia. La palabra “plaga” (plegue), derivado del verbo plêssô, “golpear”, nunca tiene el sentido específico de una epidemia, sino de “un golpe” de cualquier naturaleza. El prototipo son los diez “golpes” con los que Moisés “hirió la tierra” (cf. Apocalipsis 11:6), que tampoco eran epidemias.

Aunque las epidemias no pasan de ser un tema secundario en el Apocalipsis, este libro nos brinda un resonante mensaje de esperanza también para este momento de pandemia que vive el mundo. Lejos del terrorismo apocalíptico o de sensacionalismo del fin del mundo, Dios nos llama a hacerle frente a la vida y la muerte en el poder de la fe para ser fieles en toda circunstancia, tal y como fueron exhortados los receptores de la carta original. Una cosa si es definitiva, la pandemia de influenza porcina nos mueve a examinar nuestras vidas y buscar de lo divino. Pero, en estos tiempos de incertidumbre sí hay que tener cuidado con quienes nos asustan más con sacarnos el dinero que con un estornudo.

Osías Segura

Autor: Osías Segura

Profesor adjunto en Fuller Theological Seminary



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