Cuando Juan el Bautista vio a Jesús por primera vez, declaró: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Juan mismo reconoce que él no le conocía, sino que el Padre le reveló que aquel sobre el cual el Espíritu Santo descendiera y permaneciera, ese era el Cordero de Dios (Juan 1:29-34). ¡Qué revelación! Dios le da a conocer no sólo la identidad de Jesús sino su propósito redentor. Fue tan profunda y contundente la revelación de Juan que, al escucharla, dos de sus propios discípulos, entre ellos Andrés el hermano de Pedro, decidieron abandonar a Juan y seguir a Jesús (Juan 1:35-37).

Lo curioso es que después de un tiempo Juan el Bautista, estando en prisión, envió a sus discípulos a preguntarle a Jesús si él era el que estaban esperando o si debían esperar a otro (Mateo 11:2-3). ¿Qué si Jesús era el que iba a venir? ¿Acaso no se lo había revelado Dios? Juan estaba dudando. Quizás se preguntaba a sí mismo ¿qué clase de ministerio puedo tener estando tras las rejas? ¿Acaso no iba Jesús a establecer su reino en la tierra? Las dudas lo empezaron a azotar y con un gesto de incertidumbre Juan envío una delegación a Jesús para que lo sacaran de la duda.

Cómo me parezco yo al bautista. No en su fuego, o en su ministerio. No en su carisma o en su denuedo. No en su dieta o su forma de vestir. Más bien en su forma de dudar. En un momento estoy declarando que Jesús es el Cordero que me ha liberado y me ha dado la victoria. Al siguiente minuto estoy cuestionando si Dios me va sacar de los problemas en los que estoy metido. ¡Qué contradicción!

Usted y yo lo hacemos constantemente. El domingo adoramos y el lunes dudamos. ¿Cuántas veces le echamos el agua sucia a Tomás, el discípulo, por haber dudado? A veces lo juzgamos como el discípulo incrédulo o falto de fe. Pero antes de que usted y yo arrojemos la primera piedra, que no se nos olvide Juan el Bautista. Él también dudó. Ahora bien, tengamos cuidado  porque Juan no era un tipo cualquiera. En cierto sentido él no era tan sólo otro discípulo. Él era nada más ni nada menos que “la voz que clama en el desierto diciendo preparad el camino del Señor”. Jesús dijo que él era el Elías que había de venir (Mateo 17:11-13). Y sin embargo este gran precursor del Mesías dudó.

Lo más sorprendente de todo es que Jesús no lo reprendió por su incredulidad. Jesús no lo usó como ejemplo de alguien sin fe. Jesús no desacreditó el ministerio de Juan como muchos pastores andan desacreditando los ministerios de otros. Jesús sencillamente dijo que le dijeran a Juan lo que veían y lo que oían. “Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio” (Mateo 11:5). No sólo eso sino que Jesús afirmó que entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista (Mateo 11:11). ¡Puede creerlo! En vez de darle duro, Jesús lo elogió. En vez de humillarlo, Jesús lo exaltó. En vez de usarlo como ejemplo de incredulidad, Jesús confirmó que no ha habido profeta como Juan.

¡Qué alivio es saber que hay un lugar para los que dudan a la mesa del Señor! Yo sé que hay hombres de gran fe. Pero muchas veces yo me siento más como el bautista, atrapado en la cárcel de las dudas. Quizás mis dudas me hagan ser uno de los más pequeños comparado con aquellos hombres de gran fe. Pero recuerde que el más pequeño en el reino de cielos es aún mayor que Juan el Bautista (Mateo 11:11).

Si usted está dudando no tenga temor. Si usted siente que su fe esta titubeando, tranquilícese por un momento. Si usted ha sido un cristiano fervoroso pero hoy se encuentra en la cuerda floja de la duda, bienvenido al club. Dele gloria al Cordero. Oiga y vea lo que Jesús continúa haciendo en medio de nosotros. Continúe obedeciendo a Dios aun en medio de sus dudas. La realidad es que en esta vida de incertidumbres nuestra cabeza puede terminar sobre un plato, pero a los ojos de Dios podemos hallar grandeza única y exclusivamente por medio del Cordero. Así que ¡démosle gloria!

Luigi Peñaranda

Autor: Luigi Peñaranda

es un profesor de Indiana Wesleyan University, donde especializa en los estudios bíblicos y los estudios de liderazgo. Nació y creció en Bogotá, Colombia, pero avanzó su educación por venir a los Estados Unidos donde obtuvo su doctorado (ABD) en el liderazgo organizacional. En adición a sus esfuerzos académicos, se ha dedicado al ministerio. Fundó una iglesia en Radford, VA y ha fungido como pastor asistente en varias iglesias.



No te lo pierdas

Recibe lo último en noticias, contenido, y más de Ayuda pastoral —¡inscríbete hoy!