Evangelismo es el mensaje del Reino. Los evangelios nos hablan de las buenas nuevas de un Reino que se ha acercado, un Rey que se ha manifestado y vino a reclamar todas las cosas para sí. El maligno desde entonces retrocede y se alimenta de toda expresión de pecado para hacer de las suyas peleando fuerte. Pero el día que ese Rey regrese tomará todo aquello que vino a reclamar. Mientras tanto la iglesia continúa clamando dicho mensaje de un Reino de reconciliación. Un mensaje que clama de todas las cosas, todo grupo étnico, toda persona puede tener paz y gozar en comunidad de las señales del Reino, disfrutando del shalom que solo Dios ofrece cuando Su pueblo se somete a Su señorío.

Al evangelizar la iglesia lo hace de palabra y de hecho, demostrando el poderío de su Rey. Pero el propósito final de la evangelización es el discipulado. Así cierra Mateo su evangelio: hay que ir a discipular. Algunos confunden este mensaje esperando que el mundo venga a la iglesia y escuche el mensaje. Pero de nada vale evangelizar si la iglesia no esta preparada para compartir la disciplina que implica adquirir la imagen de Cristo en cada creyente. Ahora, una manera muy interesante como Jesús compartió las buenas noticias de Su reino fue a través de la hospitalidad y del dialogo. En este escrito deseo presentar la hospitalidad como un ambiente en el que el dialogo permite presentar el evangelio. Un dialogo que se alimenta del compañerismo y busca que ambas partes se escuchen mutuamente para ir más allá de la empatía hasta la convicción de pecados.Hospitalidad

“La Palabra se hizo carne” nos dice Juan el apóstol al inicio de su evangelio. Eso no significa que “la Carne se hizo palabra” (Juan 1). Por tanto reducir el evangelismo a la proclamación es un error teológico gravísimo. El misterio de la encarnación se trata de un Dios que vino a morar en medio de nosotros, desde que fue niño hasta su vida adulta. Por tanto, Jesús adquirió una cultura y un acento peculiar. Un estilo de caminar, de comer, de beber, adquirió (aunque no los reprodujo) los prejuicios y chistes hacia otras culturas. Fue no solamente 100% Dios sino también 100% humano. Humano como usted y yo, aunque sin pecado.

En ese contexto cultural mediterráneo en que Jesús creció la hospitalidad era una virtud con implicaciones espirituales. El compartir el hogar y la mesa con extraños era un deber. Interesante contraste notamos con el nacimiento de Cristo, donde los evangelios sinopticos nos narran de una ausencia de hospitalidad. Según Lucas en su evangelio, Cristo tuvo que nacer en una cueva sucia y llena de animales. El Rey desde un inicio fue rechazado, los reinos de la tierra lo persiguieron (e.g., Herodes), y solo los pobres pastores, y paganos gentiles representados en los Reyes Magos le dieron la bienvenida. Sin embargo, la virtud de la hospitalidad siempre fue un valor cultural para Jesús. Por tanto, el evangelio del Reino invita, principalmente a los más rechazados en la sociedad, al dialogo.

Cada vez que brindamos hospitalidad intentamos entrar en compañerismo con aquellos a quienes hemos invitado. Por ejemplo, aun hoy los musulmanes, como también creían en las tradiciones antiguas Judías y cristianas, el dar la bienvenida a extraños implicaba la posibilidad de dar la bienvenida a ángeles. Así como lo sucedió a Abraham, quien dio la bienvenida y los ángeles le bendijeron. De la misma manera la iglesia debe ser hospitalaria, como lo fue Cristo, quien no solo proclamó sino también compartió la mesa con todo tipo de personas. Por alguna razón los fariseos le llamaron glotón, amigo de prostitutas y publicanos. Jesús no perdía el tiempo para demostrar que toda persona podía ser bienvenida a su Reino para convertirse allí en nuevas criaturas en medio de una nueva humanidad. Por ende, cada vez que la iglesia en hecho da la bienvenida a extraños, muestra la virtud del mensaje del Reino: todos, todo, y todas son bienvenidas.

Veamos varios ejemplos de la virtud de la hospitalidad en las Escrituras. En 1 Juan 1:1-4, especialmente en el verso 3 nos dice que “lo que hemos visto y oído lo anunciamos también a vosotros, para que vosotros también tengáis comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo”. Pablo en Romanos 15:7 menciona que “Por tanto, recibíos unos a otros como Cristo os recibió para la gloria de Dios”. Y Cristo mismo explico su propósito de proclamar el evangelio en un contexto de hospitalidad cuando Lucas (15:1-3) nos dice “Se acercaban a él todos los publicanos y pecadores para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: —Este recibe a los pecadores y come con ellos. Entonces él les refirió esta parábola” contándoles la parábola de la oveja perdida entre otras. Cristo mismo les explica que la razón por la cual tiene compañerismo en la mesa con pecadores es porque Dios mismo ha venido a salvar lo que se había perdido. Pero estos y estas están tan perdidas que necesitan pertenecer primero antes de creer, experimentar el Reino y sus valores, antes de creer en el. ¿Cuántas de nuestras iglesias están dispuestas a abrir espacio para dar la bienvenida a los perdidos y perdidas en el mundo (e.g., prostitutas, travestís, drogadictos, vendedores de drogas, políticos corruptos, entre otros) permitiéndoles asistir, participar, y  experimentar la bienvenida a la mesa de los creyentes, antes de antes de que crean en Cristo completamente?

El evangelismo debe ser practicado en el contexto de la mesa de bienvenida (una bienvenida muy intima, que va más allá de simples palabras) que muestra sea una señal del Reino, donde la aceptación, la inclusión, y la igualdad se conviertan en valores de la comunidad del Rey, como señal y agente del Reino: la iglesia. Para esto se requiere que la iglesia este dispuesta a trascender todo tipo de barreras étnicas, sociales, políticas, transculturales, y hasta de genero. El dar la bienvenida al extranjero, al marginado y al explotado, aquellos y aquellas rechazados por el mundo; una bienvenida que hasta incluya ropa, alimento, techo, asistencia social, y desarrollo, y se convierta así en una actividad misional de evangelismo integral. Una bienvenida especial, que va más allá de palabras. Una bienvenida que proclama las buenas nuevas del Reino.

La iglesia existe para la misión de Dios al mundo. Para ello se requiere de una comunidad, no simplemente una iglesia llena de extraños entre sí, cuya vida refleje una diferencia del mundo y sus valores que van contra el Reino. Por ende, el evangelismo es también un mensaje que se expresa en hechos en un contexto de comunidad. Sin embargo, hospitalidad requiere de organización comunal, personas a la mesa que salen a invitar a otros a sentarse y comer con extraños y con la misma Trinidad. El Reino es para todos, y todo tipo de personas: Pero, ¿A quiénes estamos invitando o excluyendo nosotros?

Osías Segura

Autor: Osías Segura

Profesor adjunto en Fuller Theological Seminary



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