Pocas veces la información de los noticieros me levanta el ánimo, al contrario, con frecuencia termino con un malestar por tanta tragedia. Pero hace poco un reportaje me sorprendió. Resulta que el presentador informó de una niña mexicana de ocho años que aprendió a leer desde los cinco. Y que en tres años la pequeña ha leído ¡más de 80 libros! Es un caso de Ripley para quienes vivimos en México.

Y es que no hay que ser muy místico para saber que al mexicano no se le da la lectura. Y eso que se han hecho esfuerzos por impulsarla: ferias, talleres, congresos, círculos de lectores, bibliotecas en iglesias, institutos bíblicos, vaya, hasta ventas nocturnas. Nuestro gobierno ha invertido, pero los resultados no son a favor, la conclusión es que al mexicano (99.99%) no le gusta leer. Solo basta el resultado de una estadística de la UNESCO, en su estudio Hábitos de lectura donde ubica a México en el sitial 107 en una lista de 108 países.

¡Sí que tenemos tarea los evangélicos! No creo que estemos exentos de dicha estadística. Por esa razón, es importante asumir (todos los actores involucrados) la responsabilidad y de frente preguntarnos si en las iglesias nos educan para ser lectores.

Sin desánimo ante el cuadro anterior, quiero presentar algunas observaciones que podrán ser útiles para fomentar la lectura.

1. La lectura comienza desde casa

El hogar debe ser un semillero de lectores. Requiere disciplina como padres, pero la utilidad total será para sus vástagos. La Escritura declara: Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien (Jos.1:8). Comience leyendo la Escritura en casa y comparta su experiencia con ellos. Asista a alguna biblioteca pública, si no sabe donde queda, seguro alguien le podrá informar.

El seno familiar es el punto de partida para fomentar la lectura. Le recomiendo que quite el reloj de pared de su casa y coloque un anuncio que diga: La lectura comienza en casa.

2. La lectura se refuerza desde el púlpito

Con frecuencia en algunas congregaciones la lectura se circunscribe a lo que leemos en la clase o sermón dominical. Y fuera de ese día, a menos que nos toque predicar u enseñar, nos ponemos a leer. Es una pena desaprovechar el púlpito para promover la lectura de un buen libro. La consecuencia de no fomentar el hábito de leer se refleja: Sabemos mucho y comprendemos poco; memorizamos y no racionalizamos.

El líder desde el púlpito se convierte en un detonador importante para la lectura. Cuando se promueve de esta forma, se refleja en la salud de la iglesia.

3. La lectura se sostiene por relación y cohesión

Ningún creyente serio puede presumir una relación con el Creador sin leer sistemáticamente la Escritura. La lectura de la Palabra es una consecuencia de la misma comunión. Para conocer íntimamente a Dios hay que orar para hablarle, pero hay que leer para escucharlo.

Por otro lado, las editoriales cristianas deben considerar estrategias singulares para México y hacer conexión con el potencial lector. El consumo evangélico es complejo, pero valdría la pena explorar otras alternativas, por ejemplo, en cierta ocasión presente una serie de libros en una reunión de pastores; el autor de los mismos coincidimos en que sería interesante que los presentará, pero no había finanzas para su viaje, por lo que nos conectamos en skipe, un tipo de chat por internet y funcionó. En el proyector los pastores vieron al autor, lo escucharon, interactuaron y yo vendí bastantes libros. ¿Qué le parece?

El hábito de lectura en nuestras iglesias puede aumentar, en poco o mayor medida, de acuerdo a la cohesión que podamos hacer entre las editoriales domésticas o extranjeras, y entre líderes y creyentes con una estrecha relación con Dios.

Conclusión

La panacea a la lectura en México no es sólo responsabilidad del gobierno, sino principalmente de los padres que mantienen un plan sistemático promovido desde nuestras congregaciones.
Difundamos la lectura apasionadamente. Comencemos desde casa. Analicemos nuestros sermones desde el púlpito. Invitemos a las editoriales cristianas a nuestros eventos.

¿No tiene motivación para promover la lectura? Recuerde dos cosas: 1) una vida plena en Cristo se sostiene por medio de la Palabra; 2) La clave de un avivamiento radica en lo que la Escritura provoca dentro de nosotros.

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Autor: Carlos De León Cárdenas



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