Una y otra vez, la razón principal por la cual no cristianos mencionan no querer ser cristianos es: “No quiero hacerme como esa gente evangélica”. Lastimosamente estos no cristianos no han tenido el placer de conocer aquellos creyentes que aman a su prójimo, se sacrifican por el bienestar de su comunidad, y aman a Dios profundamente.  Pero imaginemos a un no creyente que visite alguna de nuestras iglesias, en forma muy general diría que encontraría lo siguiente:

  • No encontraría estacionamiento, ni asientos asignados para invitados.
  • La ansiedad de visitar un lugar desconocido aumentaría al ver que la iglesia no tiene tampoco señales para dirigir a las personas a diferentes lugares. ¿Dónde debo llevar a mis niños? ¿Dónde están los baños? ¡Necesito cambiar al bebe! ¿Dónde es que tienen el culto?
  • Muy posiblemente nadie le salude con el propósito de darle la bienvenida de manera transparente. Por ende, nadie le dará seguimiento a esa visita. En una iglesia grande será ignorado, y en una iglesia pequeña muchos se le quedarían viendo como mono de zoológico.
  • Luego vendría el tratar de entender el lenguaje extranjero. “La Palabra,” “la unción,” “las dádivas,” “el Espíritu,” “la siembra,” “bendecido y prosperado,” entre otras palabras que no son de uso diario. Se necesita un diccionario para entender lo que se dice allá adentro.
  • Luego vienen las largas horas de cantos y oraciones, de pie, mientras algunos en movimientos ondulantes caen en trance, y tal vez algunos caigan en el espíritu y hagan sonidos de animales. Para terminar escuchando a un predicador gritando, mientras suda profusamente, y tal vez pida dinero a cambio de milagros.

El problema con nuestras congregaciones es que requerimos a aquellos que nos visitan que sean como nosotros. La barrera para que no creyentes vengan a Cristo, no es teológica ni religiosa, sino social o cultural. ¡Queremos que aquellos que nos visiten se comporten como nosotros! Ese es el problema del evangélico en América Latina: hemos envuelto el pan de vida en una bolsa plástica. Es decir, el evangelio que sobrepasa toda cultura (el pan), lo hemos envuelto en una cultura evangélica (el plástico). Lo que enferma al no creyente no es el digerir el  “pan de vida” sino la “bolsa plástica”. Es la cultura evangélica lo que esta intoxicando a nuestros amigos al considerar el evangelio. Pero, ¿Cómo saber la diferencia?

La cultura en la sociedad alrededor de la iglesia ha cambiado, pero la cultura dentro de la iglesia tal vez no haya cambiado en décadas. En algunas iglesias el estilo de evangelización, el estilo del culto, el estilo de escuela dominical, entre otras, son formas que no han cambiado en años, pero se siguen practicando. “Así fue como llegamos al Señor, por tanto así seguiremos predicando el evangelio” me han dicho algunos pastores; pero no han tenido un nuevo convertido de un contexto no creyente en los últimos 10 años. Este es un caso de “iglesia para solo creyentes”. El “hacer iglesia” se convierte en un estorbo para que no creyentes encuentren a Cristo. La iglesia debe buscar la manera de “ser iglesia” reconociendo que fue llamada para ser sal y luz en el mundo. Veamos a continuación algunos principios para evitar “hacer iglesia” y empezar a “ser iglesia” para proyectarnos a los no creyentes.

Los creyentes entre más tiempo de ser creyentes tienen menos amigos no creyentes. La oportunidad de influenciar no creyentes disminuye con los años de estar en la iglesia. La solución: invitar a creyentes a ser amigos de no creyentes. Pero esos creyentes necesitan aprender a escuchar, y escuchar, sin juzgar moralmente el lenguaje y la vida de esos nuevos amigos, sino aceptarlos como son. Desarrollar una amistad requiere tiempo, y confianza. Así que se necesita un ministerio evangelístico en dos etapas:

(1) Desarrollar una genuina amistad con no creyentes. “Genuina amistad” significa que queremos invertir tiempo y esfuerzo en una amistad sin ataduras de traerlos a la iglesia en poco tiempo. Aunque el propósito sea de traerlos a la iglesia, la clave es traerlos a Cristo primero por medio de nuestro ejemplo y testimonio verbal. Pero en muchos casos para que nuestro testimonio verbal sea escuchado atentamente, se requiere de confianza y tiempo. El dictarle un testimonio verbal, o las 4 leyes espirituales, a un no creyente no tiene poderes mágicos. Es mejor que el nuevo amigo nos dé la oportunidad en el momento correcto.

Una vez que la persona no creyente empiece a apreciar nuestra fe, y pasión por Dios, eso no significa que quiera hacerse como nosotros. Las personas, y familias, tienden a buscan de Dios (y los nominales regresan a la iglesia) cuando enfrentan crisis en su vida personal. Por ejemplo, crisis de divorcio, muerte de un ser cercano, nuevo matrimonio, nuevos hijos, pérdida del empleo, pasarse a vivir a un nuevo barrio, problemas serios de salud, problemas económicos, etc. La clave está en desarrollar una amistad honesta y respetuosa con personas que atraviesan esas crisis. Así la presencia del cuerpo de Cristo puede presentar el amor Cristo en tiempos de quebranto.

(2) Una vez que se ha desarrollado una amistad con no creyentes, es necesario presentarles a nuestros amigos creyentes. ¡Grupos pequeños orientados a no creyentes es la clave! Es cierto que los creyentes necesitan sus grupos, pero ambos grupos deben tener una orientación diferente. El problema es que muchos de nuestros grupos pequeños están orientados a satisfacer las necesidades de los creyentes. Nuevamente, debemos evitar que “el pan de vida” en estos grupos pequeños este envuelto en “el plástico” de nuestro cultura evangélica. Los no creyentes requieren de un ministerio aparte, y no todos son aptos para este ministerio.

Debemos desarrollar ministerios que atiendan a las necesidades de los no creyentes. Las personas más adecuadas para estos ministerios son los recién convertidos que pueden tener más amigos y familiares no creyentes que cualquier otra persona en la iglesia. Por supuesto, como cualquier otra persona para ser apta para el ministerio necesita entrenamiento, supervisión, y cuidado pastoral. Esto es importante pues los no creyentes vienen a Cristo con un bagaje de cargas, y adicciones. Aun más el hecho que hayan aceptado a Cristo, no significa que automáticamente tales cargas desaparezcan. Toda atadura es espiritual, pero no todas desaparecen inmediatamente.  La conversión es un proceso, y nuestras iglesias necesitan proveer ese acompañamiento para liberar a estas personas de sus cargas.

Hace unos setenta años el pastor Samuel Shoemaker, pastor de la Iglesia Episcopal Calvario en la ciudad de Nueva York, ayudo a dos de sus nuevos convertidos a sacar principios del Sermón del Monte, de la epístola de Santiago, entre otros, para ayudarles a expresar una serie de pasos para explicar sus experiencias de sanidad. El resultado de ese trabajo teológico es lo que hoy se conocen como los 12 Pasos:

  1. Admitimos que nos sentíamos impotentes ante la adicción al sexo, o al alcohol, o a los juegos de azar, o a las drogas legales o ilegales, o a las relaciones codependientes, y que habíamos perdido el control de nuestras vidas. (Romanos.7:18)
  2. Llegamos a la conclusión de que un Poder Superior a nosotros mismos podía devolvernos al sano juicio. (Filemón 2:13)
  3. Decidimos poner nuestra voluntad y nuestras vidas en manos de Dios o nuestro Poder Superior, tal como cada uno de nosotros lo concibe. (Romanos 12:1)
  4. Hicimos una búsqueda y un minucioso inventario moral de nosotros mismos sin miedo. (Lamentaciones 3:40)
  5. Admitimos ante Dios, ante nosotros mismos y ante otro ser humano, la naturaleza exacta de nuestros errores. (Santiago 5:16)
  6. Estuvimos enteramente dispuestos a dejar que Dios nos liberase de nuestros defectos. (Santiago 4:10)
  7. Humildemente le pedimos a nuestro Poder Superior que nos liberase de nuestros defectos. (1 Juan 1:9)
  8. Hicimos una lista de todas aquellas personas a quienes habíamos herido y estuvimos dispuestos a reparar el daño que les habíamos causado. (Lucas 6:31)
  9. Reparamos directamente el daño causado a los demás, siempre que nos fue posible, excepto cuando el hacerlo implicaba perjuicio para ellos o para otras personas. (Mateo 5:23-24)
  10. Continuamos haciendo un inventario personal y cuando nos equivocamos, lo admitimos inmediatamente. (1 Corintios 10:12)
  11. Buscamos a través de la oración y la meditación mejorar nuestra relación con Dios, tal como nosotros lo concebimos, pidiéndole solamente que nos dejase conocer su voluntad para con nosotros y nos diese la fortaleza para cumplirla. (Colosenses 3:16)
  12. Al lograr un despertar espiritual como resultado de estos pasos, tratamos de llevar el mensaje a otros adictos al sexo, a las drogas, a los juegos de azar, al alcohol, y a las relaciones codependientes, y de practicar estos principios en todas las áreas de nuestra vida. (Gálatas 6:1)

Lo único que separa a un creyente de un no creyente es la gracia de Dios. No permitamos que nuestra cultura evangélica se convierta en un obstáculo para que otros reciban esa gracia.

Osías Segura

Autor: Osías Segura

Profesor adjunto en Fuller Theological Seminary



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