Existen dos extremos que debemos evitar a la hora de comprender a Dios. El primer extremo es comprender a Dios como UNO, un ser, donde la trinidad pierde su perspectiva. El segundo extremo es comprender a Dios como tres personas separadas, sin unidad entre sí. Si somos cuidadosos buscaríamos un balance comprendiendo a Dios como tres personas mutuamente sumisas a sí mismas en su voluntad, generando una comunidad. El Padre, Hijo, y Espíritu Santo son tres seres completamente diferentes, y su común unidad los hace un Dios; todo un misterio. Es decir el Padre no esta por encima del Hijo, ni el Hijo por encima del Espíritu Santo. Los tres están al mismo nivel, no siendo ninguno más importante ni con más autoridad que el otro.  Mucho se puede hablar de la Trinidad, pero debemos saber que para nosotros los humanos la Trinidad es un misterio. Es decir, mucho se puede hablar del Dios trino pero hay mucho que no conocemos en nuestras mentes finitas. Por tanto, debemos reconocer nuestras limitaciones. Por el momento, Dios nos ha revelado lo que necesitamos saber, y algún día se nos será revelado más cosas.

Lo que quiero resaltar es que Dios, como Dios trino, nos sirve de ejemplo de comunidad. Esta es la razón que nuestra comunidad (i.e., la iglesia) debe reflejar a Dios de la misma manera. Debemos reconocer que esta perspectiva es subversiva para muchas iglesias bajo un liderazgo autoritario. El modelo trinitario nos muestra que nadie está por encima de nadie, todos se someten mutuamente en amor a Dios y Su voluntad. Las estructuras deben servirnos para mutuo discernimiento, pues la única cabeza es Dios (e.g., no ningun ungido). ¡Ahora, no me mal entiendan! Dios ha puesto en posiciones de autoridad a nuestros líderes y pastores. Pero recordemos que ellos existen para servir al todo, no para servirse ni vanagloriarse a sí mismos. Estos pueden concibir a Dios como uno, el Padre, e imitan tal ejemplo de poder en autoritarismo, cuando en realidad deberían ver a Dios como nuestro ejemplo máximo de común unidad.  Pues tal perfecta comunidad nos hace uno. Jesucristo en Juan 15 nos llama a ser uno, entre nosotros, como él y su Padre son uno, dando ejemplo al mundo disperso y dividido, que en Dios hay unidad a pesar de la diversidad étnica, y social en el mundo.

Así en comunidad se expresó el amor de Dios: enviando a su Hijo para tener paz con nosotros. Dios mismo en Cristo se presentó en sacrificio para que pudiéramos reconciliarnos entre sí y con Dios. Esto es importante para reflexionar: en esta era cristiana, donde experimentamos los últimos tiempos, Dios nos llama a expresar SU amor, no el nuestro, al mundo. Debemos imitar a Dios en SU versión de unidad. Un Dios que en comunidad nos enseña el cómo vivir en unidad común.

Al hablar de amistad hablamos de ESE amor de Dios que se vive en comunidad. Es decir, los cristianos debemos organizarnos en grupos de muchos tamaños con algo en común que nos brinda unidad: cual es el amor de Dios. El problema esta en que nuestras iglesias se han centrado en generar cultos masivos tipo show, en vez de preocuparse que su gente genere común unidad entre sí. No hablo en contra de los cultos masivos, sino hablo a favor de un balance. No somos llamados a hacer iglesia, sino a ser iglesia. El énfasis debe estar en una unidad en común donde el amor de Dios es testimonio al mundo en palabra y en hechos de que Dios ama al mundo. Un mundo donde hay separación y dolor, división y falta de reconciliación: Dios es la solución, y su iglesia debe ser ejemplo de ello como señal y agente del Reino.

Debemos ser sinceros: ¡No somos el perfecto ejemplo de Dios en común unidad! Pero si ese fuera nuestro ideal y motivo para estar juntos, aun así el mundo vería la realidad de cómo nosotros salidos de situaciones de quebranto, dolor, soledad, y hasta odio, y hemos encontrado un lugar donde Dios es exaltado, y tales situaciones son sanadas y perdonadas. Es decir, el mundo podrá encontrar esperanza en un grupo de personas que con un poder fuera de este mundo, se aman entre sí de una manera extraordinaria, y aman al mundo como Dios ama a su mundo. ¡Allí esta el testimonio cristiano!  Por tanto, Dios debe ser el centro, modelo, y ejemplo para nosotros de como vivir en común unidad, según su amor. Esa es la razón de ser iglesia, para imitar a Dios y no para hacer cultos. Si esto es así, qué estamos esperando para seguir construyendo entre nosotros ese amor de Dios que brinda una unidad y una amistad fuera de este mundo, para que el mundo crea que Dios es amor, y que esta al alcance de todos y todas.

Osías Segura

Autor: Osías Segura

Profesor adjunto en Fuller Theological Seminary



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